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Los banqueros debaten sobre riesgo climático

La estabilidad del clima es, a la larga, factor determinante de la estabilidad financiera.

Buscan un acuerdo contra el cambio climático. Foto: Archivo El País
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En el entendido de que existe una correlación entre la gestión del riesgo climático y la creación de valor a largo plazo, las instituciones financieras están comenzando a incluir cada vez más estrategias vinculadas con el manejo de la información vinculada con esos fenómenos y definir estrategias que mitiguen esos efectos. Medir los riesgos a largo plazo asociados con el cambio climático, y al mismo tiempo, desarrollar las oportunidades relacionadas con el financiamiento de la transición, parecen ser los objetivos centrales discutidos por los bancos centrales en la actualidad.

Recientemente se celebró la primera Conferencia Internacional sobre Riesgos Climáticos para Supervisores Financieros, que reunió a representantes de más de 30 países y de más de 50 organizaciones, para evaluar cómo los riesgos relacionados con el clima y el medio ambiente pueden afectar a las instituciones financieras.

Conviccción.

El interés de los banqueros centrales y los supervisores en el cambio climático puede parecer sorprendente. Aunque inesperado, "no es moda, es convicción", afirmó el presidente del Banco Central de Francia, François Villeroy de Galhau.

En su discurso, el banquero defendió que los proyectos de carbón y petróleo y gas tengan un "factor de penalización marrón", aumentando su costo de acceso al financiamiento. También se mostró partidario de que el desarrollo de pruebas de estrés de carbono orientadas hacia el futuro, tanto para las compañías de seguros como para los bancos, contemple un horizonte de tiempo más largo que el usual.

"Las fuerzas del cambio climático son poderosas e inevitables", sentenció el titular del banco francés. Los riesgos físicos (la mayor frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos) son la fuente de riesgo más visible e inmediata para el sector financiero. "Con 710 desastres naturales en 2017, acabamos de vivir otro año de récord de turbulencia climática".

Los seguros.

Es claro que el sector de seguros está a la vanguardia en el tratamiento de riesgos físicos. Sin embargo, contrariamente a la creencia generalizada, si no está cubierto por el seguro, los riesgos físicos también podrían ser importantes para los bancos, precisó Villeroy de Galhau. La falta de protección de seguros cuando ocurren desastres naturales, o las llamadas "brechas de protección", puede aumentar los riesgos de crédito para los bancos si conduce a una actividad económica reprimida y un mayor desempleo.

A nivel mundial, las brechas de protección ya son considerables. Podrían aumentar aún más, incluso en los países desarrollados, si las aseguradoras aumentan sus primas o simplemente se retiran de segmentos de mercado riesgosos. Por tanto, los riesgos físicos deben ser controlados cuidadosamente.

Menos visibles.

Respecto a los riesgos de transición, los relacionados con el ajuste hacia una economía baja en carbono, señaló que son riesgos menos visibles a largo plazo pero, "esos costos de transición y las incertidumbres sobre los ganadores y perdedores seguramente generarán una fuerte volatilidad del mercado y llevarán a resultados macroeconómicos agregados adver- sos". De acuerdo con las primeras estimaciones realizadas por la ACPR —una entidad que supervisa la actividad de bancos y seguros en Francia— el 13% de la exposición crediticia neta total de los bancos franceses se refiere a sectores vulnerables a los riesgos de transición.

El objetivo de las autoridades reguladoras, a juicio del banquero francés, debe ser "mejorar el papel del sistema financiero", no solo para gestionar los riesgos relacionados con el cambio climático, sino también para "movilizar capital para inversiones verdes y bajas en carbono", una iniciativa que calificó como un desafío "cuantitativo y cualitativo".

La inversión.

El desafío cuantitativo está vinculado a la inversión masiva requerida en tres áreas: primero, infraestructura y soluciones técnicas, especialmente en transporte, producción y consumo de energía y agricultura; segundo, bienes intangibles, incluida la formación continua y la investigación; y tercero, la adaptación y mejora de las estructuras existentes, especialmente la rehabilitación térmica de edificios. Las necesidades son tan considerables que la financiación pública por sí sola nunca será suficiente: como ilustración, las necesidades mundiales estimadas podrían alcanzar U$S 90 billones durante los próximos 15 años para la nueva infraestructura verde por sí sola, según información manejada en el evento.

Si bien hubo coincidencias en que el sector privado está mostrando un creciente interés en las finanzas verdes, aún es insuficiente. La sobresuscripción sistemática de bonos verdes en reiteradas emisiones es, según los especialistas, una señal de que faltan productos financieros verdes. Los bonos verdes aún representan menos del 2% de la emisión de deuda global.

"El éxito de la transición también dependerá de nuestra capacidad de ampliar las fuentes de financiación: no debemos confiar únicamente en los bonos verdes. También necesitamos más préstamos verdes y más financiamiento verde en general, accesible para individuos, pymes y nuevas empresas", afirmó el Presidente del Banco Central de Francia. Sostuvo además que será necesario innovar en materia de instrumentos: la titulación verde, los bonos verdes cubiertos, los derivados verdes, las plataformas verdes de crowdfunding y el capital privado ecológico deberían promoverse.

En el plano cualitativo, destacó que el requisito previo para un desarrollo ordenado de los mercados es ir hacia estándares comunes para el mercado de bonos verdes, en principio, en Europa. Sería la convergencia entre los dos de uso más extendido: los Green Bond Principles (GBP) y la Climate Bond Initiative (CBI).

Poder pensar.

Mark Carney, presidente del Banco de Inglaterra, destacó que las instituciones financieras han hecho una "transición de pensamiento", asumiendo los riesgos y desafíos que implica el riesgo climático.

"El futuro será pasado —afirmó—, el cambio climático es una tragedia del horizonte que impone un costo a las generaciones futuras que el actual no tiene ningún incentivo directo para solucionar", y añadió que "la segunda paradoja" es "el éxito es el fracaso". Es decir, un movimiento demasiado rápido hacia una economía baja en carbono podría dañar materialmente la estabilidad financiera. "Una reevaluación mayor de las perspectivas, a medida que se revalúen los riesgos relacionados con el clima, podría desestabilizar los mercados, provocar una cristalización procíclica de las pérdidas y conducir a un endurecimiento persistente de las condiciones financieras", subrayó.

Con una visión optimista, aseguró que existen indicios de que los bancos están comenzando a tratar los riesgos relacionados con el clima como otros riesgos financieros. "La mayoría de los bancos ahora los consideran riesgos financieros, en lugar de simples problemas de responsabilidad social reputacional o corporativa. Han comenzado a considerar los riesgos físicos más inmediatos relevantes para sus modelos de negocio, desde la exposición de libros hipotecarios hasta el riesgo de inundación o, para bancos globalmente activos, el impacto de eventos climáticos extremos sobre el riesgo país. Y han comenzado a evaluar las exposiciones a los riesgos de transición donde la política del gobierno ya está llevando a cabo el ajuste. Esto incluye exposiciones a sectores intensivos en carbono, préstamos de consumo asegurados en vehículos diesel y préstamos de compra para alquilar, dados los nuevos requisitos de eficiencia existentes", subrayó Carney.

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