ISAAC ALFIE

Cambio de autoridades y prioridades

La asunción de nuevas autoridades, como siempre pasa, constituye un período de esperanza en función de los anuncios que se formulan y los bríos que traen consigo quienes asumen.

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Foto: Ariel Colmegna

Esta ocasión, pese a que en muchos casos se repiten personas, no fue la excepción. Naturalmente que todos sabemos que muchos de ellos no se cumplirán pero, de todos modos, nos muestran la dirección. Luego, el devenir de los tiempos y las circunstancias nos develan si las acciones se tomaron en ese sentido, en uno opuesto o resultaron neutrales a los objetivos establecidos. Por ahora nos quedamos con los anuncios de política.

Deudas y finanzas.

Dediqué mis dos últimas columnas a analizar la situación de las finanzas públicas las que, en mi opinión, se encuentran en su peor momento en dos décadas con la acotación de la enorme ventaja que significa la abundancia de financiamiento.

Este es un factor que está generando incertidumbre y de eso tomaron debida nota las autoridades económicas, de hecho el Ministro Astori ha dedicado, con lógica y razón, todos sus primeros actos y declaraciones públicas a fijar posiciones en el sentido de que el descontrol que existía se va a corregir (Antel Arena, "inversiones" de empresas públicas, gastos de la administración central).

En el mismo sentido, se dan señales de que el despilfarro de nuestro dinero a través de mecanismos como el Fondes al menos se moderará sustancialmente, que volverá una apuesta por mayor apertura comercial por fuera de "nuestra cárcel" llamada Mercosur. Se aprovechó el momento de baja de precios internacionales y se impuso un ajuste de tarifas que ayude a mitigar el desequilibrio.

El gobierno en ésta y otras áreas todos los días emite señales en el buen sentido, como las expresiones del Canciller Nin, ya analizadas por mi colega Jorge Caumont en la pasada edición de Economía & Mercado, cuyo impacto diplomático es obvio, pero también tiene consecuencias económicas. Todos buenos propósitos que ojalá se materialicen.

Volviendo al inicio, las cifras de las cuentas públicas son muy malas y la tendencia peor aún, aunque por el momento hay personas dispuestas a financiar el exceso de gasto a tasas "razonables", del orden del 5% anual. Ahora, ¿qué significa 5%? Son casi 2,5 puntos porcentuales por encima de las que abona Estados Unidos (250 puntos de riesgo). El spread no es bajo, de hecho de los mayores en épocas normales desde inicios de los 90 (*) , y ha crecido en los últimos tiempos, lo que es una señal que nos mandan los mercados. Hay dinero pero, en términos relativos no tan barato como antes. Dicho lo anterior, entiendo que hizo bien el gobierno en emitir los US$ 1.200 millones ahora, aprovechando la oportunidad.

En el mismo sentido, es sintomático que las emisiones de deuda en UI del BCU, según se desprende de la información de su página Web, a plazos de uno y dos años, se hayan dejado de hacer y que, de las últimas realizadas, la mayoría se declararon desiertas o los montos colocados resultaron ridículamente bajos. También lo es que el gobierno central haga ya casi dos años que no emita en UI en el mercado internacional. Es claro que el mercado espera "que algo pase en plazos cortos" y entonces prefiere menores plazos. Ello se traduce en la demanda de LRM en moneda nacional sin reajuste, aunque la equivalencia de la tasa nominal sea inferior, al menos con mi inflación esperada, a las que solicitan cuando se licitan en UI. Hay un "precio" que se paga por la capacidad de disponer del dinero y eventualmente requerir mayor remuneración, ante el escenario de incertidumbre que se plantea.

Entiendo que las dudas sobre el frente fiscal, la evolución del tipo de cambio real y si el país podrá o no mantener la afluencia de capitales son parte importante en la explicación. Justamente, el resultado fiscal de enero, pese a que pareció mejor al cierre del 2014, analizado con detenimiento no lo es y, seguramente amplifica las incertezas. Los ingresos de los organismos recaudadores crecen por debajo de la inflación al 7,6% y, dentro de ellos, la DGI apenas 4,8% nominal, al tiempo que los gastos corrientes se expanden 11,9% (casi 3,5 puntos por encima de los precios).

Toda la mejora se concentra en inversiones, explicada por una caída real de las de la Administración Central —más de 12%— y el stock de petróleo de Ancap que se revertirá. Sin variación de este stock, las inversiones crecen en las EE.PP.

El otro factor que explica el mejor resultado es el pago de intereses, donde ha habido un cambio en la cadencia intra anual, pero no en el monto total que subirá. Por tanto, sin un cambio de rumbo rápido como el que parece plantear el gobierno, no pasará mucho tiempo para que entremos en problemas.

Tipo de cambio real.

No voy a extenderme sobre el tema que también he analizado desde este espacio en más de una ocasión, porque mi colega Javier de Haedo ya lo hizo con precisión y claridad en su columna hace 15 días. Solo debemos tener en mente que las paridades nominales (de pizarra) no indican nada cuando existen procesos inflacionarios diferentes.

En el último año es claro que nos hemos abaratado frente a Argentina, pero encarecido frente a Brasil, aun cuando en ambos casos la paridad nominal haya mostrado un fortalecimiento del peso uruguayo. Respecto a Estados Unidos, apenas si somos un poco más baratos pese a que el dólar subió 10% en 12 meses. Debemos ser conscientes que la posición en la cual estamos no es buena y agrega factores de tensión.

FMI.

Recuerdo que, en ocasión de la presentación de la Ley de Presupuesto 2010, escribí acerca de la inconsistencia que, a mi entender sus proyecciones contenían, las cuales arrojaban como resultado que, con las tasas de crecimiento tomadas como hipótesis de trabajo, el desequilibrio superaría el 3% del PIB a fin del período, en abierta discrepancia con el menos de 1% que las mismas mostraban.

Aún no tenemos, y no lo tendremos hasta fin de agosto, la presentación del nuevo presupuesto, pero sí se conoció una proyección del FMI para Uruguay, que El País publicó el pasado 27 de febrero. En ella se plantea para el quinquenio que comienza un déficit fiscal entre 2,8% y 2,9% anual, con un resultado primario (ingresos menos erogaciones antes del pago de intereses) en general negativo y una reducción de la carga de intereses sobre el PIB; una deuda pública creciendo poco, en función que el PBI crecería al 3% anual, parejo y sin problemas de ningún tipo. Además proyecta que el desempleo crecerá moderadamente.

Pero esto no es todo, cuando proyecta el PIB medido en dólares, implícitamente supone que Uruguay tendrá una inflación en esa moneda del orden de 1,83% anual o, lo que es lo mismo, que nuestra inflación en dólares y la de Estados Unidos serán "las mismas".

La proyección supone que seguiremos caros en dólares, pese a que todo el mundo se abarata, que Brasil en función de su déficit externo está procesando —y lo seguirá haciendo— una devaluación real de su moneda, que Argentina en algún momento seguirá ese mismo camino y que todos nuestros competidores en el mundo han devaluado fuertemente sus monedas (Australia y Nueva Zelanda entre ellos). La verdad es que, o bien el FMI piensa que seremos un país donde solo brindemos servicios y entonces es posible sostener ese PIB medido en dólares sin afectar la base productiva, o hay un error grande en la base de programación.

Con precios externos cayendo en dólares y recibiendo deflación regional, es insostenible que el sistema productivo pueda seguir funcionando como hasta ahora sin alteraciones en los costos. De darse esa situación, el volumen de producción caería y, entonces, todo se sostendría en base al crédito externo que nos permitiría "tirar" 5 años más. Pensar que el mundo nos va a financiar consumo con déficit que se acumulan y, además del sector privado le seguirá prestando al sector público entre US$ 1.400 a 1.500 millones anuales en términos netos y que a su vez la carga de intereses sobre PIB caerá, pertenece más a un mundo onírico que real.

El escenario de crecimiento del PIB en dólares como el planteado, solo es factible bajo un escenario totalmente diferente al que el propio organismo plantea como base. Requiere una reverberación del súper ciclo de las materias primas y eso implicaría, entre otras cosas, menor desempleo y mejor resultado de las cuentas públicas.

Dado como se ha movido hasta el momento el Ministro Astori, tiendo a pensar que no cree en esta proyección, lo que hace bien por cierto.

(*) En noviembre de 2001 se pagó luego de muchos años 303 puntos básicos de spread en una emisión primaria. Lo usual antes y después es estar por debajo de 175 puntos, con emisiones de 130 puntos como en 1997.

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