JAVIER DE HAEDO

Brasil con un crecimiento mediocre

Muchos son los indicadores relevantes en la coyuntura brasileña actual y varios los que cuentan una historia interesante sobre la situación de la economía vecina, pero si tengo que elegir uno por sobre los demás, me quedo con el Producto Interno Bruto (PIB). 

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Pese a ajustada victoria, no será sencillo el segundo mandato de Dilma Rousseff. Foto: AFP

Si nos atenemos a las proyecciones que semanalmente produce el Banco Central de Brasil (BCB) mediante encuestas de expectativas, el consenso apunta a un crecimiento de 0,14% en 2014 y a 0,55% en el nuevo, de acuerdo con la última de diciembre.

De este modo, en la primera mitad de la década Brasil promediará un crecimiento económico de apenas 1,4% anual. En el mismo lapso, el promedio de las economías emergentes habrá crecido al 5,1% anual, tres veces y media lo que Brasil, de acuerdo con las proyecciones de octubre del FMI. Demasiado poca expansión para un país emergente, sólo un poco más de lo que crece su población, en torno a 1% cada año. Dicho sea de paso, Brasil habrá terminado 2014 con un PIB de US$ 2.180 billones (miles de millones) y, con una población de 203,6 millones de habitantes, un PIB per capita de US$ 10.700.

Por qué crece poco.

Las razones para tan magro desempeño se deben buscar tanto en aspectos estructurales como coyunturales. Entre los primeros, destaca que se trata de una economía relativamente cerrada donde sus exportaciones de bienes apenas superan los diez puntos del producto. Entre los segundos, destaca la alta tasa de inflación, que cerró 2014 en torno al límite superior del rango objetivo (2,5% a 6,5%). Frente a esa tasa de inflación se opone una elevada y creciente tasa de interés de referencia de la política monetaria (Selic), que pasó de 10% a 11,75% a lo largo del año pasado y que se espera que siga subiendo. En ese contexto, el dólar, aún en niveles relativamente bajos en términos históricos, no puede "dejarse ir" demasiado debido a su impacto en el IPC, si bien éste es mucho menor que en Uruguay, donde la dolarización de la economía es mayor.

El dólar recuperó posiciones en Brasil en los últimos años, desde que tocó un piso de 1,56 reales en el promedio de julio de 2011 hasta los casi 2,65 reales que promedió en diciembre pasado. Pero hay que tener en cuenta dos cosas (aplicables, por cierto, a nuestro país) porque la mera variación nominal del dólar es apenas una parte de la información relevante: hay que considerar la inflación doméstica (superior a la media global) por un lado y por otro, tener en cuenta que el dólar subió en casi todo el mundo. De este modo, si bien el tipo de cambio real brasileño mejoró en los años recientes, todavía estaba, al cierre de 2014, alrededor de un 10% por debajo de sus promedios históricos.

Balanza de pagos.

Otra fuente importante de indicadores es la balanza de pagos, de la que hay información hasta noviembre. Por un lado, los datos del comercio exterior coinciden con el pobre desempeño económico referido: las exportaciones de bienes caen 6% y las importaciones de bienes se reducen 4%. De este modo, el saldo de la cuenta corriente sufre un nuevo deterioro y apunta a cerrar 2014 en -4,2% del PIB. Por otro lado, la inversión extranjera directa (IED) se mantiene en una magnitud elevada y estable desde 2011, de casi 3% del PIB. Finalmente, se destaca que en 2014 hubo un fuerte ingreso neto de capitales financieros, tras dos años pobres, si bien en el último bimestre hubo indicios de que esa situación comenzaría a darse vuelta.

Es habitual que los economistas veamos el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos como uno de los "datos clínicos" fundamentales. En ese sentido, Brasil está en la mira de analistas, bancos de inversión y calificadoras de riesgo por su elevado déficit en la cuenta corriente de 4,2% del PIB. Por cierto, a priori y sin ver otros datos, se trata de un mal número, una luz algo más que amarilla, que denota un fuerte desequilibrio entre oferta y demanda internas. En el caso brasileño, ese resultado casi coincide con el déficit fiscal, como veremos enseguida. Sin embargo, aquél número debe relativizarse en la medida en que también es cuantiosa, como vimos, la IED (2,9% del PIB). En un caso como el de Brasil (esto también vale para Uruguay) prefiero ver las "necesidades de financiamiento externo", que resultan de restar la IED al déficit de la cuenta corriente. Este número es de 1,3% del PIB y no es en sí mismo preocupante excepto por su tendencia reciente de los últimos meses, que muestra una clara aceleración.

En todo caso, parece notorio que el ajuste, de la magnitud que deba ser, debería venir por el sector público y no por el privado, que está en equilibrio. Veamos ahora los números fiscales, donde también hay que profundizar el análisis y no quedarse con los números más comunes y corrientes.

Déficit fiscal.

Si vemos los datos a noviembre, hay un déficit fiscal de 5,8% del PIB, que se compone de un déficit primario de 0,2% del PIB y de intereses nominales por 5,6% del PIB. Ahora bien, la deuda pública brasileña está denominada en reales y los intereses nominales tienen dos componentes: la tasa de interés real y el componente inflacionario. El BCB informa que la tasa de interés implícita en la deuda neta total se ubicó en los últimos 12 meses en 18,1%. Mientras tanto, la inflación fue del orden de 6,5%, casi un tercio de aquella. Al mismo tiempo, informa que la "actualización monetaria" de los números fiscales (o el ajuste por inflación) representa 1,8% del PIB, también casi un tercio de los intereses nominales. De este modo, los intereses reales suman 3,8% del PIB frente a los 5,6 puntos de intereses nominales. El déficit fiscal "operacional" o ajustado por inflación llega entonces al 4% del producto (3,8% de intereses reales más 0,2% de déficit primario).

El deterioro fiscal reciente es extraordinario: sólo dos años atrás, en 2012, el resultado operacional era superavitario en 1% del producto, por lo que el sector privado registra un considerable ajuste en los últimos dos años. Para terminar con la reseña de indicadores, señalemos que la deuda interna representa el 46,4% del PIB, mientras que la externa es negativa (Brasil es acreedor neto del resto del mundo por su elevada cifra de reservas) en 14,9% del PIB. Por tanto, la deuda neta del sector público es 31,5% del PIB, y 36,2% si se suma la base monetaria.

De acuerdo con los resultados de la última encuesta de expectativas de 2014, publicada por el BCB, para el presente año 2015 se espera una expansión del PIB de 0,55%, inflación (IPCA) de 6,53%, tipo de cambio de BR$ 2,80 a fin de año y una tasa Selic que seguirá creciendo hasta 12,5%. También se espera que la producción industrial suba 1,0% tras caer 2,5% en 2014; que la cuenta corriente de la balanza de pagos reduzca su déficit en US$ 8 billones debido a una mejoría similar en la balanza comercial; que la deuda pública neta crezca 1,2% del PIB y que la IED tenga la misma magnitud que en 2014. Las proyecciones de cuenta corriente y deuda tienen implícito un déficit fiscal todavía muy elevado, por lo que no se asigna aún suficiente credibilidad al ajuste fiscal que se viene manejando.

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