Jorge Caumont

En breve estará la respuesta

Transcurridos nueve años con la inflación por encima del techo del rango meta oficial original y habiéndose apelado a lo que la conducción económica indicó como "todos los instrumentos a disposición para combatirla", la tasa de suba de precios seguirá por más tiempo sin ingresar a la banda.

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Este domingo hay que atrasar los relojes. Foto: morguefile.com

El "desacople" de la economía local de las de la región tampoco ha funcionado como predecían analistas cercanos al gobierno y la discusión, con argumentos desajustados de la realidad, se ha tornado a si el país está o no en recesión. Por si fuera poco, el tercer tipo de desequilibrio macroeconómico —de los tres tipos que existen—, el del sector externo, se viene profundizando. Ya hay un creciente deterioro con déficit de la balanza de pagos a pesar del alza del ritmo devaluatorio. El diagnóstico no es un invento. Hasta hace poco se hablaba de un solo problema macroeconómico: el inflacionario. Aunque a la situación fiscal se la menciona hasta hoy como otro problema macroeconómico, no es algo endógeno sino reflejo de decisiones oficiales.

Anticipación.

Como en otras áreas, desde el punto macroeconómico los problemas que se pueden presentar se deben prevenir. Los que se deben corregir son los que no se previno que ocurrirían. Y la prevención de desequilibrios tales como los relativos al comportamiento de la actividad, de la inflación y de la balanza de pagos, es notoriamente más fácil que su corrección cuando ya existen. Los esfuerzos que se exigen a las políticas de prevención son mucho menores que los que se deben requerir cuando los desequilibrios se han producido. Prevenir un episodio de salud requiere menos esfuerzo que curarlo. Y en los últimos años pese a que se podían anticipar los problemas macroeconómicos, las políticas aplicadas no han sido exitosas en evitar los que hoy se enfrentan y que en breve se pueden acentuar.

Ya es bien conocido que la inflación es un fenómeno monetario, que sin dinero no hay inflación. La acción de contención no debe entonces jugarse al control de precios como muchos creen y justifican. Debe basarse en el abandono de la erraticidad de la política monetaria, supuestamente absolutamente contractiva pero relativamente expansiva para lo que es hoy la demanda por medios de pago para las transacciones.

La contención recomienda además, la reconsideración de la política salarial, librándola a la negociación entre empresa y sus trabajadores que son quienes conocen las condiciones de mercado reales en que desempeña su actividad, y apuntando al criterio de ajustes de acuerdo no con el de la productividad del trabajo sino al del valor de la productividad del trabajo. Y si hay algunos que piensan que se debe ir por ese camino, hay muchos más que dicen o dirán que es muy difícil lograrlo. Tampoco hay acuerdo en lo que es una economía en recesión. Unos dicen que es cuando por dos trimestres la economía declina aunque lo más correcto sea considerar que aún creciendo la economía estaría en recesión toda vez que se expanda por debajo de su potencial de crecimiento, el dado por la combinación de trabajadores y de capital, en sus diversas formas.

Algo que también puede ser discutible pues en muchos casos se piensa que si ello ocurre durante pocos meses la recesión no es tal. Pero de nuevo, miremos hacia adelante, siempre para prevenir, para ver si las medidas están para mejorar. O si se espera que se vuelva nuevamente más expansiva la política monetaria norteamericana, que eso debilite al dólar, haga subir nuevamente a los precios de los commodities, y sea incentivo para el retorno de capitales financieros y en inversión. O que Brasil de vuelta las razones de su formidable declinación, que se torne un país caro y se revierta la situación de precios relativos actual y que en Argentina haya expansión con atraso cambiario oficial y en el mercado paralelo que permita derramar parte de su demanda agregada hacia Uruguay. Pero no es nada de eso esperable en el corto plazo ni tal vez en el mediano, por lo que tiene que haber alguna acción para esperar el nuevo arranque de la economía o su aceleración, como se quiera ver. Y los reflejos no muy lejanos, bien próximos a esa situación inflacionaria y de baja actividad, son los que se dan en el sector externo, en la balanza de pagos. Las exportaciones declinan como las importaciones, y el ingreso de capitales que se ha transformado en egreso dando como resultado que, a pesar de la fuerte devaluación de la moneda, se pierdan reservas y no se alcance para equiparar precios con la región.

Y entonces.

En el corto plazo la corrección de los problemas mencionados será difícil y tanto más cuanto más intransigentes sean gobierno, trabajadores y empresarios y cuanto más se niegue a la realidad. Desde varios ángulos se descalificará lo que vengo señalando, que la situación macroeconómica no es tal, que no será tal y que lo que se invoca como necesario tampoco es lo correcto. Pues bien, si no es así, sigamos como hasta ahora y volvamos a hablar en seis meses.

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