OPINIÓN

Claustrofobia, agobio y reacciones

Uruguay es un país atestado de acuerdos implícitos y contratos no escritos, que convalidan el statu-quo e imponen condicionamientos a los designios de corporativismos hegemónicos, que vetan los cambios a casi todos los temas que importan.

Para algunos de los manifestantes deben intensificarse las acciones de protesta. Foto: F. Ponzetto
Foto: F. Ponzetto

Las consecuencias son resultados negativos en Educación, Seguridad, Economía, Integración, sumado a hechos de corrupción y mala gestión, que afligen a quien no tienen la posibilidad de negociar o compensar los efectos negativos resultantes.

Audacia para cambiar.

En 1980 eran tiempos de auge en lo económico pero una fuerza vital surgió de las convicciones y nos dio la oportunidad histórica de coincidir en épicos reclamos en "El Obelisco", estábamos hartos de autoritarismo. La tablita, al tiempo, agregó otras demandas.

Recuperamos libertades, se renovó la estructura productiva con un marco normativo que promovió la iniciativa privada y se generaron emprendimientos que jugaron un papel clave y se recuperó cierto equilibrio distributivo y la inclusión social. Hoy se dice que falta coraje para hacer cambios de fondo, quizás porque no nos hemos enfrentado aun a una situación tan crítica que nos condicione a la acción.

Superamos dos crisis fatales, en las que nos faltó impulso para promover más transformaciones estructurales. La norma fue reacción y gradualismo. En los últimos años las políticas de ingreso y gasto que promovió mayor inclusión social fueron algo distinto. Mal que nos pese es difícil esperar de nuestra sociedad tan trabada, soluciones heroicas.

Movilizaciones.

Movilizaciones no promovidas por corporaciones son hechos aislados, interesantes de observar. Un ejemplo los cincuentones, la otra, la de los productores. La primera mostró problemas de visión, de gestión y ciertas inequidades.

La segunda dio lugar a la interpelación de ciertas políticas macro. Se plantea la interesante discusión de, hasta qué punto las políticas públicas, incluido la inserción internacional y los marcos regulatorios que tenemos, son una respuesta adecuada a la situación actual.

Bartesaghi habla de altos costos de producción, incluidos combustibles, tarifas y tasas y cuestiona los beneficios que obtienen los productores en el marco de los acuerdos comerciales (1). Ejemplos: Chile exporta vino a la UE por U$S 600 millones pagando 0 de arancel, Uruguay exporta infinitamente menos y paga 7%. Mientras que para USA, China y Corea, Chile no paga arancel, Uruguay paga 4-15%. Suma a ésta lista, lácteos, carne, cítricos, pescados y otros. A los costos de importación se agregan trabas para-arancelarias (sanitarias, fitosanitarias, certificaciones), que superan largamente los costos arancelarios y que en el marco de un TLC son mucho más accesibles.

Dólar objeto.

Hay cierta contradicción en el planteo que dólar vale lo que vale y sigue la evolución del resto del mundo, ¿resultado? el BCU interviene para que no baje (2). Si se razona por el absurdo y combinan ambos argumentos se dejaría que el dólar baje a lo que dicen los "fundamentos", la gestión del BCU sería eficiente, ya que no comprometería tantos recursos, que no le sobran, en comprar divisas que "no necesita".

Pero el problema es real, el BCU constata que baja el dólar, sale a comprar, lanza al mercado su equivalente en pesos, y debido a su política antiinflacionaria, tiene que estar persuadido que la cantidad que emite no van a afectar la plaza, generando un aumento de precios, entonces compensa la escasez de pesos previa, en la que a su vez incide. Ejemplo, si alcanzara los $26, los problemas que generaría a varios sectores haría que el BCU tuviera que ir en su rescate, generando desconfianza, que luego podría ser difícil de revertir.

¿Qué hay detrás del comparativo del dólar a nivel mundial? estamos en los niveles relativos pre-crisis 2002 y antes del despegue post crisis (ie: con la región, Brasil, Alemania). Con Brasil, a pesar de la importancia como valor de referencia, no se logró una recuperación sustantiva desde 2001, sin embargo con Alemania si se habían logrado niveles superiores (50-100%) a los actuales. Con China también se observan niveles similares a la pre-crisis, pero, a diferencia del resto la evolución fue más pareja(3). De hecho si el tipo de cambio real se hubiera comportado como con China tendríamos menos problemas.

Voracidad.

De los elementos que más enoja a la opinión pública es la voracidad fiscal, divide las posiciones entre poder y llano. Los ingresos fiscales aumentaron 6% real, siendo determinante el ajuste fiscal que se aplicó sobre el IRPF. La recaudación del IRPF aumentó un 28% en 2017 (la mayor parte rentas del trabajo), IASS un 21%. En el fondo el problema no es tanto el gasto (excepto su impacto y asignación), de hecho genera mayor empatía con muchos sectores de la opinión pública(4).

Si hay desequilibrios, pero generan la oportunidad de discutir la solidez de ciertas premisas sobre costos internos, competitividad, carga tributaria, papel de empresas públicas e inserción internacional. De hecho hay temas que no han tenido la solución que esperábamos y al Gobierno le valdría la pena darse la oportunidad de salirse de la lógica de mayorías parlamentarias (poco le está rindiendo en este tercer período) y rever ciertos aspectos de las políticas, que si se pueden corregir, atendiendo a los grupos de ciudadanos más afligidos, aunque no los hayan votado.

(1) Ver entrevista a Dr. Bartesaghi, El Observador, 19ene18,

(2) El verano genera una situación atípica

(3) Esta circunstancia podría ser consistente con el hecho de China haberse constituido en el principal mercado de exportación.

(4) El incremento de funcionarios es distintos por las suspicacias que despierta.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)