JAVIER DE HAEDO

Brasil, realidad y expectativas

En los últimos meses, con el cambio de gobierno, las expectativas mejoraron mucho en Brasil. La evolución del precio del dólar parece reflejar bien este proceso, desde que tocó los BR$ 4,17 el 21 de enero, hasta niveles de menos de BR$ 3,20 en el mes en curso. Precios de activos diversos reflejan lo mismo.

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Brasil. Foto: Pixabay

También mejoraron algunos indicadores, pero hay otros que siguen dando malas noticias. En esencia es poco lo que ha cambiado en los fundamentos de la economía, por lo que de no respaldarse en hechos concretos, la mejoría será efímera. Sólo con expectativas no se puede andar por demasiado tiempo.

Hay dos ajustes importantes que deben ser procesados de modo de que las cosas mejoren de verdad: el sector fiscal tiene un déficit insostenible que está haciendo que la deuda pública no pare de subir y el sector previsional requiere una reforma que baje su déficit a largo plazo, mediante ajustes en los parámetros del sistema. El primero de esos ajustes ha comenzado con éxito su tránsito por el Congreso.

Indicadores.

El PIB volverá a caer en este año, más de 3% como ya ocurrió en el año pasado. Mientras tanto, se espera una mejoría de 1,3% para 2017. El desempeño de la actividad económica brasileña ha venido siendo muy pobre, especialmente si se lo compara con el de sus compañeros de clase, las economías emergentes: en los últimos 10 años Brasil creció al 2,0% y los emergentes, al 5,4%, y en los últimos cinco años, éstos crecieron al 4,6% y Brasil cayó al 0,5% anual.

El desempleo está reflejando el deterioro de la economía en los últimos dos años y entre los trimestres junio-agosto de 2014 y 2016 pasó del 6,9 al 11,8% de la población activa. A todo esto, la inflación ha comenzado a ceder desde el pico del 10,7% en enero hasta el 8,5% en septiembre, aunque el núcleo de la inflación ha ido más abajo y ya está en el 7,1%. Se espera que en los primeros meses del año próximo la inflación ingrese dentro del rango meta (2,5% a 6,5%). También se espera que comience un proceso gradual de descenso de la tasa Selic, de política monetaria, que está en 14,25% desde finales de julio del año pasado. El descenso esperado de esta tasa coadyuvará a la recuperación de la economía el año próximo.

En el frente fiscal es donde permanecen los problemas mayores, y por eso la urgencia de procesar los ajustes referidos. En los 12 meses a agosto, hubo un déficit primario de 2,8% del PIB y la cuenta de intereses nominales ascendió a 6,9%. No obstante, los intereses ajustados por inflación alcanzan a 1,9% del PIB y el déficit "operacional" llega a 4,6%. Un déficit alto da lugar a una deuda creciente: la deuda bruta del gobierno general llegó en agosto al 70,1% del PIB, cuando un año antes alcanzaba a 64,0% y dos años antes a 54,5%. Se trata claramente de una situación explosiva en poco tiempo si no se introducen ajustes contundentes.

A todo esto, hubo buenas nuevas en el sector externo: el déficit de cuenta corriente se ubica actualmente en sólo 1,5% del PIB (habiendo alcanzado al triple hace un año y medio, se comprueba la magnitud del ajuste realizado por el sector privado) mientras que las inversiones extranjeras directas llegan a 4,2% del PIB, por lo que el saldo del financiamiento externo es superavitario en 2,7%.

Por último, en este repaso de los principales indicadores, veamos el tipo de cambio real (TCR). Parece claro que aquellos BR$ 4,17 de enero no eran propios de una situación normal, la pregunta es qué tal se está ahora, casi un real por debajo del nivel de entonces. Si se compara el nivel actual del TCR con el promedio histórico desde 1985, se percibe un "atraso" inferior al 10% con Estados Unidos y uno inferior al 20% con la UE.

Ajuste extremo.

Está a estudio del Congreso brasileño una Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) mediante la cual el gobierno impulsa un "Nuevo Régimen Fiscal". La PEC limita por 20 años el crecimiento del gasto presupuestal de la Unión a la tasa de inflación medida por el IPCA, o sea que lo deja congelado en términos reales. Una locura por donde se la mire, imposible de cumplir, lo que se puede comprobar haciendo cuentas bien sencillas. Supongamos que en los próximos 20 años Brasil crece tan poco como en los últimos 20, al 2,6% anual. Si se parte, por ejemplo, de un gasto equivalen te al 20% del producto, esa regla conduce a que al cabo de los 20 años, el gasto se habrá reducido al 12% del PIB. Y si se crece al 3,5% en vez de al 2,6%, el gasto cae del 20% al 10% del producto.

La situación fiscal brasileña es extrema, pero el ajuste planteado es tan extremo que es incumplible. A lo sumo puede ser "útil" para apagar un incendio si se lo aplica por cuatro o cinco años, pero 20 es un disparate. El presidente Temer ha reconocido que en pocos años esta regla debería ser revisada. Además, una parte del presupuesto está indexado y tiene implícita una regla de aumento real (las jubilaciones), por lo que el resto del presupuesto debe constreñirse mucho más todavía.

En fin, hay mucho para ver todavía en esta novela, pero lo que es cierto es que como bien se dice, Brasil es un país con enorme futuro… y seguirá siéndolo.

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