OPINIÓN

Cambiando el eje de la discusión

Entre los temas que recurrentemente ocupan los titulares de los diarios y movilizan a la opinión pública, se encuentran los relativos a la seguridad social.

JUBILADOS
Foto: Archivo El País.

No es para menos: planear cuidadosamente para el retiro es uno de los principales desafíos financieros. Es, también, uno de los principales desafíos de política, y un enorme y creciente peso para el erario público. Nos afecta a todos.

Es una preocupación universal. Una mayor expectativa de vida, menor tasa de natalidad, escaso ahorro de las familias y una reducción en la productividad afectan a varios países, entre ellos a Uruguay.

A la uruguaya.

Un plebiscito realizado 1989 incluyó una norma en la Constitución que indexó las jubilaciones al índice medio de salarios. Ello derivó en que un déficit preocupante se volviera insostenible. Un estudio encargado a la Facultad de Ciencias Económicas en 1990 concluyó que, en el escenario base y de mantenerse la normativa vigente "el sistema avanzaría rápida y progresivamente hacia una situación de crisis irresoluble" en la década siguiente. Este diagnóstico, unido a un déficit previsional que continuaba creciendo, generó conciencia y preocupación sobre el problema y llevó a que en 1995 se votara la reforma previsional. Fue una solución a la uruguaya, en la que se creó un sistema mixto, con un componente de reparto y otro de capitalización individual. Esa ley creo las AFAP, que fueron encomendadas a manejar el ahorro de los uruguayos.

Mitos y leyendas.

Las AFAP tienen aproximadamente 1.382.000 afiliados y administran 16,3 mil millones de dólares, lo que representa casi un 30% del Producto Bruto Interno.

En los 21 años desde su creación, a pesar de haber transitado crisis como las del 2002 y 2008, el fondo de ahorro previsional (FAP) tuvo un retorno promedio anual de 10,71% en dólares y 8% en términos reales. Son retornos excelentes. Para dimensionarlo, si un inversor hace 21 años hubiera invertido 100.000 dólares con una rentabilidad promedio anual de 10,71% hoy tendría 847 mil dólares.

Las AFAP enfrentan estrictas restricciones a la hora de escoger sus inversiones, impuestas por los legisladores con el ánimo de proteger a los ahorristas. La mayor parte del FAP está invertido en títulos públicos. Pero un porcentaje importante —alrededor de 3.000 millones de dólares, según explicó Martin Larzabal, gerente de inversiones de Republica AFAP en una actividad realizada en noviembre por CFA Society Argentina y Uruguay— están invertidos en decenas de miles de hectáreas de campo, en participaciones en parques eólicos, en inversiones inmobiliarias y en financiamiento a obras de infraestructura.

Larzabal —responsable de gestionar activos por 9.300 millones de dólares lo que lo deja como el principal gestor de activos de Uruguay— ilustró cómo las inversiones realizadas, además de arrojar buenos resultados para los ahorristas, contribuyeron con el desarrollo del país.

Explicó que si las AFAP no invierten aún más en proyectos reales es, en parte, porque no hay suficientes alternativas: el FAP crece más rápido que la oferta de productos financieros privados de inversión.

Beneficios.

Las externalidades positivas de las AFAP no terminan acá. Son el principal inversor institucional del país. Un gigante que, durante la crisis del 2002 en la que los títulos públicos uruguayos caían en picada y las voces de que caminábamos irremediablemente a un default se multiplicaban, fueron casi el único inversor que continuó comprando bonos gubernamentales. El gobierno se financió con sus compras y estas inversiones a la postre resultaron de una rentabilidad extraordinaria para los futuros jubilados.

Entre sus aproximadamente 450 empleados se cuentan algunos de los mejores profesionales de inversión que tiene este país. Profesionales que, a través de su diaria labor contribuyen con profesionalizar y sofisticar nuestro pequeño mercado de capitales, al demandar un alto estándar para poder invertir (lo que en la jerga se denomina realizar las inversiones Afapeables), aportan liquidez y contribuyen con price discovery. Han contribuido realizando propuestas, algunas de las cuales derivaron en normas que mejoraron el mercado de capitales.

Los ahorristas han tenido acceso a inversiones que de forma individual no serían posibles. Ojalá más temprano que tarde se aprueben reformas (hace tiempo aprobadas en otros países de la región) que incentiven el ahorro voluntario y que, con el objetivo de ampliar las oportunidades de inversión y posibilitar una diversificación eficiente, se autorice a las AFAP invertir en una mayor cantidad de activos externos.

La solución.

La reforma previsional de 1995 es una de las reformas estructurales más importantes que nuestro país llevó adelante. Así como a una casa con riesgo de derrumbe y con grietas por todos lados, a la que se le hacen arreglos para enderezarla, una reestructura y reorganización de tal magnitud difícilmente logre resolver todos los problemas.

El problema de los cincuentones —que se vieron perjudicados dado que no se les reconocieron los aportes al BPS anteriores a la reforma jubilatoria— es uno de los "baches" que quedaron. Esta podría haber sido una buena oportunidad para, además de enmendar el perjuicio a este grupo, hacer una reforma de fondo que asegure la sostenibilidad Inter temporal. Lamentablemente se resumió en un toqueteo al sistema y un discurso contra las AFAP.

El problema de la seguridad social es un problema complejo que requiere de soluciones duras. Soluciones que tienen costos electorales y con beneficios que se ven sólo en el largo plazo. Esperemos no tener que llegar a una situación extrema para abordar una discusión constructiva de los temas de fondo, y resolverlos. Si no lo hacemos, estamos dejando un legado de ajuste muy doloroso para las generaciones venideras.

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