consecuencias de la disrupción

¿Hacia un ciberespacio del diálogo social?

Las formas de interacción entre los sujetos que intervienen en la economía de plataformas constituyen todo un desafío para las estructuras y dinámicas tradicionales de la representación colectiva. 

economías colaborativas Foto: PIXABAY
economías colaborativas Foto: PIXABAY

En el momento actual, la caracterización de dichos sujetos resulta ser bastante "líquida" a nivel conceptual, de modo que lo que para unos cabría encuadrar en la definición de trabajador por cuenta ajena, para otros carecería de las notas que predominantemente impregnan dicha noción. Así, quienes realizan actividades remuneradas a través de plataformas digitales (ya sean "riders", conductores, personas que cuidan, limpian o simplemente "anfitriones") quedarían categorizadas en la mayor parte de las ocasiones sencillamente como "usuarios de la app".

Y, en el otro lado, no nos encontraríamos ante una empresa propiamente dicha, sino ante una mera plataforma digital que se limita a poner en contacto a clientes y prestadores de servicios, favoreciendo al máximo la fidelización y la satisfacción de ambos. Si no hay rastro de trabajadores ni de empresa, ¿qué lugar queda para los sindicatos y las organizaciones empresariales en el ciberespacio, un tablero de juego cada vez más importante de la economía mundial? ¿Siguen siendo válidas las viejas reglas de legitimación para negociar y de medición de la representatividad en el nuevo y sinuoso entorno de las plataformas digitales?
No todo está perdido en el reino de la confusión. De ello dan cuenta los primeros resultados del Proyecto IRSDACE sobre Relaciones Laborales y Diálogo Social en la era de la Economía Colaborativa. Interesantes experiencias comparadas fueron presentadas el 28 de noviembre en Bonn, en la sede del Institute of Labor Economics (IZA), que contó con el patrocinio de la Comisión Europea y con la colaboración de la Confederación Europea de Políticas Sociales (CEPS) y la Fundación Aternativas, entre otros importantes think tanks europeos.

El objetivo era averiguar cómo están respondiendo a esta realidad los actores tradicionales del mercado de trabajo, así como sus percepciones respecto a los retos de la economía de plataformas en siete países europeos (Dinamarca, Alemania, Francia, España, Bélgica, Hungría y Eslovaquia). Se trataba de explorar tanto las formas tradicionales como las más innovadoras prácticas de diálogo social y relaciones laborales. El proyecto pone el foco en tres sectores: alojamiento, transporte y microwork. El enfoque del proyecto conecta con las más recientes preocupaciones vertidas por la OIT en su informe Digital labour platforms and the future of work- Towards decent work in the online world.
Los informes nacionales coinciden en reflejar, en general, una situación todavía bastante cercana al desconcierto debido a la ausencia de reglas claras. Mientras en algunos países el debate está centrado en la fiscalidad, en otros se focaliza en la condición laboral de los trabajadores de las plataformas, sus condiciones laborales y las prestaciones sociales, mientras en otros se dirige a las dificultades de establecer los criterios de representación social. En la mayoría de los países estos trabajadores no están representados por los sindicatos, aunque algunos han abierto las puertas a su inclusión (IG Metall y verd.i en Alemania o la CGT en el caso de la Bikers Union, por citar algunos ejemplos).

También son escasas las muestras de asociaciones de empresarios o de su integración en federaciones, aunque se mencionan casos como el de Adigital en España, Uber Software Development en Dinamarca o la integración de Uber en la Federación de empresarios eslovaca.
Las experiencias de diálogo social son prácticamente inexistentes en todos los países. Como pionera de la negociación a nivel de empresa, destaca la firma del primer convenio colectivo en Dinamarca entre la representación sindical y la plataforma de servicios de limpieza Happy Helper. El convenio fija una frontera de 100 horas/año de trabajo desarrollado como free lance para la plataforma, traspasada la cual se adquiere la condición de empleado y su correspondiente alta en Seguridad Social. Por parte de los gobiernos se advierte una actitud más bien reactiva en la mayoría de los países, al calor de la mayor o menor intensidad de las protestas organizadas por distintos agentes involucrados o afectados por la competencia en el sector de turno. En general, se echa en falta una estrategia global tendente a una mayor convergencia socioeconómica, una mapa que refleje la diversidad de actores y una regulación más clara a nivel europeo que armonice las distintas soluciones nacionales.
Mientras tanto, emergen varias áreas de preocupación: al 88 por 100 de las personas que trabajan en estos entornos les gustaría trabajar más, pues no llenan su potencial laboral. Una cuarta parte del tiempo se les va en actividades no remuneradas como "atrapar encargos", mirar y responder emails; el 85 por 100 paga una comisión a la plataforma. El cada vez más frecuente surgimiento de grupos en las redes sociales con finalidad de ayuda mutua y reivindicativa representa un reto para los sindicatos y para las propias plataformas, abriendo el interrogante de cómo configurar un "ciberespacio" del diálogo social en el futuro.

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