ENTREVISTA

Claudio Sapelli: parte de la población chilena "se siente, con razón, injustamente tratada"

"Debo reconocer que subestimé el problema que para la sociedad chilena representa la desigualdad en el trato", dijo el economista uruguayo residente en Chile.

Claudio Sapelli, economista uruguayo residente en Chile. foto: El País
Claudio Sapelli, economista uruguayo residente en Chile. foto: El País

Chile está encaminado hacia un nivel de Gini (Coeficiente que mide la desigualdad) “nivel OCDE”, dice el economista uruguayo Claudio Sapelli, doctorado en Chicago y docente e investigador en el Instituto de Economía de la Universidad Católica de Chile. Su trabajo sobre la reducción de la desigualdad en Chile presentado a principios de esta década —una línea de investigación sobre la que trabaja hace veinte años— fue tomado como referencia en la temática. En el contexto de estallido social por el que atraviesa el país, Sapelli sostiene que más allá de la desigualdad de ingresos, hay otras inequidades en la sociedad chilena que generan que muchos ciudadanos chilenos se sientan maltratados. “La semilla del descontento” puede encontrarse en que la movilidad, en un contexto de bajo crecimiento, puede darse hacia abajo. Aseguró que a la clase política de Chile le ha faltado pragmatismo, jugando demasiado al empate, evitando la adopción de medidas. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Hace tres años, usted presentó el libro “¿Chile más equitativo?”, donde analiza el desarrollo económico y social a partir de tres indicadores: pobreza, movilidad social y distribución de ingreso. Encontró avances en la reducción de la desigualdad en el país, especialmente en las generaciones más jóvenes…

—Es cierto, y he actualizado el trabajo. Luego de una baja de la desigualdad en las generaciones más jóvenes de 20 puntos en el Gini, el proceso se ha estabilizado, como era previsible. Claramente el Gini no puede bajar mas allá de un nivel de .30 más o menos, o sea que esto era esperable. Pero debido al camino ya recorrido Chile está encaminado, salvo errores mayores de política pública, a un Gini “nivel OCDE”, similar al del Reino Unido, por ejemplo.

—¿Por qué esa reducción de la desigualdad no se percibe por parte del conjunto de la sociedad? Es latente el enfado de mucha gente…

—Primero que nada, los fenómenos sociales son complejos y no podemos recurrir a una explicación única. Una de las cuestiones que está en el centro de esta situación es que un país que crecía muy rápidamente, ahora está creciendo relativamente poco.
Por otra parte, creo que hay manifestaciones de la desigualdad, diferentes a la desigualdad de ingresos, que están operando. Está, por ejemplo, el tema más cercano a las protestas iniciales que se refiere a la calidad del transporte público en Santiago. Si bien el Metro es muy bueno, el sistema de buses expone a la población a largas esperas, largos recorridos y por lo tanto a una porción importante de su día yendo y viniendo del trabajo.
Una manifestación de la escasez de buen transporte es que las tierras cerca de una estación del metro han subido mucho. Y quienes quieren una casa con buena conectividad muchas veces solo pueden alquilarla, frustrando su sueño de la casa propia. Otra situación es el tema del trato que en Chile, en determinadas situaciones y con determinados actores, se vuelve muy vertical, con los roles muchas veces dictado por la diferencia en nivel socioeconómico de los actores. Esto choca mucho a gente que ha hecho un gran esfuerzo por surgir y está orgullosa de sus logros. Se siente, con razón, injustamente tratada.

—Existen diferencias generacionales también…

— Al plantearme la pregunta sobre las diferencias que pueden existir en términos de desigualdad hacia el interior de la sociedad chilena, respecto a distintos grupos etarios, confirmé que esas diferencias existían. Las cohortes más jóvenes tienen una mejor distribución del ingreso. Uno de los factores que importa tener en cuenta es que se ha reducido la brecha entre los más educados y los menos educados y eso se debe a un mayor acceso a la educación. Evidentemente, esto no puede resolver la realidad de quienes ya han terminado su etapa educativa.

—¿Es necesario acelerar ese proceso de reducción de la desigualdad? ¿De qué manera?

—Siempre he pensado que el tema de la desigualdad de ingresos, más en el contexto de los resultados que he mencionado, no debe ser una prioridad. La pobreza y la movilidad social son objetivos de política pública más importantes. El otro tema que es importante es bajar el grado de incertidumbre, de ansiedad, que enfrentan los chilenos en diferentes situaciones (los viejos que se van a pensionar, las personas que temen ser diagnosticados con enfermedades caras, etc.).

—En aquel momento, al referirse a la movilidad presente en la sociedad chilena, habló de los riesgos de que sea movilidad fuera “hacia abajo” y sostuvo que allí podía estar “la semilla para el descontento”.
¿Esa puede ser una descripción rápida de lo que ha ocurrido después?


—Efectivamente, yo creo que el que menciona ha sido un factor importante. La movilidad social, en particular en un contexto de bajo crecimiento, indudablemente puede ser un motivo de descontento. Es que en contexto de alto crecimiento la movilidad puede darse con todos mejorando, sin embargo en situaciones de más bajo crecimiento la movilidad puede expresarse en que algunos tengan ingresos más bajos.

—Tres dimensiones que han sido expuestas como las más “débiles” en estas semanas de crisis en Chile: la educación universitaria y los altos costos para las familias; el empleo y los bajos ingresos; la seguridad social y las pensiones, y hasta la conveniencia de mantener las AFP. ¿qué puede decir de cada una de ellas?

—El tema de la universidad desde el punto de vista de los altos costos ya no existe. Hay una amplia porción de la población que tiene acceso a la gratuidad desde el segundo gobierno de la presidente Bachelet. Igual yo creo que este ha sido un enorme error de política pública. El énfasis de la intervención del gobierno en la educación debiera estar en la educación prebásica y no en la universitaria. Es la intervención que mayores resultados logra y la más equitativa. Las bajas pensiones son un dolor de cabeza y hay una buena propuesta ahora en el parlamento para dar un paso adelante en resolverlo.

—Un grupo de académicos de Chile (*) —entre los que se encuentra usted— acaba de presentar una carta, titulada “Urgencia y voluntad de diálogo” donde se asume la sorpresa por lo ocurrido en los últimos días y se admite la posibilidad de no haber leído con acierto la evolución del fenómeno social en Chile…

—Creo que lo que ha pasado nos llama a la humildad. Y es en ese espíritu que cada uno de nosotros en dicha carta está convocando a una introspección. Un ejemplo de lo que creo haberme equivocado personalmente es que subestimé el problema que para la sociedad chilena es la desigualdad en el trato. Otro tema que creo ha sido clave en todo esto ha sido la frustración de la población porque hay problemas que nunca se resuelven, como ocurre en Chile con el tema del sistema de salud. Creo que debimos tener un mayor sentido de urgencia y haber sido más pragmáticos. Es un tema que lleva muchos años y la clase política ha sido absolutamente incapaz de resolverlo.

—En el texto se expresa que “se hace necesario repensar las políticas que generan oportunidades para el desarrollo de cada uno de sus miembros”. ¿Cuáles pueden ser los caminos?

—Personalmente, creo que el camino es acabar con cientos de programas sociales de dudosa utilidad y que sumados significan un alto gasto y concentrar la política pública en un impuesto negativo al ingreso, que asegurará a la población de un ingreso mínimo, no importa qué. Eso, sin dudas, sería un paso adelante en el diseño de la política social. Y daría la tranquilidad a la que aludía antes.

—Lo ocurrido en estos diez últimos días, ¿representa un nuevo paradigma?

—En el sentido que ahora todos los actores de la vida pública tendrán que actuar con un mayor sentido de urgencia, sí. Como decía antes, en la resolución de los problemas no ha habido suficiente pragmatismo y las partes han tendido a empatar, evitando la adopción de medidas. Paralizando el sistema. Ya se ha notado mucha mayor preocupación de los temas sociales en el gobierno actual. Esperemos que lleve a medidas adecuadas y no populistas.

—Una reciente encuesta mostró que los principales señalados por la sociedad como responsables son “la clase política” en su conjunto. ¿Cómo revertir ese descreimiento, que puede resultar peligroso para una sociedad?

—Así es, en la Encuesta Bicentenario de la UC la credibilidad de la clase política es mínima. Eso es peligroso en una sociedad democrática. Creo que eso es en parte la razón de estas protestas, la frustración, la desesperanza de que los problemas se eternizan sin resolverse. Y buena parte de la culpa es la intención de trabar los cambios intencionadamente pensando que eso dará una ventaja política. Es la idea muy vieja y peligrosa de que “lo peor es lo mejor”. Creo que eso solo puede cambiarse en las urnas. Esperemos que los votantes lo hagan.

—Si tuviese que diferenciar estructuralmente la sociedad chilena de la uruguaya. ¿Cuáles serían los aspectos más resaltables?

—Creo que en algún sentido la sociedad chilena es más parecida a la americana y la uruguaya a la europea. Pero por otro lado una diferencia hoy de primer orden me parece radica que por suerte en Uruguay tendemos a tratar al otro como un igual, el trato es horizontal, y en Chile lamentablemente en ocasiones el trato es muy vertical.

(*) N. de R.: El colectivo de académicos del que forma parte Sapelli, se puso a disposición para “el diálogo, y para avanzar en soluciones de los problemas sociales” que aquejan al país. Reconocen que “desde nuestras áreas de conocimiento, la economía y la administración de organizaciones, y desde muchas veces una posición de privilegio y habiendo cometido muchos errores, sentimos que tenemos un deber moral de contribuir al debate y análisis de políticas urgentes, que permitan llevar no solo esperanzas sino realidades a los que han sido menos privilegiados para poder, como sociedad, caminar hacia un futuro distinto”.

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