ANÁLISIS

Brasil en la ruta de la prosperidad

Una lectura objetiva de los indicadores económicos demuestra que la nueva política económica del gobierno de Jair Bolsonaro ha logrado resultados muy positivos.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Foto: Reuters.
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Foto: Reuters.

Pasado poco más de un año desde el inicio del mandato del presidente Bolsonaro en Brasil, una lectura objetiva de los indicadores económicos demuestra que la nueva política económica del gobierno ha logrado resultados muy positivos.

La reversión de la tendencia anterior de estancamiento ha sido reconocida por el FMI, que hace poco ha elevado a 2,2% la previsión de crecimiento de la economía brasileña para el 2020. La salud económica del país se demuestra por la creación, en el 2019, de 644 mil nuevos empleos formales en Brasil, mayor número desde 2013. Entre el primer y el último trimestre del 2019, la tasa de desempleo en el país se redujo del 12,7% al 11,0%.

En noviembre pasado, se completaron siete meses seguidos de crecimiento en el comercio minorista, con el nivel de ventas más alto desde 2016. La inflación sigue en niveles históricamente bajos, alrededor de 4% al año, y los tipos de interés han caído dramáticamente – la tasa de referencia “Selic” se encuentra en su menor nivel de la historia, 4,5%. La recaudación de impuestos en el primer año del gobierno superó los 350 mil millones de dólares y fue la mayor de los últimos cinco años.

Otro síntoma de la mejora del escenario económico brasileño ha sido el retorno de la confianza de los inversores. Brasil fue el cuarto principal destino de inversión extranjera en el mundo en el 2019, después de Estados Unidos, China y Singapur. El país recibió 75 mil millones de dólares, 25% más que en el año anterior.

Desde la toma de posesión del presidente Bolsonaro, el riesgo país de Brasil bajó a menos de la mitad y alcanzó los 96 puntos a finales de enero del 2020, el valor más bajo en diez años. De enero a noviembre del 2019, el número de nuevas empresas creadas en Brasil creció 23%. Con la retomada del dinamismo en la actividad económica, la bolsa de valores de San Pablo presenta una curva de crecimiento sin precedentes. El índice Ibovespa opera hoy cerca de sus niveles máximos históricos y registra alrededor de 115 mil puntos.

Indicadores económicos robustos son resultado del trabajo incansable del equipo de gobierno para promover las reformas necesarias para abrir, modernizar y liberalizar la economía brasileña.

El mayor logro del último año, después de un amplio e intenso diálogo que involucró a toda la sociedad, fue la aprobación en el parlamento de la reforma de la Seguridad Social. Vigente desde noviembre, la nueva ley establece edades mínimas de jubilación – 65 años para hombres, 62 para mujeres – y trae reglas unificadas para los sectores público y privado.

La reforma, que gobiernos anteriores habían intentado sin éxito, garantiza la solvencia de la Seguridad Social, elimina privilegios y representa, para el sector público, un ahorro de doscientos mil millones de dólares en la próxima década.

Hubo avances relevantes en términos de reforma administrativa, con medidas para generar más transparencia y para reducir el tamaño del Estado. En el año pasado, el gobierno emitió dos decretos que extinguieron alrededor de cuarenta mil puestos de trabajo en el servicio público, como parte del esfuerzo de reequilibrar las cuentas del gobierno.

La deuda pública brasileña volvió a una trayectoria sostenible en el 2019 y se redujo por la primera vez en seis años, al 75% del PIB. Para mejorar la eficiencia del sector público y combatir la corrupción, el gobierno decidió abrir las licitaciones públicas en Brasil a empresas extranjeras.

En esta misma línea de adoptar las mejores prácticas internacionales vale mencionar el proyecto que otorga independencia al Banco Central, que avanza en el parlamento y deberá transformarse en ley en los próximos meses. El gobierno seguirá avanzando en las privatizaciones y trabaja para aprobar, aún en el primer semestre del año corriente, la reforma del sistema tributario, que deberá simplificar normas y facilitar los negocios y las inversiones privadas en Brasil.

El esfuerzo de liberalización y apertura de la economía brasileña se refleja en una nueva postura de Brasil en relación al Mercosur. Queremos un bloque que contribuya a aumentar la competitividad de nuestras economías y a reforzar nuestra inserción en el mundo.

Vamos a seguir trabajando para abrir nuevos mercados y para profundizar la integración del bloque al comercio internacional. En el primer año del gobierno Bolsonaro, hemos logrado la histórica conclusión de los acuerdos Mercosur-Unión Europea y Mercosur-EFTA, en los cuales Uruguay ha sido un aliado fundamental. Sin descuidar la implementación de estos acuerdos, queremos seguir avanzando en las negociaciones en curso con Canadá, Corea del Sur y Singapur, además de explorar oportunidades con nuevos socios que quieran buscar vínculos comerciales con el Mercosur.

Más allá de lo económico, el gobierno Bolsonaro ha adoptado políticas de vanguardia en muchos otros temas, para dar respuestas al deseo de cambio que la población de Brasil expresó en las urnas. El ejemplo más tajante es en la seguridad pública, donde ya se notan los resultados de la nueva disposición en el combate a la criminalidad. En mi estado natal, Rio de Janeiro, la tasa de homicidios ha bajado al menor nivel desde 1991.
Todos estos hechos son motivo de optimismo no solo para los brasileños, sino también para nuestros vecinos.

En el caso de Uruguay, considerando los profundos vínculos entre nuestras economías, las políticas de liberalización económica y apertura comercial del gobierno brasileño se traducen en buenas oportunidades de negocios para los empresarios locales.

El presidente Bolsonaro vendrá a Montevideo para participar en los actos de toma de posesión del presidente Lacalle Pou, y estamos trabajando para que esta sea solamente la primera de muchas visitas bilaterales de alto nivel, para profundizar el diálogo y la cooperación entre las autoridades de nuestros países. Estoy seguro de que las buenas noticias desde Brasil podrán contribuir a la perspectiva de un nuevo período de prosperidad que ya se delinea también en Uruguay.

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