Utilizan canales legales e ilegales para sacar dinero del país

El capital abandona China por cualquier vía

Nada hace sospechar que en la trastienda de una casa de té en Pekín uno puede lograr sacar grandes cantidades de dinero de China, burlando los controles de capitales. La encargada ni se inmuta cuando se le plantea transferir el equivalente a 185.000 euros, cuatro veces más del límite legal permitido.

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Impositiva china busca recaudar con no residentes. Foto: Archivo

A cambio de aplicar una tasa de cambio ligeramente más beneficiosa que le supone embolsarse casi un 2% del importe, esta particular intermediaria garantiza que en menos de 48 horas el dinero puede estar en España, en Estados Unidos o donde sea.

"Lo hacemos a diario y con cifras mucho más altas. No hay peligro alguno", sostiene. Eso a pesar de que las autoridades chinas llevan más de un año intentando atajar estas prácticas en la sombra, a través de las cuales los ciudadanos chinos sacan miles de millones de yuanes del país en un momento en que la economía está en desaceleración, la moneda pierde valor y hay sitios mejores en los que invertir.

China controla los movimientos del dinero para evitar entradas o salidas especulativas que puedan desestabilizar su economía. Los individuos solamente pueden sacar un máximo de 50.000 dólares fuera del país por año, pero los chinos han encontrado otras vías, algunas claramente ilegales —como esta casa de té— para eludir este límite.

Gran parte del dinero que sale de China lo hace a través de canales legales. Con la apertura del país al mundo, cada vez hay más turistas que visitan otros países, más estudiantes de intercambio en universidades o más compras de viviendas en el extranjero. Después están las empresas, que invierten y compran fuera de China más que nunca. Una adquisición por debajo de los 1.000 millones de dólares no necesita el permiso de las autoridades ni será objeto de escrutinio, porque Pekín quiere ver cómo las firmas del país se hacen globales. Además, las compañías con operaciones en el extranjero son libres de vender yuanes y comprar divisas extranjeras si piensan que este movimiento les puede beneficiar en el futuro, como sucede desde mediados de 2014, así como para devolver deuda contraída en dólares.

Hay otras opciones que son de dudosa legalidad pero que no están prohibidas. La más habitual es que aquel ciudadano chino que quiera sacar dinero reúna a familiares, amigos o empleados para que cada uno envíe los 50.000 dólares máximos permitidos. Con 20 personas, por ejemplo, se puede mover un millón de dólares anualmente.

Pero para según quien este sistema puede resultar lento y logísticamente costoso. Y ahí entran las prácticas claramente ilegales, que van desde los ciudadanos que intentan cruzar la frontera empapelando su cuerpo con billetes de 100 yuanes hasta redes de profesionales de la ingeniería financiera dedicadas exclusivamente a este negocio. En 2015 las autoridades chinas desarticularon más de 60 bancos en la sombra que realizaron transacciones por un valor de más de 1 billón de yuanes (unos 140.000 millones de euros), la mayoría desde China al exterior. La gran mayoría se concentraban en la ciudad de Shenzhen por su proximidad a Hong Kong, donde el dinero sí circula libremente.

China ha aumentado los controles en aduanas y ha pedido a las entidades financieras más cooperación, pero a pesar de los esfuerzos el fenómeno está lejos de erradicarse por la dificultad de detectar estas operaciones fraudulentas.

El éxodo de capital en China es algo inédito para las autoridades. Desde inicios de siglo el gigante asiático ha sido receptor neto de dinero por sus buenas perspectivas económicas y el convencimiento de que su moneda se fortalecería. Las restricciones a los movimientos de dinero eran más duras que las actuales, por lo que los pocos que querían sacar su dinero lo tenían aún más difícil que ahora. El panorama cambió desde mediados de 2014, cuando se evidenció que China no volvería a crecer a tasas anuales de doble dígito.

No existen cifras oficiales sobre la cantidad de dinero que ha salido del país, pero las estimaciones de Bloomberg lo acercan al billón de dólares solamente en 2015, siete veces más que la cifra calculada en 2014. El récord se produjo durante los meses de julio y agosto, en plena tormenta bursátil.

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