Opinión

Cambiemos y la falta de un rival electoral

Los números fiscales de julio siguen confirmando que el esfuerzo fiscal que hace el gobierno por contener el gasto corriente se diluye por el aumento de los gastos en intereses pagados para financiar el gradualismo.

El actual presidente Mauricio Macri y su predecesora, Cristina Fernández. Foto: AFP
Foto: AFP

El resultado financiero, que es el que incluye los intereses de la deuda pública y es el relevante, se duplicó en julio de 2018 respecto a julio de 2017, fundamentalmente por el fuerte incremento de los intereses pagados, tanto fuera del sector público como los intrasector público.

Si bien algunos argumentan que intereses que había que pagar en junio cayeron en julio y por eso hubo un crecimiento tan importante en los intereses pagados en el séptimo mes del año, lo cierto es que si uno toma los intereses pagados en los primeros 7 meses del año en curso y los compara contra los intereses pagados en los primeros 7 meses de 2017, observa un aumento del 58,7%. En el período enero-julio de 2017 se pagaron intereses por $ 121.892 millones contra los $ 193.463 millones de enero-julio 2018.

En los primeros siete meses de 2017, los intereses pagados representaron el 19,2% de los ingresos tributarios sin considerar las contribuciones y aportes patronales, en tanto que en los primeros 7 meses de 2018 los intereses pagados representaron el 25,7% de los ingresos tributarios. En 2016 partimos de una relación del 13,8%, siempre en el período enero-julio, y ya llegamos al 25% actual. Esto hace que los esfuerzos por reducir el gasto primario (sueldos, jubilaciones y pensiones, planes sociales, subsidios económicos, etc.) queden neutralizados por la velocidad a la que crecen los intereses a pagar respecto a la recaudación. Y no estoy tomando los intereses intrasector público, que debería hacerlo, porque la situación sería más grave.

Comparando los primeros 7 meses de este año con los de 2017, el mayor esfuerzo por reducción del gasto está en los subsidios económicos y en la obra pública. En el primer caso, el aumento fue de solo 9,9%. Los subsidios en energía subieron 20,2%, cayendo en términos reales contra una inflación de 31% acumulada, y en transporte aumentaron el 10%.

Por otro lado, como consecuencia de la mayor coparticipación que reciben las provincias, tuvieron transferencias un 4,5% menos en términos absolutos que en los primeros 7 meses de 2017.

En síntesis, mientras el déficit primario bajó $ 46.271 millones, los intereses a pagar aumentaron en $ 71.570 millones, lo que hace que el hipergradualismo ponga en dificultades el equilibrio fiscal y aumenten las presiones sobre el mercado de cambios ante la incertidumbre fiscal. Si comparamos el tipo de cambio respecto a diciembre de 2001, último mes de la convertiblidad, en julio el tipo de cambio estuvo un 53,4% por encima del tipo de cambio de diciembre de 2001 a pesos actuales. La suba del tipo de cambio real a partir de abril de este año mejoró algo el comercio exterior, dado que ya no caen las exportaciones, aunque las importaciones siguen subiendo más. En los primeros siete meses del año las exportaciones aumentaron el 4,9% y las importaciones el 11,3%.

A un mes de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) nadie imagina que el gobierno vaya a implementar medidas de reformas estructurales para dominar la situación fiscal. Por ejemplo, nadie imagina que en serio vaya a bajar el gasto público, tocando el clientelismo de los planes sociales o el empleo público. Lo máximo que puede esperarse de Cambiemos de aquí a las elecciones de 2019 es que consiga el financiamiento para evitar un desborde cambiario y financiero.

Por otro lado, habrá que seguir atentamente la situación política y económica de Brasil, que puede empezar a impactar la economía argentina por un menor flujo de exportaciones hacia nuestro socio del Mercosur, en caso que en ese país continúe aumentando el tipo de cambio, que está presionado al alza por la incertidumbre política. Una suba del dólar en Brasil implica una merma de las importaciones de dicho país, pegando en el nivel de actividad de Argentina, además de nuestros propios errores.

No obstante, por ahora, a pesar que Cambiemos no viene haciendo una buena política económica, la ausencia de adversarios políticos de peso le deja abierta la puerta para una eventual reelección de Macri o, en su defecto, de Vidal, salvo que aparezca un tercero que hoy nadie ve.

De acuerdo a la última encuesta de Giacobbe y Asociados, Cristina Fernández tiene una imagen positiva del 34%, pero una negativa del 57% y posiblemente el tema de la corrupción le pegue todavía más en la imagen negativa. De todas maneras, al día de hoy, Cristina Fernández tiene un techo muy bajo para poder crecer en intención de votos. Siguiendo con dicha encuesta, Macri tiene un 39% de imagen positiva y 51% de negativa; sin embargo, cuando se le pregunta a la gente a quién votaría si las elecciones fueran hoy, el 37,6% votaría por Macri y el 31,8% por Cristina Fernández. En tercer lugar y muy lejos aparece Del Caño, de un partido de izquierda con un discurso de la era de la cortina de hierro, con un 4,2% de intención de voto.

Al preguntarse si hoy hubiese una segunda vuelta a presidente a quién votaría, el 44,6% dice que votaría por Macri y el 39,2% por Cristina Fernández. El pánico a la vuelta K pesa en el electorado. Obviamente, en un escenario de confrontación de Cristina Fernández con Vidal, la gobernadora tiene más chances dado que tiene una imagen positiva del 45%, casi 10 puntos más que Cristina Fernández.

Es en estas ventajas políticas es que parece descansar Cambiemos y su escaso interés por realizar reformas estructurales, por más que la gente económicamente no la esté pasando muy bien.

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