ANÁLISIS

La otra cara del salario real

Si el salario real comienza una nueva etapa de crecimiento serán beneficiados muchos trabajadores, pero otros entrarán al grupo de desempleados.

El País
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Con frecuencia en estos días, ante la inminencia del cambio en la administración de gobierno, se escuchan numerosas declaraciones de futuros exjerarcas nacionales de gran influencia en los resultados del mercado laboral de nuestro país y de conspicuos representantes sindicales. En general se trata de pronósticos poco favorables sobre la continuidad de aumentos de las retribuciones reales -del salario real- de los trabajadores.

Hasta se ha mencionado en entrevista periodística por alguno de los citados declarantes, que el futuro gobierno reducirá los salarios nominales algo que, a mi juicio y como lo justificaré más adelante en la columna, no lo hará el gobierno sino el mercado laboral en caso que se desee ir contra sus fundamentos. Lo que en ningún caso se menciona es la relación que existe entre el comportamiento de los salarios con el del empleo, reflejo de una visión sesgada respecto a la que se debe tener cuando se analiza al mercado laboral. Sesgada porque se señalan los beneficios de algo sin considerar a sus costos o los costos de algo sin señalar sus beneficios.

Salario y empleo.

Microeconomía es el centro de la ciencia económica y es por ello que todo economista sabe -o debería saber-, que la formación de precios en distintos tipos de mercado depende de la oferta y de la demanda. En el caso del mercado laboral, el salario depende de la oferta de trabajo por las personas que desean tener un puesto laboral y de la demanda de trabajo por las empresas para producir y vender. Y también todo economista sabe o debería saber, que si el salario al que se aspira por los trabajadores o por quienes le representan, se ubica por encima del que pueden pagar las empresas -el valor de su productividad- que se derivan de la demanda por sus productos o servicios, entonces habrá desempleo. Tratar al salario y su comportamiento puede pero no debe desligarse del tratamiento del empleo y del desempleo.

El mercado laboral en este caso, funciona de la misma manera que lo hace el mercado de cualquier producto o servicio. Por lo tanto, hablar solo del comportamiento que debe tener el salario desligándolo de lo que ocurre con el empleo es algo que solo puede suceder si quienes así actúan o no saben, o tienen intenciones de otra naturaleza que son solo compatibles temporalmente con la realidad.

En el caso del sector público en el que el aumento de salarios está indexado a la inflación y se asegura además el puesto laboral al funcionario estatal, la situación es diferente. Egresos fiscales que resulten altos e incompatibles con la estabilidad macroeconómica y que podrían ser reducidos por cambios tecnológicos, tercerización de obras a término o por otros caminos con el fin de reducir o limitar el peso del gasto público no pueden ser corregidos en primera instancia por el mercado. La alternativa para reducir los citados egresos salariales prescindibles requiere medidas de política fiscal tales como la supresión de puestos ante las vacantes que se vayan produciendo por distintas causas -jubilación, retiro voluntario y otros por el estilo-.

En definitiva, la defensa de una posición de este tipo tiene diversas razones. Una es tecnológica: la era digital es hoy relativamente económica y sustitutiva de mano de obra. La otra es de justicia distributiva ya que generalmente se ha apelado -y cada vez con mayor alcance- a una profundización de la presión impositiva: más impuestos y gravámenes de otra naturaleza. Pero mayor presión fiscal es menor ahorro, mayor costo social por los gastos que se deben hacer y que no existirían con menor presión impositiva -los asociados a la administración privada y pública tributaria y de control-. Y peor aún ya que como contrapartida se tiene además ante un menor ahorro, una menor inversión y una menor demanda laboral.

Datos.

Durante diez años, desde 2007 -con circunstancias macroeconómicas diferentes a nivel mundial y regional que se reflejaron fuerte y muy favorablemente en Uruguay-, hasta 2017 el salario real tuvo un comportamiento expansivo que se ha enlentecido en los últimos dos años y medio hasta frenarse este año. Simultáneamente tanto el empleo como el desempleo han tenido comportamientos que han evolucionado como reflejo. Subió el empleo y bajó el desempleo durante las excepcionales circunstancias externas y sus reflejos locales entre 2007 y 2017. Pero desde 2017 el empleo ha caído significativamente en términos de personas trabajando y de horas trabajadas y la tasa de desempleo ha trepado a 9,2%, un nivel similar al de 2007 cuando el índice del salario real era 27% menor al actual. La lectura de estos datos es bien elocuente: si el salario real comienza una nueva etapa de crecimiento serán beneficiados muchos trabajadores pero habrá muchos otros que soportarán el costo correspondiente entrando en el grupo de los desempleados.

Se mantenga la actividad actual de los consejos de salarios o se modifique de manera concertada entre las partes su funcionamiento, el mercado laboral como cualquier otro mercado se ajustará ante diferencias entre lo que debe ser el precio de equilibrio entre oferta y demanda y el precio al que se aspira si éste es diferente. Y si es mayor, entonces el desempleo aumentará. Con el paso del tiempo quienes pasen a formar parte de los desempleados lograrán ingresar a trabajar pero seguramente con un salario menor. Es la forma como en los hechos, se ajusta todo mercado y, en este caso, el laboral.

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