Opinión

¿El ciclo electoral nos sacará del estancamiento?

Nuestra economía ha venido desacelerándose en los últimos trimestres, al punto que ha dejado de crecer. El consumo privado mostró un descenso interanual en el cuarto trimestre.

Consumo. Foto: Pixabay
Consumo. Foto: Pixabay

Las expectativas de los consumidores se han deteriorado durante el año pasado, a pesar de cierta mejoría en los últimos meses.

En esta coyuntura negativa para la actividad económica en general y para el consumo en particular, ¿puede la habitual efervescencia del ciclo electoral sacar a la economía de esta fase de estancamiento? A continuación presentaré algunas premisas a partir de las cuales iré delineando una respuesta. Voy a presentar en esta nota uno de los escenarios que considero más probable, pero que no es el único posible. Me voy a concentrar en los eventuales efectos del consumo de las familias dejando de lado los efectos positivos sobre la actividad de una eventual aceleración del gasto público.

Premisa 1. Cuando hay una elección competitiva mejoran las expectativas de los consumidores.
Para que el ciclo electoral motive un aumento en la confianza, debe de tratarse de una elección competitiva. Cuando hay una elección competitiva, una proporción significativa del electorado espera que gane su partido, lo cual mejora el humor de dichos votantes. Este es el escenario que probablemente observaremos este año. Los datos de las mediciones de intención de voto muestran paridad entre los principales contendientes, sin claros favoritos. Por tanto, es de esperar que la elección sea lo suficientemente competitiva como para que una proporción sustancial de los votantes tenga expectativas de mejoras a futuro (el año que viene), lo que normalmente se traduce en decisiones de consumo más laxas en el presente (este año), aún con tasas reducidas de crecimiento real de los salarios.

Premisa 2. Los efectos positivos del ciclo electoral sobre el consumo serán más débiles este año respecto a ciclos anteriores.
Este hecho hace menos robusto el resultado de la premisa anterior. En primer lugar, si bien los votantes que continúan simpatizando con el partido de gobierno mejorarán sus expectativas, probablemente lo harán con menor ímpetu que en oportunidades anteriores. Esto se debe al natural desgaste que viene teniendo el oficialismo luego de permanecer durante varios períodos en el poder. En segundo lugar, los simpatizantes de los partidos de la oposición, si suponemos que se manejan con cierta racionalidad, posiblemente sean más cautos respecto a tener grandes expectativas de mejora a partir de un cambio de gobierno. El nuevo gobierno enfrentará, al menos al comienzo, importantes restricciones fiscales y deberá encarar reformas que tendrán un alto costo en diversas dimensiones (por ejemplo, sistema previsional). En tercer lugar, hay una proporción creciente de desencantados con la política. Estos nuevos desencantados es poco probable que tengan expectativas de mejoras en la situación económica en general cualquiera sea el nuevo gobierno. Así, el efecto del ciclo parece que será más débil en esta oportunidad respecto a elecciones anteriores.

Premisa 3. El ciclo electoral mejora la evaluación que hacen las familias sobre la situación económica personal y del país, pero no afecta en forma tan clara la predisposición a la compra de bienes durables.
Este es un hecho que hemos visto en elecciones anteriores, en parte explicado porque hay un mayor componente de expectativas en la evaluación de la situación económica del país y personal, que en la predisposición a la compra de durables. A su vez, la predisposición a la compra de bienes durables está altamente correlacionada con el tipo de cambio, pero no es tan sensible al momento del ciclo electoral en el cual nos encontremos. De esta forma, si bien el ciclo genera un aumento de la predisposición a la compra de durables (que se traduce en mayor consumo), el indicador es más sensible a la evolución del tipo de cambio.

Premisa 4. El shock que estamos recibiendo de Argentina es más permanente que transitorio.
Esto sugiere que no observaremos una fuerte recuperación de la predisposición a la compra de durables en los próximos trimestres, dado que la demanda de nuestro vecino no se recuperará y nuestro tipo de cambio difícilmente evolucione sustancialmente a la baja. Por ende, en este escenario, los efectos sobre el consumo de durables en Uruguay que se derivan de la propia situación de nuestro país y de la región, serán más negativos que positivos. Incluso, en el caso que el shock que estamos recibiendo de Argentina fuese transitorio y suponiendo que el vecino país se recupere en forma notoria y rápida (por ejemplo, a mediados de este año, algo poco probable), no dará el tiempo para que los efectos positivos se vean claramente en Uruguay en 2019. En el mejor de los casos, veríamos claros efectos positivos sobre la actividad en nuestro país en el próximo verano.

Conclusión. Si se cumplen medianamente las premisas anteriores, tendremos los siguientes resultados:
El ciclo electoral propiciará una mejora en el humor de los consumidores. Sin embargo, la mejora probablemente sea más débil que en ciclos anteriores (por temas internos) a lo que se le sumará un contexto regional adverso. Así, el impulso sobre el consumo privado derivado del ciclo será más modesto que en anteriores oportunidades. Esto no quiere decir que no vayamos a tener efectos positivos del ciclo electoral sobre la actividad económica: de hecho, es probable que el consumo privado se muestre más dinámico en el segundo semestre que en el primero, precisamente por el efecto del ciclo. De esta forma, el sólo hecho de que este sea un año electoral quizás nos saque por un tiempo del estancamiento actual, pero no será un factor determinante para que la economía se recupere y vuelva a mostrar el dinamismo que ha perdido desde hace ya más de un año.

(*) Columnista invitado. Gerente de Economía en Equipos Consultores

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