OPINIÓN

No, la casa no está en orden

La información fiscal es clara y lo demuestra.

Foto: El País
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El director de la OPP ha sostenido, en oportunidad de las reuniones por la transición entre los gobiernos saliente y entrante, que “la casa está en orden”, en lo que constituyó el enésimo capítulo de la construcción del relato del actual oficialismo.

Y si bien el concepto de orden es relativo y no absoluto (para unos puede serlo tener los platos sucios apilados en la cocina y para otros, tenerlos lavados y guardados en los armarios) me resisto a dejar pasar calladamente semejante sinsentido.

Lo de la oposición al relato y, en todo caso, la construcción de uno alternativo, no es de mi incumbencia y será cuestión de quienes estarán en el gobierno, si es que quieren, saben y pueden cómo hacerlo. Por mi parte, y tal como he escrito reiteradamente en este espacio, espero que se denuncie la herencia como es debido, ya que allí estarán muchas de las razones, después de 15 años a cargo, de las medicinas que haya que suministrar al paciente.

Ciertamente, tras esos tres lustros, la casa no está en orden. Guste o no lo que se hizo en el primero de ellos, el primero de Vázquez, fue un buen gobierno: se trató de una gestión reformista (sistema de salud, sistema tributario) y que restableció una situación que se había deteriorado al extremo durante la recesión y la crisis de entre 1999 y 2002. El segundo gobierno, como su titular, fue caótico. Siguió aprovechándose del viento de cola iniciado en 2003 pero no cambió el rumbo cuando ese viento amainó y comenzó a cambiar de frente. Y el tercero, el que ahora se va, fue todo él hacer la plancha, falta de conducción, quizá resignación, todo él fue lucro cesante.

En este período, como hemos visto, han sido incumplidores seriales de metas: se van con el doble de déficit fiscal respecto a la meta planteada, con la deuda varios puntos por encima de lo proyectado y en un sendero de insostenibilidad, con la economía creciendo la mitad de lo que previeron en el Presupuesto y con la inflación visitando ocasionalmente el rango meta, pero habitualmente paseando cómodamente por encima de él, entre 7% y 9%. Para colmo, ahora nos enteramos, de boca del presidente del BCU, que la inflación es un fenómeno cárnico y que no hay atraso cambiario (sí lo había, y no menor, mientras que el BCU informaba sobre él en su informe trimestral).

Si debo elegir un solo indicador que nos cuente la historia de estos 15 años, me quedo con la evolución del gasto primario del sector público no financiero.

En 2005 a 2009, el gasto primario creció 46% real, un 7,9% anual versus el 5,9% anual de crecimiento del PIB. En 2009 el gasto primario llega al 26,9% del PIB y el déficit fiscal alcanza a 1,7% del PIB (similar al heredado, de 2004). Se aprovechó el viento de cola para recuperar escalones perdidos en la recesión y crisis previas, y los mayores ingresos fiscales junto con la menor carga de intereses se destinaron a más gasto, sin afectar el resultado de las finanzas públicas.

En 2010 a 2014, el gasto primario creció 39% a precios constantes, un 6,9% anual frente al 4,9% anual del crecimiento de la economía. En 2014 el gasto primario trepa hasta el 29,5% del PIB y el déficit se duplica, llegando al 3,5% del producto. En este período se alcanza la cima del ciclo económico (en 2011) hasta que llega el final de la etapa de viento de cola. Sin embargo, se sigue gastando a todo trapo y al final del período el déficit ya excede en 1% del PIB el límite de lo razonable.

Finalmente, en 2014 a 2019 (12 meses a octubre), el gasto primario real creció 7,1%, o sea 1,4% anual, frente a un PIB que crece al 1,3% por año. Vuelve a crecer el gasto primario como proporción del PIB y el déficit se aproxima al 5% del producto. Sucesivos mini ajustes fiscales no impiden el deterioro fiscal, dada la endogeneidad de la mayor parte del gasto.

Salta a la vista que el período en el cual se debió recapacitar y cambiar el libreto fue el segundo. El crecimiento del gasto primario en ese quinquenio es el que explica el desvío actual entre el déficit fiscal que tenemos y la meta nunca alcanzada de 2,5% del PIB. Y así como se desordenó entonces, no se la volvió a poner en orden en el período que ahora termina. Al contrario, se la desordenó aún más.

No, la casa no está en orden. Y el gran desorden se produjo durante la presidencia de Mujica, aquella de los equipos económicos paralelos y la del bypass al MEF con las inversiones en las empresas públicas.

Además de lo ya referido, se deja al gobierno con la economía privada estancada (el exiguo crecimiento del PIB en estos años, apenas por encima del 1% anual, se origina en los sectores proveedores de servicios públicos), destruyendo empleos (casi 60 mil en el quinquenio) y abatiendo el stock de capital, con la inversión en declive. La tasa de empleo está en los niveles de 2008 y la de inversión en los de 2004.

La inflación terminará el período cerca del 9% aún sin ajustarse las tarifas públicas como se debía hacer en enero. Otra complicación que se lega, por tratarse de las vísperas de las negociaciones de una nueva ronda de los consejos de salarios. Así que lo de “la casa está en orden” no viene al caso. Debieron ensayar otra letra para la retirada…

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