La compra de bonos no es un procedimiento que asegure siempre el éxito

La autocomplacencia es el riesgo mayor de los gobiernos europeos

En pocos días el euro estará a la par del dólar en su cotización, y es muy factible que siga su rumbo ubicándose por debajo de la moneda estadounidense. Para el economista español Juan Carlos Martínez Lázaro, Europa está recobrando rápidamente los niveles de competitividad que había perdido —para el caso de varios países— desde la creación de la unión monetaria.

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Ec. Juan Carlos Martínez Lázaro

A su vez, la compra de bonos dispuesta por el Banco Central Europeo "no es una receta infalible", pero ayudará a restablecer los circuitos financieros dentro de la UE. Martínez Lázaro dice que lo más importante es que el BCE "salió de su larga inacción", y confía en que las reformas bancaria y fiscal terminen por afianzar al bloque. A continuación, un resumen de la entrevista.

—La depreciación del euro frente al dólar parece ser la consecuencia más notoria de las nuevas medidas tomadas por Europa…

—Este nuevo ciclo de la política monetaria en Europa, unido al endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos está llevando a una depreciación del euro que se ha profundizado en estas últimas semanas y bien puede ubicarnos en poco tiempo en una paridad entre ambas monedas.

Esto le debería dar un impulso adicional a la economía europea, especialmente a las empresas orientadas hacia la exportación, incrementando sus cifras de comercio exterior y por ende, redundar en un beneficio para toda la región. Es la competitividad que tanto buscaba Europa y que se había visto deteriorada en los últimos años por esa guerra de divisas que no estaba declarada en ningún sitio pero que oficialmente existía y en la que estábamos inmersos con un dólar y un yen artificialmente bajas, lo mismo que otras monedas de países emergentes, mientras que el euro era la única moneda que, a pesar de que la economía estaba sumida en una profunda recesión, se mantenía en niveles de cambio realmente elevados.

A la par.

—Hace exactamente un año el euro costaba US$ 1,40….

—Y hoy casi estamos a la par, con una situación económica en aquel entonces mucho peor de lo que está ahora. Eso no cuadra mucho, aunque había factores que lo explicaban, como la relajación cuantitativa aplicada por la Reserva Federal, y frente a una un Banco Central Europeo que no accedía a aplicar ese tipo de recetas.

Con las tasas de cambio nunca se sabe, pero es muy probable que en pocos días más, presumiblemente, lleguemos a una paridad euro-dólar. La única duda es si se detendrá allí o continuará depreciándose. Hay informes que lo ubican en el entorno de 0,80 en un horizonte a mediano plazo.

—¿Es un hecho que se puede considerar positivo?

—Depende. La zona euro ha tenido que lidiar, como decíamos, la parte más dura de la crisis con un euro muy apreciado frente a otras divisas, y aún así las exportaciones europeas extracomunitarias siguieron creciendo, aunque a tasas muy modestas del 1 o 2 por ciento; es dable pensar que ahora con un tipo de cambio más favorable pueden tener un mejor desempeño.

El riesgo de este tipo de medidas de depreciación es que se importa inflación en forma permanente, pero hoy hay margen en Europa debido a la bajísima inflación existente. Creo que es más importante que la política monetaria vuelva a funcionar de forma razonable, que no lo venía haciendo, ante las posibles desventajas que puede traer una depreciación del euro.

—Algunos analistas expresan sus dudas sobre el real efecto que tendrán las políticas monetarias europeas, en el entendido que podrían generar inestabilidad financiera…

—El riesgo principal en Europa era no hacer nada. Sobre todo por la inacción del BCE y su falta de maniobra y habilidad, que eran bastante visibles. Y sobre todo, ya se le agotaban las excusas para lanzar un programa de esta naturaleza. Con una economía como la europea con un crecimiento muy anémico, y en una ausencia absoluta de inflación, más bien todo lo contrario.

El hecho de que el BCE siguiera siendo un espectador de la situación económica, sin tomar ningún tipo de medidas, cuando sus bancos homólogos del Reino Unido, de Estados Unidos o de Japón habían actuado de manera distinta, era un poco complicado de sostener, sobre todo en un momento en que parte de los deberes que Alemania exigía estaban siendo hechos.

El objetivo final es restablecer los circuitos financieros dentro de la zona euro, las entidades financieras europeas están muy cargadas en sus balances por haber comprado mucha deuda soberana para financiar los abultados déficit públicos en que han incurrido los diferentes gobiernos durante la crisis, y con esta medida lo que se pretende es darle salida, que parte de esa deuda sea transferida al banco central europeo, de forma de que esas instituciones tengan menos endeudamiento soberano en sus balances y con más posiciones de liquidez que les permitan hacer lo que es su principal cometido: inyectar dinero en la economía real.

Riesgo de fuga.

—Con tasas más altas y un dólar que cotiza mejor, ¿no puede darse una fuga de capitales hacia Estados Unidos?

—Es cierto, es un riesgo latente, pero lo que estamos viendo ahora es todo lo contrario. Están entrando capitales en Europa, seguramente provenientes de mercados emergentes y buscan otras oportunidades, sobre todo una vez que se han disipado los riesgos de ruptura del euro. No creo que haya una fuga de capitales, la cotización de los bonos a tasas negativas muestra fehacientemente el ingreso de capitales a la zona.

—Hay quienes consideran que esta cotización del euro puede ampliar la brecha entre ricos y pobres en Europa…

—El BCE no podía seguir sin hacer nada. Es verdad que este no es un medicamento que esté clínicamente comprobado que siempre tiene efectos positivos, pero hemos visto que la inyección de capitales ha tenido efecto importante sobre la recuperación económica en Estados Unidos y en el Reino Unido, mientras que en Japón, donde también se está aplicando con mucha intensidad, no parece que esté dando buenos resultados. Un programa de compra de bonos, por sí solo no es capaz de restablecer el crecimiento de la economía, es importante, ayuda, pero debe ir complementado con otra serie de reformas y políticas. No hay que confiar todo a este mecanismo y es necesario evitar el riesgo mayor que es el de la complacencia por parte de los gobiernos. Que no piensen que con esto está todo solucionado, sino que habrá que seguir haciendo reformas importantes en todos los mercados para que esto resulte el complemento ideal y ayude a superar la situación de crisis de la economía europea…

—¿El beneficio es para todos los países de la Unión?

—Sí, con la salvedad de Grecia. Como están las negociaciones hoy día, no está claro qué va a pasar. Sobre todo si el Banco Central Europeo utiliza la postura de no comprar bonos griegos como un elemento de presión para que el gobierno acuda a un tercer rescate y asuma cumplir con las medidas que en su momento se pactaron.

Pero el resto de los países se benefician todos. Y el mejor beneficio es que todos se pueden encontrar en condiciones objetivas más favorables pare recuperar cuanto antes buenos niveles de crecimiento.

No hay ruptura.

—La eventual ruptura del euro se desvaneció a partir de estas medidas del BCE?

—Vamos a ver. El riesgo de ruptura del euro no ha cotizado, a mi entender, más allá de los medios de comunicación y la opinión pública, pero realmente nunca ha estado en riesgo de romperse ni desaparecer.

Si bien es verdad que no estaban todos los países que lo integran decididos a seguir en este camino. Me refiero por ejemplo a Grecia, que en el año 2012 tuvo serios riesgos de salir del euro y que de alguna manera vuelve a tenerlos ahora. Pero nunca ha estado en cuestión en términos generales, han sido siempre más los interesados en mantenerlo que en romperlo. Insisto, nunca ha estado en cuestión, más allá de ciertas opiniones vertidas en ese sentido.

No solo las medidas recientes del BCE, sino las afirmaciones que tiempo atrás, en julio de 2012 ya había hecho Mario Draghi de que haría "todo lo posible por defender al euro", marcaron un punto de inflexión que ha ido evolucionando hasta la situación en las que nos encontramos ahora, pero creo que ni había riesgo antes ni hay riesgo ahora.

—¿Se han dado los pasos para consolidar la estructura institucional del euro?

—Lo que sí tenemos ahora es una Eurozona más sólida. Tenemos una unión económica y monetaria pero no teníamos una unión bancaria ni fiscal. Y esos pasos ya se han iniciado. Estamos en proceso de construcción de esas dos patas que faltaban para consolidar la estructura institucional de la zona euro.

Si no se está dispuesto a ceder, no se puede estar en la Eurozona.

—El BCE ha salido legitimado de esta instancia. ¿Eso puede ayudar a que las reformas avancen más rápido?

—El BCE no es el que define que las reformas se lleven a cabo, sino que son los propios gobiernos, pero es cierto que ha habido un punto de inflexión que da otro vigor a la institución y sus recomendaciones.

Tal como estaba diseñado el euro no podía progresar; era necesario terminar de apuntalarlo. Quizá sea la mayor lección de la crisis: que con simplemente con una unión monetaria no es posible mantener una moneda única, ya que se generan asimetrías importantes y entonces es preciso profundizar otros aspectos. El tema es que generalmente, esos otros aspectos implican cesiones de soberanía y hay gobiernos que no están dispuestos a perder margen de maniobra y seguir transfiriendo decisiones a Bruselas, a la Unión Europea. Pero al final se ha visto que es el único camino. El euro implica una cesión de soberanía mayor, en otras áreas donde todavía no existía y lo hemos visto en el ámbito financiero y en el fiscal.

Más euro es más Europa, y si no se está dispuesto a ceder, no puede estar en la eurozona. Eso probablemente haga que el Reino Unido no solamente no asuma el euro como moneda sino que incluso le pueda servir como excusa para salir de la Unión Europea, algo que hace años está "dando vueltas"..

—El movimiento euroescéptico ya existe hace mucho tiempo en el Reino Unido…

—Sí, pero la crisis no ha hecho más que exacerbarlo. Cuando uno ve la respuesta tan rápida que las autoridades británicas han dado a la crisis y que les permitió llevar ya un tiempo de recuperación importante, frente a la exasperante lentitud con que la crisis fue abordada en la zona euro, les lleva a pensar con cierta legitimidad que estando en la zona euro habrían sufrido mucho más que estando fuera, ya que han tenido márgenes de maniobra que son muy difíciles de conseguir dentro de la eurozona. La crisis ha aumentado las posiciones antieuropeas, en algunos países han sido expresiones de descontento de la población, buscando el euro como culpable. Eso no ocurrió en España, por ejemplo, donde no hay movimientos contra el euro, pero si ha servido para alimentar propuestas más de izquierda o el movimiento independentista de Cataluña.

España necesita crecer varios años al 3% para curar las heridas.

—¿Cómo evalúa la situación actual en España?

—Se han hecho cambios importantes. Una reforma profunda del sistema financiero que estaba absolutamente quebrado. Se ha llevado adelante una importante reforma laboral y otros ajustes estructurales que son los que están permitiendo que ahora mismo la economía española, al haber recuperado parte de la competitividad que había perdido con su entrada al euro, esté en condiciones mucho más favorables para abordar la fase del crecimiento.

En ese sentido, las economías que hoy en Europa lideran las expectativas de crecimiento son el Reino Unido y España. Eso no quiere decir que esté todo solucionado ni mucho menos; todavía hay grandes desequilibrios en indicadores como el desempleo o el déficit público, pero sin dudas está en una situación mucho mejor que hace uno, dos o tres años, y sobre todo con una perspectiva de desempeño mucho más favorable en el mediano plazo.

—El euro más débil apuntala ese crecimiento de la economía española…

—Sí, lo mismo que los precios del petróleo mucho más bajos que los que había hace ocho meses. Esos dos factores suponen una importante inyección de renta para la economía nacional, y la baja del euro puede implicar sin dudas una performance mejor del sector externo; si a eso le unimos el impacto previsible que puede llegar por el crecimiento del crédito debido a las medidas que está tomando el BCE, creo que nos encontramos en un escenario donde, además de los factores internos favorables, hay un viento de cola que ayuda a España a que este año tenga un crecimiento de entre el 2,5 y el 3%.

Un comportamiento que hace muchos años que España no conoce y que debería mantener unos cuantos años más para restañar todo el daño que ha causado la gran crisis. Es necesario mantener estos ritmos para poder tener una mayor creación de empleo, que es sin dudas el objetivo mayor, junto con la necesidad de reducir el déficit público, los dos grandes pendientes que aún tiene la economía española.

—El costo social ha sido muy alto…

—Volver a recuperar el tejido productivo que se ha perdido y sobre todo la cohesión social, restaurar el deterioro que ha habido en los indicadores sociales, son la mayor tarea a la que debe abocarse el gobierno.

En ese sentido, la mejor receta que se puede aplicar es la generación de puestos de trabajo. Todavía, hay mucho desempleo y es una tarea que llevará muchos años.

Ficha técnica.

Juan Carlos Martínez Lázaro es Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid, MBA por el Instituto de Empresa y Doctor en Historia Económica, Universidad Complutense de Madrid. Es Director General de Desarrollo Corporativo del IE Business School y docente de Entorno Económico del Instituto de la Empresa. Martínez Lázaro es autor de numerosas publicaciones sobre análisis de coyuntura económica internacional.

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