Entrevista

Brasil necesita priorizar una impostergable reforma estatal

La “máquina” del Estado se lleva el 39% del PIB, y el déficit público se ha convertido en el peor problema.

Ana Carla Abrão. Foto: El País
Ana Carla Abrão. Foto: El País

El déficit público de Brasil es el peor problema que tiene la economía del país, según la economista Ana Carla Abrão, consultora privada y presidente del Consejo de Gestión Fiscal de la ciudad de São Paulo. Afirma que el nuevo gobierno que surja de la elección de octubre deberá afrontar un ajuste y todas las reformas pendientes para superar la peor crisis económica de la historia. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿El principal problema de Brasil en la actualidad está en el frente fiscal?

—Así es, nuestro mayor problema es el fiscal, consecuencia de años de crecimiento de gastos a tasas muy superiores al crecimiento de los ingresos. El desequilibrio es grande y es necesario enfrentarlo si queremos volver a crecer de forma sostenible. El problema fiscal es también complejo en función de la rigidez de nuestro presupuesto. En la actualidad, más del 90% de nuestros gastos son obligatorios, lo que hace el ajuste más difícil, pues depende de cambios legislativos importantes, como la reforma de la previsión social y reducciones de gastos de costos de la "maquinaria pública". Por eso la importancia de acceder a un nuevo gobierno reformista que, con legitimidad, enfrente esas dificultades y consiga aprobar las reformas en el Congreso Nacional.

—Se ha hablado de flexibilizar la "regla de oro fiscal" que limita el gasto público para atender demandas; ¿es posible una medida de esa naturaleza en estos momentos?

—La Regla de Oro es un anclaje fiscal muy importante. Evita que los gobiernos se endeuden para pagar gastos corrientes. Como es justamente en el costeo del Estado que se asientan las fuentes de nuestro desequilibrio fiscal, flexibilizar la Regla de Oro significa agravar el problema fiscal brasileño y abrir la oportunidad para que las soluciones sean pospuestas. Sería la solución fácil para un problema complejo y estructural. Optamos por un ajuste gradual, que ahora se muestra insuficiente para la reanudación de la confianza y el crecimiento. El camino ahora es la profundización del ajuste; insisto que mover la Regla de Oro iría en la dirección contraria de lo que el país necesita.

—Ante la inminencia de las elecciones, ¿es posible discutir estos asuntos?

—Vivimos nuestra peor crisis económica de todos los tiempos, con una caída de más del 10% en nuestra renta per cápita y 14 millones de desempleados. A diferencia de 2014, cuando los verdaderos problemas de los brasileños fueron ignorados en el debate electoral, ahora creo que será diferente. La población brasileña quiere entender en base a qué políticas podremos volver a crecer y a generar empleo y renta. No hay como huir de ese debate y la agenda de reformas acompaña esta discusión. Creo que tendremos un debate electoral más cualificado, con una población más atenta al posicionamiento de cada candidato. El resultado de la elección dirá, sin embargo, si los brasileños se rendirán ante un populista que vende "soluciones fáciles" o ante un reformista que encare los problemas brasileños y muestre la necesidad de los ajustes.

—El incremento del gasto es un problema histórico. La ineficiencia de ese gasto también, y con diferentes partidos. ¿Qué hacer?

—Hay que invertir en una profunda reforma del Estado brasileño. Hemos trabajado con esta pauta aquí en Oliver Wyman y tengo convicción de que esa es, después de la reforma de la seguridad social, la más importante reforma que Brasil necesita hacer. La maquinaria pública se lleva el 39% del PIB, mientras que los servicios públicos de Brasil se evalúan como los peores del mundo. Es necesario revisar el modelo de gestión del estado brasileño, con revisión de las numerosas carreras de servidores públicos, introducción de criterios objetivos de meritocracia y evaluación de desempeño de servidores y de impacto de las políticas públicas. Sólo así tendremos condiciones de mejorar la calidad de los servicios públicos básicos, beneficiando a la mitad de la población brasileña que depende hoy del Estado para tener acceso a la salud, educación, seguridad y una red de protección social.

—Ante la tensión política existente, dados los casos de corrupción y la polarización actual; ¿la economía es una materia que será tenida en cuenta por los votantes en esta elección?

—Ciertamente las cuestiones económicas tendrán, junto con el tema de la seguridad, la posición central en el debate electoral de este año.

—¿Con qué Brasil se encontrará el futuro presidente?

—Nuestro próximo presidente se encontrará con un Brasil que necesita, sobre todo, crecer y generar empleos. Y el gran desafío será mostrar que el único camino posible es el de las reformas. No será un discurso fácil, pero la elección dará al nuevo presidente lo que nos falta hoy: liderazgo y legitimidad.

—Las expectativas económicas que recoge el Banco Central semanalmente han mostrado un deterioro. ¿Esta percepción de los agentes está en línea con lo que esperan los empresarios y los consumidores?

—El principal motivo de deterioro es la falta de las reformas estructurales, en particular la previsional, como ya lo comenté. Al perder fuerza política, el gobierno perdió la capacidad de avanzar con una agenda que se imaginaba todavía en curso. En ese ambiente de pérdida de confianza se generó la huelga de los camioneros, que expuso la fragilidad y debilidad del gobierno, y aceleró un proceso de corrección que ya venía siendo hecho de forma gradual. Finalmente, el cuadro electoral incierto, con discursos populistas ganando espacio, agrega incertidumbres y genera dudas sobre la necesaria y urgente agenda de reformas que necesitamos afrontar.

—Usted ha insistido con la necesidad de reformar la seguridad social, cuando el último impulso reformista (la reforma laboral) generó muchos enfrentamientos. ¿Cree que es posible instrumentarla?

—Cualquiera que sea el Presidente electo en octubre de este año, deberá enfrentarse a esa necesidad. De lo contrario, el país entrará en colapso y tendremos el destino que tuvo Grecia, o incluso internamente con la quiebra del estado de Río de Janeiro. Pero esto está cada vez más claro para los precandidatos que, en su gran mayoría, admiten la necesidad de la reforma ya al inicio de sus mandatos.

—¿Qué debería seguir en el plano de las reformas?

—La reforma administrativa está en el ámbito de la Reforma del Estado, que he citado antes y que hoy es necesaria no sólo para la búsqueda de reducción de gastos, sino también para buscar la mejora en la calidad de los servicios públicos. Hoy el Estado beneficia a varios intereses particulares, en particular de los funcionarios públicos, en detrimento del ciudadano que paga sus impuestos y poco recibe a cambio.

Otra reforma importantísima es la tributaria. Tenemos un sistema tributario que genera ineficiencias económicas y tributa de forma regresiva. Los más pobres son los que más pagan impuestos en Brasil, mientras que los más ricos se benefician de planificación tributaria, exenciones específicas y beneficios fiscales que acaban por reducir la carga tributaria relativa en las franjas más altas de renta. Hay, por lo tanto, un imperativo de eficiencia y de justicia social en la reforma de nuestro sistema tributario. Actualmente hay convergencia no sólo sobre la necesidad de crear un nuevo sistema tributario en Brasil, sino también propuestas maduras que son defendidas por diferentes corrientes políticas.

— ¿Cuáles son las claves para el futuro de Brasil?

—No tengo más remedio que insistir: reformas, reformas y reformas. Hay una agenda de grandes reformas, como las que nombré, pero hay también reformas microeconómicas, que van a garantizar las ganancias de productividad que permitirán a Brasil crecer a tasas más altas y de forma sostenible. Esta agenda trata desde una mejora en el ambiente de negocios —con impactos positivos sobre el mercado de crédito y las inversiones en general—, hasta la atracción de recursos privados para inversiones en infraestructura, uno de nuestros grandes cuellos de botella.

Para que todo esto suceda dependemos de los resultados de las elecciones presidenciales de 2018. Será una elección fundamental para definir el futuro de Brasil. Si optamos por una solución populista, estaremos amenazando nuestro futuro y abandonando la idea de un país más próspero y más justo. Si elegimos una plataforma que promete profundizar los ajustes, ahí sí podemos esperar un futuro mejor para todos los brasileños.

La combinación de gobierno débil y año electoral es un enorme riesgo

—¿Existe alguna capacidad de articulación en el actual gobierno para llevar adelante alguno de los cambios que considera necesarios?

—Este gobierno no tiene más capacidad para aprobar ninguna reforma relevante. El gobierno de Temer lo vamos a recordar por cambios importantes en un momento difícil, como lo fueron la reforma laboral y el techo al gasto, pero su tiempo ya pasó, y lo político ha ido ganando terreno ante los temas de buen gobierno.

A excepción de las micro reformas que todavía están en discusión en el Congreso Nacional, como la modernización de la Ley de Recuperación de Empresas y de los Registros de Crédito, casi nada más podrá avanzar bajo este gobierno.

Lo que tenemos que estar atentos es, por el contrario, que no existan mayores retrocesos en este último tramo del mandato. La combinación de un gobierno políticamente débil con el año electoral es siempre un gran riesgo de que sean aprobadas leyes y políticas con impactos que pueden ser negativos para el futuro. Dada nuestra situación fiscal frágil y la necesidad de profundizar el ajuste, sería un gran riesgo tener aumentos de gastos aprobados y destinados para el futuro.

Por otro lado, si tenemos la elección de un Presidente con una agenda de reformas definida y legitimada en las urnas, la ventana entre octubre y diciembre de 2018 no debería ser subestimada. Puede ser utilizada por el próximo presidente para aprobar cambios importantes para el inicio de un nuevo gobierno.

perfil
Ana Carla Abrão. Foto: El País

Master en Economía (EPGE/FGV) y Doctora en Teoría Económica (FEA/USP). Socia de la consultora Oliver Wyman; fue secretaria de Hacienda en el Estado de Goiás y hoy preside el Consejo de Gestión Fiscal de la Prefectura de São Paulo.

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