Javier de Haedo

Cambio de actitud en el MEF

Los economistas que venimos alertando a las autoridades desde hace algunos trimestres acerca de los problemas y riesgos de nuestra economía, hemos vuelto a ser criticados por el actual presidente del BCU, al igual que había ocurrido un año atrás cuando se desempeñaba como ministro de Economía y Finanzas.

Como entonces, eligió el evento de ADM para hacerlo. En dicha instancia, más allá de reconocer el evidente cambio de contexto externo que enfrenta el país, el presidente del BCU no lució preocupado con el escenario vigente e insistió en aplicar el único instrumento de que dispone, una política monetaria contractiva, aún cuando el escenario actual sea diametralmente opuesto al anterior, como mostró con claridad en su exposición.

Mientras que el presidente del BCU juega con los platitos chinos, debido a que en su repertorio hay menos instrumentos que objetivos, el resto del equipo económico no está en la misma sintonía, se muestra preocupado y reitera los conceptos de prudencia y cautela. Es notorio el cambio de actitud que ha tenido el MEF con su nueva conducción, lo que quedó plasmado en un documento producido en abril y titulado "Estrategia Presupuestal 2015-2019: Primeras consideraciones". Debo reconocer mi satisfacción por el contenido de ese documento, que describiré en los próximos párrafos, y que recoge casi textualmente reflexiones, consideraciones y formas de interpretar los indicadores, que son habituales en los economistas que analizamos la coyuntura. A continuación, destaco algunos puntos que hallé particularmente interesantes en el referido documento.

Desafíos.

Primero, comienza señalando como los "principales desafíos de la política económica" a la situación fiscal, la inflación y la competitividad, y destaca a la "política fiscal como ancla fundamental de la política económica".

Segundo, señala que "factores extraordinarios" impulsaron el crecimiento de 2014 (3,5%), pero que en los cinco años siguientes el crecimiento será menor. En particular, para este año estima entre 1,5% y 2% el crecimiento del PIB "relevante para DGI-BPS" (y para el mercado de trabajo, agrego yo), "dejando de lado el efecto de Montes del Plata". En el documento del MEF se señala que "el crecimiento promedio del período 2015-2019 será menor a 3%" y se pregunta si no se trata de un "escenario optimista".

Tercero, destaca que "la inflación se redujo por aplicación de medidas de política económica y factores coyunturales", pero que "la inflación subyacente se mantiene muy por encima del rango meta". La inflación subyacente no considera componentes volátiles ni tarifas, del IPC.

Cuarto, el MEF manifiesta su preocupación por "la competitividad de nuestros productos en el exterior" y focaliza el tema en el tipo de cambio real, mostrando, a partir de indicadores del BCU, el deterioro de los últimos meses tanto en el indicador global como, especialmente, con Brasil.

Ciclo económico.

Quinto, muestra el "deterioro del resultado fiscal en los últimos años", tanto antes como después de pagar intereses, o sea, tanto en el nivel primario como en el global. Pero lo más destacable consiste en que el MEF expresa que "el deterioro fiscal es más marcado si se ajusta por factores extraordinarios y ciclo económico", concluyendo que "el resultado fiscal estructural en 2014 es mayor al observado". Entre los factores extraordinarios refiere al "bajo costo de generación eléctrica, ingresos por desafiliaciones de las AFAP y reducción del stock de petróleo de Ancap". En cuanto a los efectos del ciclo económico, el MEF explica que "cuando el PIB crece por encima de la tendencia (crecimiento potencial), como en los últimos años, se generan ingresos extraordinarios para el sector público". Este reconocimiento es particularmente destacable, dado que en los últimos años el MEF minimizaba y estimaba casi en cero el efecto del ciclo económico.

Sexto, cuando muestra la evolución de la deuda neta del sector público, el MEF correctamente excluye de los activos de reserva una cifra equivalente a la de los encajes bancarios, dado que éstos no son computados como pasivos al momento de calcular la deuda, pero los activos sí. De este modo, estima en 32,4% del PIB al monto de la deuda neta total al cierre de 2014, unos diez puntos por encima de lo habitualmente manejado tanto en el sector público como por muchos analistas privados. El MEF muestra, en su presentación, que "la magnitud y estructura de la deuda implican menor vulnerabilidad que en el pasado", pero destaca que "los actuales niveles de déficit fiscal tensionan la trayectoria del ratio deuda/PIB".

Séptimo, y es de lo más importante del documento, el MEF señala que el 70% del gasto total "es rígido, surge de leyes o contratos previos", por lo que el "ámbito de acción del Presupuesto Nacional" se reduce al 30% restante: parte de las remuneraciones, los gastos no personales, las inversiones y parte de las transferencias. Si a esto se añade que "el gasto en seguridad social y salud continuará creciendo", entonces "dos tercios del incremento de ingresos por crecimiento económico deberá destinarse a financiar el aumento del gasto endógeno en el quinquenio". Y yo agrego: son dos tercios de un crecimiento (optimista) proyectado en 3% anual, pero quizá (siendo realistas) deba destinarse a ello todo el incremento de ingresos por crecimiento económico. El ministerio fundamenta su proyección de aumento del gasto en seguridad social en el reciente aumento del número de pasivos por "la flexibilización del acceso a las pasividades", y en salud, en el proyectado aumento del "número de pasivos beneficiarios del Fonasa".

Octavo, en ese contexto el MEF se plantea generar un "espacio fiscal" para poder cumplir con "los compromisos de gobierno" a partir de una "mayor contribución de las empresas públicas", "reasignar gastos y generar ahorros en cada inciso" y "mejorar los ingresos". Señala que "el acotado espacio fiscal hace imprescindible establecer prioridades", plantea "elaborar el Presupuesto bajo supuestos macroeconómicos prudentes, no comprometiendo ingresos futuros inciertos" y "utilizar las Rendiciones de Cuentas como instrumento para asignar mayores partidas acompañando al espacio fiscal generado año a año, a los efectos de asegurar el cumplimiento de los compromisos de gobierno".

Conclusión.

Las señales que se emiten desde el MEF son muy positivas y como hizo recientemente la calificadora Moodys, cabe darle crédito para que vuelva a encaminar la situación fiscal en la instancia presupuestal venidera. Es claro que solo con señales no alcanza, pero por cierto que se trata de un buen comienzo trabajar con realismo. Por otra parte, asumiendo coherencia en el MEF, cabe esperar que también en la instancia de Consejos de Salarios por venir se asuman los mismos supuestos de crecimiento económico (un 3% anual es "optimista") y se actúe en consecuencia con moderación respecto a instancias anteriores. Mientras tanto, el BCU debe actuar coordinadamente con el MEF y trabajar su política monetaria con "sintonía fina" de modo de ir moderándola y flexibilizándola en la medida en que se observen progresos en las políticas fiscal y salarial. En tanto se sumen instrumentos al repertorio y la política económica recupere consistencia, no se deberá abusar de la política monetaria.

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