ENTREVISTA

Una carrera entre el pánico
y la inyección de liquidez

Los costos de financiamiento para emergentes seguirán siendo bajos, aunque las calificaciones crediticias sean menores

Foto: El País. Jerónimo Nin, Gerente de Inversiones de Nobilis
Jerónimo Nin, Gerente de Inversiones de Nobilis

En épocas de mucho riesgo a corto plazo, precios de pánico y decisiones difíciles, el gerente de inversiones en la firma de gestión de patrimonios de Nobilis, Jerónimo Nin, advierte del riesgo de que esta coyuntura desemboque en una crisis crediticia. Puntualizó que confía en el rol de los bancos centrales, que aún tienen margen para seguir actuando. Como consecuencia de esta delicada coyuntura, es factible que se vengan bajas en las calificaciones crediticias de países y empresas. Sostuvo que en el caso de Uruguay, todo dependerá de cómo hacemos creíble que la plata que gastamos la vamos a poder recuperar. En referencia a los inversores, hay que advertirles que es una baja temporal de los precios; a los que no estaban invertidos, recordarles que este es un buen punto de entrada si pueden respetar un horizonte de tres años como mínimo, subrayó. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Los mercados financieros parecen dar por descontada una recesión global que el tiempo dirá si cumple esas características; ¿a qué se debe esa lectura?

—Por un lado, la paralización sincronizada de las economías a nivel mundial, que afecta la producción y la inversión de las empresas y su capacidad de pagar las deudas afectando, por tanto, su calidad crediticia. A su vez, se afecta el consumo de las familias. Por otro lado, la incertidumbre de cuánto tiempo durará esta situación y cómo será la salida. La caída en el precio de los activos financieros tiene un componente relativamente cierto y otro de expectativas o incertidumbre.

En cuanto a la incertidumbre, no tenemos un horizonte temporal y hay mucho temor a una segunda ola de contagios que nos obligue a tener que extender esta situación de aislamiento que conspira contra la capacidad de producir de las economías. Y como si todo eso no alcanzara, se sumó el shock petrolero, que afectó a todos los países productores de crudo. La guerra entre Arabia Saudita y Rusia por la producción llevó a que el barril bajara 55% en marzo.

—Hay una enorme volatilidad en los mercados que parece acompañar cada anuncio o decisión de gobiernos centrales o gobiernos… ¿Esa será la nueva normalidad?

—Creo que es al revés, los gobiernos y los bancos centrales están tomando medidas para facilitar el acceso al crédito y capital para lograr con ello reducir la volatilidad en los mercados primero y luego, cuando volvamos a la normalidad, la recuperación de la economía sea rápida y vigorosa.
La volatilidad la generan la expansión del virus, su posible efecto en los sistemas sanitarios de cada país, la extensión de medidas de cuarentena y la incertidumbre que genera en las empresas y familias.

Estas incertidumbres y temores provocaron que los inversores corrieran al efectivo. Vendieran sus inversiones, a veces con razón, y otras simplemente por pánico y temor. Así fue que en estas semanas vimos que algunas clases de activos sufrieran retiros de fondos por cifras récord, en algunos casos hasta mayores que las registradas en 2008.

Gran parte de los ajustes en los precios, se deben a lo que llamamos flujos. Las últimas semanas los flujos eran todos de venta, los inversores vendían cualquier activo financiero y solo estaban seguros en el efectivo. El problema se agravó en parte porque luego de la crisis de 2008, cambió mucho la normativa bancaria y eso hace que los bancos estén muy limitados en su capacidad de dar liquidez con sus balances y entonces, por más que vean activos baratos, no los pueden comprar.

Ante esta situación, la Fed anunció varias medidas, y hasta fue un poco más lejos de lo que había implementado en 2008. Anunció la recompra ilimitada de bonos del tesoro, la recompra de activos hipotecarios y, en un hecho inédito, incluyó la recompra de bonos de empresas americanas con grado inversor con vencimiento de hasta cinco años. Todas estas medidas apuntan a devolver la liquidez al mercado, que los inversores no se desprendan de los activos a cualquier precio. Y en forma indirecta derramó a otras clases de activos que no están comprendidos, pero que al mejorar la liquidez general se vieron beneficiados.

—¿Tendrá incidencia en calificaciones crediticias, niveles de riesgo, tasas a pagar?

—Sin dudas va a tener incidencia en las calificaciones crediticias. Las calificadoras van a entender la situación, pero también es cierto que la calidad crediticia de las empresas y los países se va a ver afectada y las agencias calificadoras lo van a reflejar. Ya hemos visto un downgrade, como lo fue el caso de México, y es algo que deberíamos esperar con relativa facilidad porque las empresas que se están viendo afectadas van a tener un panorama desafiante para adelante.

La buena noticia es que, probablemente las tasas de interés de EE.UU. permanecerán bajas por un buen tiempo y eso significa que el costo del crédito general tiene una base cercana a cero y hace que los costos de financiamiento para las economías emergentes, tanto para los países como para las empresas sea relativamente bajo, incluso cuando la calidad crediticia pueda ser un poco peor; las tasas de financiamiento en términos absolutos no van a ser muy elevadas, salvo casos muy extremos.

—¿Tienen capacidad aún los bancos centrales para seguir actuando?

—La tienen, sí. Con las tasas de interés tan bajas, la principal preocupación que deben tener los bancos hoy es que no se corte la cadena de pagos y tomar medidas para asegurar la liquidez. Ahora tienen que lograr que ese dinero barato llegue a las empresas y a las familias.

Hay un rol importante que deberá articularse con la política fiscal. El gasto y la inversión pública tienen un rol para jugar.

—En ese contexto está también la situación de Uruguay…

—El gobierno venía con un claro objetivo de reducir el gasto y no lo va a poder lograr en la magnitud que tenía previsto. No obstante, para el grado inversor las calificadoras seguramente exijan un buen plan, consistente, para reencauzar las finanzas públicas una vez que pase esta situación.

Mientras que el plan sea consistente, el gobierno tiene tiempo. Tenemos acceso a buenas líneas de crédito con organismos multilaterales, tenemos acceso a los mercados, no tenemos vencimientos apremiantes de deuda y tenemos a los inversores locales, AFAP, que en moneda local, son una fuente de financiamiento constante. Todo eso, junto a las tasas de interés de EEUU que son bajas, juega a favor. Esto nos da tiempo, pero no nos podemos descansar.

—¿Observa riesgo de que esto se convierta en una crisis crediticia?

—Sí, ese riesgo existe, y por eso el foco y la preocupación de los gobiernos en evitar que esto suceda, mantener la liquidez y la cadena de pagos. Es ahí donde están las primeras medidas, tanto de expansión fiscal como monetaria: dar la liquidez para evitar que se corte la cadena de pagos y que esto se convierta en una crisis crediticia y la recesión sea más grande.

—¿Qué pasará con los bonos uruguayos?

—Dependerá de la magnitud de la crisis y de la capacidad de respuesta que tengamos para reactivar la economía una vez que se normalice la situación y de cómo hacemos creíble que la plata que gastamos la vamos a poder recuperar.

También de que el mundo se recupere, porque las exportaciones están cayendo mucho. Cuanto más rápido se dé la reactivación, más rápido los inversores volverán a mirar hacia los mercados emergentes y entonces el precio de los bonos de Uruguay se puede recuperar y hay un espacio importante para que eso suceda. El riesgo es que el plan de Uruguay para el día después no traccione y la economía no despierte.

—¿Y la deuda corporativa?

—Es parecido al panorama soberano, pero con la particularidad de cada rubro y cada sector. Todo lo que suponga servicios (restaurantes, turismo) probablemente vaya a tener problemas crediticios. Por supuesto que algunas empresas van a quebrar o van a quedar en una situación muy delicada. Pero también habrá ganadores. Aquellos que tenían un buen punto de partida y van a poder ocupar espacios que otros dominaban.

—¿Qué va a pasar con la renta variable a mediano plazo?

—En el mediano-largo plazo se va a recuperar. Todavía no tenemos idea si llegamos al piso porque la situación en EE.UU. preocupa mucho y no está muy claro cuál va a ser el impacto. En Europa se está llegando a una meseta en contagios y esperemos que se pueda reducir. Pero una vez que se retome la actividad y se despejen las incertidumbres las acciones van a subir.

—¿Ese evento y sus repercusiones en los mercados llevarán a un sinceramiento en el valor de los activos?

—La economía tenía buenos fundamentos antes de que pasara esto. A diferencia de lo que pasó en 2008, donde había un problema latente en los bancos, una burbuja financiera. Lo mismo con la crisis de las puntocom. Pero en este caso no era así. La economía colapsó porque sobrevino una pandemia y no por una falla en el sistema. Es cierto que los activos estaban algo caros, pero previo a la pandemia, había una sensación de que el crecimiento en el mundo se iba a recuperar en 2020.

—¿Cómo dar respuesta a sus clientes por parte de los asesores financieros en medio de esta incertidumbre?

—Lo primero es repasar nuestro plan de inversión. Es cierto que nuestro portafolio vale menos si lo queremos vender, pero también una casa, un campo o una empresa valen menos en este momento. Entonces, si no tenemos necesidad, no debemos vender. En estos casos, el asesor financiero tiene un rol clave para hablar con sus clientes, hacerles entender que estas situaciones son pasajeras y que no están ante una destrucción de su patrimonio, sino una baja temporal en los precios que con el tiempo retomará su tendencia de largo plazo.

Que el cliente entienda cuáles son sus objetivos y si con esta situación, esos objetivos no cambiaron. En ese caso, recomendamos que se quede, porque el patrimonio se recupera con portafolios balanceados. Lo importante es que no se deje llevar por el pánico, salvo por alguna situación de necesidad que haga que no puedas mantener el mismo nivel de riesgo. Pero los mercados en el tiempo se recuperan.

El cliente que no estaba invertido y puede respetar un horizonte de inversión de largo plazo, tres años como mínimo, debería tomar este como un buen punto de entrada. Comprar tras las caídas se ha demostrado como una buena estrategia en el largo plazo. También está la incertidumbre de cuándo comprar porque aún puede seguir cayendo. El mejor antídoto es ir comprando por partes, escalonando las compras, para ver cómo evoluciona la pandemia. Puede que alguna compra se haga más cara, pero quiere decir que hay menos riesgo arriba de la mesa.

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