OPINIÓN

Una brújula para el Inefop

El acuerdo de libre comercio con la Unión Europea generó alegría en todo el cono sur y no es para menos; significa la oportunidad de acceder a un mercado que involucra 510 millones de personas y representa un PIB que supera nueve veces al de todo el Mercosur. 

Inefop. Foto: El País
Inefop. Foto: El País

Esto, sumado al nuevo tablero político que quedó conformado desde junio en Uruguay, abren un nuevo espacio de análisis y debate respecto de las políticas de desarrollo y más específicamente de empleo, el principal factor de inclusión social.

Es una preciosa ocasión que el país tiene para diversificar su matriz productiva, avanzar en la I+D+I, incorporar nuevas tecnologías e incrementar el conocimiento productivo.

En razón del peso determinante que hoy tiene para la inversión el hecho de contar con mano de obra calificada, cabe preguntarse: ¿Cómo debemos transformar nuestros soportes de formación y capacitación de trabajadores para que puedan contribuir a armonizar el crecimiento económico, el empleo y la erradicación de la pobreza? ¿Cuál es la visión innovadora que nos permitirá revertir nuestras brechas inmediatas, sin dejar de atender las tendencias que marcarán el mediano y largo plazo?

Lo expuesto, inevitablemente se relaciona con la brújula que deberá orientar de aquí en más el rumbo del Inefop; pieza clave para que podamos dar un salto cualitativo en materia de capital humano. Más que nunca en esta materia nuestras decisiones deberían centrarse en asegurar el “long life learning“ a los uruguayos. Será este el eje que le dará coherencia a todo el sistema educativo (primaria, secundaria, educación técnica, profesional y universitaria) y podrá asegurar pasarelas entre los diferentes niveles y modalidades que reconozcan y potencien lo aprendido previamente.

La sustentabilidad de ese esfuerzo, entre otros aspectos, compromete:
• Fomentar la participación de los interlocutores sociales de sectores clave en el diseño, gestión y evaluación de las políticas orientadas a la formación y capacitación laboral. El fuerte protagonismo del ámbito privado debería traducirse no sólo en un diálogo social diferente, sino también en mecanismos de rendición de cuentas sobre la calidad y pertinencia de las calificaciones, según los requerimientos de competitividad de las empresas.

• Implementar programas para el fortalecimiento de capacidades y liderazgo en esos actores empresariales y sociales involucrados con la capacitación y formación de trabajadores.

• Crear instancias de coordinación entre los distintos estamentos del sistema educativo, teniendo en claro que el desarrollo de las habilidades socio-conductuales, que enfáticamente demandan los empleadores, se inicia en la escuela. Además, será la utilización de las nuevas tecnologías en los procesos de aprendizaje lo que propiciará la inserción, progresión y reconversión de las personas en un cambiante mercado de trabajo.

• Integrar dispositivos que garanticen la calidad de las calificaciones a través de procedimientos que permitan la identificación, acreditación y certificación de las competencias adquiridas en los espacios formales y a través de la experiencia laboral.

• Reconocer la relevancia que tienen la formación docente y el diseño curricular en la calidad de los procesos de aprendizaje y comprometer en estos últimos a las empresas, a través de métodos que contemplen la alternancia con las instituciones (formación dual).

• Empoderar a los estudiantes a través de mecanismos de orientación vocacional y laboral que les ayuden a tomar las mejores decisiones respecto a sus trayectorias formativas y puedan a su vez, afrontar los desafíos, tanto actuales como futuros, que les deparará el mercado de trabajo. Las políticas públicas en esta materia deberían además tenderles puentes hacia niveles más altos de educación, incluida la universitaria.

• Construir y aplicar indicadores de monitoreo y evaluación que permitan medir no sólo procesos, sino también impacto, para transparentar los logros obtenidos desde la capacitación en términos de acceso y participación, contribución a la productividad, innovación y mejora de la calidad del empleo.

• Promover la transición digital de empresas y trabajadores hacia un modelo de negocios basado en la gestión del conocimiento, aprovechando las potencialidades de la industria del software y aquella vinculada a la utilización de las TIC.

Estoy absolutamente convencido que la formación continua de la fuerza de trabajo termina fusionando las ópticas económica y social, al enfatizar la educación como factor de promoción y mejora de la empleabilidad de los individuos, más allá de su extracción social, económica o cultural.

Por lo pronto, el plan de acción que el Inefop tiene por delante se ha complicado; tendrá que reconocer otros protagonismos, ser más ambicioso y rápido en su reacción. Su estándar de desempeño ya no podrá circunscribirse a la cantidad de trabajadores capacitados, subsidios a las empresas, convenios interinstitucionales o recursos financieros utilizados.

La realidad a modificar nos muestra que un niño con el apoyo del actual sistema educativo cuando alcance los 18 años va a tener apenas un 60% de su capacidad total en términos de productividad; se mantiene un desempleo juvenil que triplica al de los adultos y el déficit de calificaciones según los empresarios, sigue siendo no menos de un 40%.

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