ENTREVISTA

Banco de inversión suizo evalúa Montevideo

Entrevista con Antonio Palma, socio gestor en Mirabaud Group.

Antonio Palma, socio gestor en Mirabaud Group. Foto: Gerardo Pérez.
Antonio Palma, socio gestor en Mirabaud Group. Foto: Gerardo Pérez.

El grupo financiero Mirabaud quiere instalar en Uruguay su sede de operaciones como asesor de inversiones para el Cono Sur, para lo cual se iniciaron gestiones en la pasada semana. Mirabaud es un grupo bancario y financiero internacional con Sede en Ginebra, Suiza, donde fue fundado en 1819. En la actualidad tiene oficinas en más de una docena de ciudades en el mundo y maneja activos por 34 mil millones de francos suizos.

Antonio Palma, socio y consejero delegado de la firma, identifica a Uruguay como un pequeño país donde precisamente su tamaño es su fortaleza. Sostiene que sus cualidades institucionales son reconocidas, y que por su escala, la capacidad de moverse y adaptarse es mucho mayor que sus vecinos. “Tiene todas las condiciones”, asegura. Palma habló de la estrategia de negocio que desarrolla Mirabaud y de las nuevas tendencias de inversión en la actualidad. A continuación, un resumen de la entrevista.

─ Mirabaud está abriendo una oficina en San Pablo y pretende instalar otra en Montevideo; ¿qué observan de interesante en la región?

─ El espectro es interesante, pero muy variado. Hay varias América Latina. Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, tienen grandes diferencias. Ni pensar Paraguay, Bolivia, Venezuela. Son mucho más profundas las diferencias entre los países latinoamericanos que las que vemos entre los europeos. Por tanto, no se puede hablar de un solo modelo a la hora de pensar América Latina para el negocio financiero. Cada país es un mercado. Y en todos ellos hay oportunidades.

Inclusive, es muy diferente cómo lo podemos ver nosotros que cómo se ven en cada uno de los países. Hace dos años, di una charla en Buenos Aires, y le pregunté a los empresarios que había en la audiencia sobre cuál sería el consejo que le darían a un inversor extranjero que llegaba al país. Se me rieron inmediatamente. “De qué habla usted, si nosotros lo que buscamos son oportunidades para invertir fuera”, respondieron varios… fue una sorpresa. Si los locales no tienen fe, es muy difícil.

─ ¿Por qué Uruguay?

─ La escala de Uruguay, desde el punto de vista financiero, tiene un punto fuerte precisamente en su tamaño. Son pocos habitantes, hay una clase media importante y con capacidad de reaccionar con rapidez ante los diferentes fenómenos. Es más fácil “mover” a este país que a sus vecinos, sin dudas. Desde afuera lo vemos así, y lo consideramos una ventaja.

Surgen posibilidades de inversión en el área de las tecnologías y también a nivel inmobiliario.

─ Hay una gran incertidumbre en la región. ¿Es un buen momento para desembarcar en esta parte del mundo?

─ La hay en todas partes. Estamos en un mundo de alta volatilidad. Eso hay que asumirlo como parte de la realidad. Quienes trabajamos en esto lo que tenemos que hacer es saber explicarle a los inversores de qué viene esa volatilidad, no minimizarla. Existe, y deben comprender de qué forma actuar en estas circunstancias. Todo se basa en la confianza.

Llevo 40 años en las finanzas y el mundo siempre se comportó así; siempre hay incertidumbres, por definición. Las pocas veces que está demasiado tranquilo, es cuando me asusta. Algo más complejo está por venir. Ese banco nació 100 años antes de que existiese el supervisor en Suiza. Hemos pasado por muchas guerras, muchas crisis, y estamos aquí.

Quizá la diferencia en esta época la hace el señor Trump, que con un solo tweet puede generar reacciones en el mundo financiero. Por lo demás, los ciclos, las fluctuaciones que habitualmente tienen los mercados, el petróleo, el dólar, la deuda, etc.

─ Precisamente, ese tipo de acciones en lo político o económico son las que pueden determinar el resultado de una inversión…

─ Nosotros partimos de la base de que al mercado no lo podemos mover, va hacia donde quiere. Por tanto, la clave está en conocer al máximo al cliente y sus preferencias, y en base a ello, asesorarle. Para ello, debemos comprender los fundamentales, que no se cambian en dos minutos ni reaccionan disparados por un rumor. Al cliente se le puede explicar cómo se comporta la deuda de determinados países, pero no advertirle de lo que puede generar Trump con su twitter…

Aunque están desperdigados en todo el mundo, nosotros tenemos pocos clientes en relación con otras instituciones. Pero los conocemos a todos. Y ellos, por supuesto, saben cómo trabajamos.

─ ¿Para ustedes, entonces, los factores que generan volatilidad son solamente un dato de la realidad?

─ Hay que desdramatizar algunos movimientos. Hoy se dice “bajó el petróleo, está en 62 dólares, qué terrible”, pero bueno, hace dos años estaba en 40 dólares el barril. Hay que moverse mirando las largas tendencias. Esa es nuestra estrategia.

Nosotros no somos de los que acertamos en anticipar qué va a pasar. Somos de los que utilizamos la mejor información disponible para atender las aspiraciones del cliente, el riesgo que está dispuesto a asumir.

─ Mencionó antes la intervención de Trump, a través de sus comentarios, en el humor y comportamiento de muchas variables. ¿En qué puede derivar, a su juicio?

─ Si uno observa hoy a Estados Unidos sus indicadores reflejan una realidad muy positiva, pero hay factores que a mediano plazo pueden ser complejos para el futuro de su país. Claramente, la forma en que ha elegido para relacionarse con el mundo, en especial con los países que habitualmente han sido sus amigos. En China hay una gran molestia, y en Europa comienzan a generarse señales menos favorables, porque se sienten maltratados. Eso, a la larga, puede terminar por afectar el clima de inversiones y la confianza. Hay que estar atentos.

─ Europa está en problemas como consecuencia del proceso de conclusión del Brexit; ¿Cómo evalúa el impacto de esa negociación?

─ El Brexit termina siendo una buena solución. Ojalá no hubiera pasado, pero cuando tienes un vecino que todos los días está cuestionando cómo funciona tu comunidad, lo mejor es que se vaya. Que nos deje a los demás, muchos de ellos menos ricos, pero dispuestos a decidir entre nosotros. Hace años que las cosas no marchaban bien entre el Reino Unido y Europa. Esta etapa trae dolores de cabeza, pero a la larga el Reino Unido va a poder desarrollarse solo y Europa seguirá avanzando, decidiendo entre todos, tal cual la forma en que se ha dado de administrarse. Una cosa es la preocupación por el corto plazo, pero a largo plazo el destino seguramente sea muy bueno.

─ ¿Dónde ubican las mayores oportunidades desde el punto de vista financiero en la actualidad?

─ Con la rentabilidad que dan los bonos, hoy no es atractiva la renta fija. Y la renta variable comienza a convertirse en una commodity. Por tanto, en la actualidad aparecen otros activos interesantes.

Quieren inversiones que puedan tocar, pero evitando los riesgos de mercados que no conocen. ¿Cómo? Estamos montando dos fondos, uno en Estados Unidos, y otro en Francia, destinados al sector inmobiliario. No quieren comprar un piso, pero si vehiculizar su inversión a través de ese mismo sector, en la economía real, vía un fondo que permite otras condiciones de manejo. Este nuevo tipo de operaciones se están dado con asiduidad.

Tenemos también otros fondos de private equity que están orientados a comprar empresas tradicionales, propiedad de familias, con una excelente marca e historial. Hay inversores que hoy quieren poner su capital donde haya una historia detrás. Tiene mucho de desafío. Ese tipo de inversiones también crece mucho. Y en esa línea, también están los que se interesan en acompañar con su inversión los procesos de desarrollo de las startups.

─ ¿Observa la deuda de los países como un factor de riesgo? El FMI ha advertido sobre ello...

─ Si se piensa que la deuda hay que pagarla, sí. Pero en realidad, la deuda nunca se va a pagar. Tenemos que partir de que se va a refinanciar, o que la inflación hará su trabajo, pero la realidad es esa. Con las tasas de interés de hoy, día, la deuda no debe preocupar tanto, aún es tiempo de tomar deuda.

Hablamos continuamente de la deuda de los países en relación con su PIB. Pero hay otros parámetros que considerar: ¿qué producimos, cuál es el potencial que tenemos, con qué materia prima contamos, qué hacen nuestros jóvenes, podemos “controlar el grifo” del gasto o no podemos? Esas son las respuestas que necesitamos para saber si un país está en condiciones de no tener tantas preocupaciones, a pesar de un endeudamiento que puede ser alto en relación con el producto.

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