EL BANCO CENTRAL EUROPEO PODRÍA ENDURECER SU LENGUAJE EN LA REUNIÓN DE MARZO

BCE se prepara para una eventual guerra de divisas

No hay forma de saber lo que pasa por la cabeza de Mario Draghi, jefe del Banco Central Europeo y figura capital en la gestión de la crisis en Europa.

Mario Draghi, presidente del BCE. Foto: Reuters
Mario Draghi, presidente del BCE. Foto: Reuters

Pero hay tres maneras de acercarse a las estrategias que maneja el italiano: sus ruedas de prensa, donde demuestra tener un talento natural para la política —y no solo para la política monetaria—; sus discursos, en los que desarrolla las ideas económicas propias de un banquero central y últimamente las minutas de las reuniones del consejo del BCE.

Las últimas minutas conocidas dejan entrever tres historias: una, el BCE creía hace solo unas semanas que aún es pronto para cambiar el lenguaje acerca de los estímulos, a pesar de que los halcones aprietan cada vez más. Dos: puede haber un cierto endurecimiento pronto, en marzo. Y sobre todo tres: la eurozona cree que la debilidad del dólar obedece a un plan deliberado de la administración estadounidense. O sea: Draghi teme una guerra de divisas si Washington sigue por ese camino.

Draghi acusó veladamente a Steven Mnuchin, secretario del Tesoro norteamericano, de hacer declaraciones para debilitar el dólar y dar así un aventón a la economía norteamericana —si el dólar se deprecia con respecto al euro las exportaciones estadounidenses son automáticamente más competitivas que las europeas—. Esa agresividad verbal está absolutamente prohibida entre los responsables de la política económica de las grandes potencias para evitar alteraciones del tipo de cambio. "Explicar la debilidad del dólar no es sencillo, dada la fortaleza de los datos recientes publicados y las perspectivas de política fiscal y monetaria de EE.UU.", dicen las actas.

En otras palabras: Draghi acusa a Estados Unidos de manipular el mercado de divisas, y su consejo de gobierno debatió acerca de eso en enero. El dólar se ha dejado casi un 3% con el euro en lo que va de año; en las últimas semanas ha tocado máximos de tres años. Si el euro se sigue fortaleciendo, el trabajo de Draghi es más difícil: en primer lugar, las exportaciones europeas son menos competitivas. Pero sobre todo las condiciones financieras son más duras y a la inflación le cuesta más recuperarse para llegar al ansiado "por debajo pero cerca del 2%", mandato que el BCE incumple olímpicamente desde hace un lustro.

EE.UU. puede hacerle daño a Europa por el flanco del tipo de cambio. Pero la baja de impuestos de Donald Trump también preocupa: es posible que la Reserva Federal suba las tasas de interés más rápidamente si Washington sigue adelante con esa rebaja fiscal, lo que provocaría un mayor desajuste entre las políticas monetarias de los dos grandes bancos centrales del mundo. EE.UU. lleva ya varias subas; en Europa no se esperan alzas del precio del dinero hasta bien entrado 2019.

Draghi está ante un dilema. La economía europea crece al mayor ritmo en 10 años. La banca se ha repuesto. El desempleo cayó a 8% y en algunos países —con Alemania a la cabeza— el mercado laboral está en condiciones de pleno empleo. Y sin embargo ni los salarios se recuperan ni la inflación termina de subir. Los halcones del consejo —encabezados por Alemania— hace tiempo que reclaman una normalización de la política monetaria: una suba de las tasas de interés —hoy en negativo— y sobre todo una retirada rápida de medidas como las compras de activos. Draghi se ha negado hasta ahora a tocar el pedal del freno con contundencia: lo hace con sumo cuidado, consciente de que la Gran Crisis tiene siete vidas y la recuperación puede descarrilar. Al cabo, la inflación no está donde debería. Pero las minutas del Eurobanco dejan claro que ese debate está ahí: el lenguaje utilizado "podría ser revisado" en próximas reuniones.

A Draghi le queda año y medio en el cargo, y su mayor obsesión es contener las presiones y no precipitarse en el retiro de estímulos. Pero las actas del consejo dejan claro que el jefe del BCE se verá obligado en breve a dar comienzo a esa tarea; primero con menos compras de activos, y en 2019 con las primeras subas de tasas. Será su sucesor quien prosiga con la normalización de la política monetaria.

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