OPINIÓN

Argentina una vez más

El domingo 27 de octubre hubo elecciones en ambas márgenes del Río de la Plata. Aquí habrá segunda vuelta, mientras que en Argentina ya se conoce Presidente.

Foto: Reuters
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En el país vecino, el resultado era esperado, aunque fue sorpresiva la diferencia entre Fernández y Macri. Ninguna encuesta preveía menos de 16 puntos de diferencia y se termina en 7. Más aún, si se mira el mapa, Fernández gana por su aplastante victoria en la Provincia de Buenos Aires, más específicamente en el conurbano de la capital, que le hace ganar el país, habiendo perdido en la capital, Mendoza, Córdoba, San Luis, Santa Fe y Entre Ríos. Más aún, en la Provincia, el Peronismo ganó 70 intendencias y Cambiemos 62; tres fueron de otros partidos. Los discursos de quien gobernará la Provincia, Kicillof, y tanto de la vicepresidente como del presidente electo fueron, por pasajes, realmente incendiarios. A vía de ejemplo, Argentina precisa a Brasil como destino de su industria, es su principal socio y se dedicó parte de la oratoria a confrontar con el gobierno y la justicia de ese país. Ambas partes se muestran enfrentadas, no es unilateral, pero lo sensato es tender puentes; una “guerra comercial” para Argentina resultaría en un perjuicio de enormes dimensiones, que agregaría más problemas a los no pocos que enfrenta.

En medio de este escenario, las autoridades tomaron medidas extremas respecto a los movimientos de capitales, porque sus reservas ya volvieron a niveles críticos, existiendo la casi plena certeza de que, de no hacerse nada, el gobierno se entregaría en idéntica precariedad a cómo se recibió. Es claro que el régimen implantado no es sostenible ni lógico, pero al parecer, tampoco se sabe qué hacer.

Argentina necesita ahora saber su rumbo. Dentro de éste se anuncia una reestructura de su deuda, hasta se habló de “usar el modelo uruguayo”. Este “modelo”, fue diseñado como un plan integral, no consistió como muchos piensan en “tirar la pelota de vencimientos para adelante”. Fue claro en sus definiciones, en las reformas estructurales procrecimiento, en el respeto de las leyes vigentes y los contratos, además de diseñar un programa fiscal y monetario coherente.

Hoy Argentina está sin crédito. Son los organismos multilaterales su único canal de crédito potencialmente abierto ¿por qué? Básicamente por su historia y la carencia de rumbo. Existe la necesidad de tener financiamiento, pero para ello hay que generar confianza y condiciones. Quienes prestan precisan la certeza de que no habrá restricciones para retirarlos, ni confiscaciones por vía directa o lateral. La pregunta es ¿quién estará dispuesto a prestarle con los antecedentes que hay?

Hay más preguntas que contestar antes que los agentes piensen en invertir en serio en el país. ¿Qué se hará con los precios regulados de servicios claves como gas, electricidad y combustibles? ¿Se volverá a la congelación que hizo de un país con un gigante sobrante energético se convirtiera en importador neto, con una balanza comercial de energéticos negativa en casi US$ 10.000 millones? La apertura que el gobierno de Macri hizo en estos sectores ha reducido el citado desequilibrio, pero falta un largo trecho.

¿Qué se hará con las cuentas públicas? Seguirán en déficit que, sin financiamiento genuino, sólo recurre a la emisión como forma de cobrar un impuesto (la inflación) no votado.

En 2003, Argentina tenía condiciones muy diferentes. La devaluación e inflación conjuntamente con el default hicieron el ajuste fiscal y el sector público tenía superávit, los precios de las materias primas habían comenzado a subir y luego, ya sabemos que tocaron los dinteles de la gloria; la capacidad ociosa era enorme, producto de los relevantes niveles de inversión de los '90 y, el stock de capital en áreas claves como la energía (gas y petróleo especialmente), bien grande. A vía de ejemplo, en la segunda mitad de los '90, a Argentina le sobraba el 40% de la producción de gas, de allí la política energética seguida por Chile y Uruguay y los gasoductos construidos. La congelación de precios comenzó a consumir capital y, cuando aquella se convirtió en un fin en sí mismo, la destrucción fue total. Mientras consumimos capital vivimos mejor, el tema es después. Imagine el lector que usted hereda algunos millones y decide que los va a gastar. Se dedica a viajar, comprar bienes suntuarios, vivir haciendo fiestas y yendo a buenos restaurantes. ¿Me va a decir que no querría? Eso mismo hizo Argentina. Eso sí, cuando se le acaba el dinero del otro ¿qué hace? Cuando esas cosas pasan a nadie se le ocurriría invertir y, entonces, usted no podrá “recibir otra herencia”. Si quiere en algún momento vivir como antes deberá trabajar duro y consumir poco, al menos al inicio, porque debe reconstruir el capital.

En los últimos 18 meses del gobierno de Macri, la caída en la inversión es enorme, el resultado fiscal es deficitario y no hay la capacidad ociosa de otrora ni capital para consumir; tampoco hay excesos de energéticos como para “regalarse”, ni los precios de las materias primas vuelan, aunque mal no están. La situación es muy diferente.

Es claro que la situación económica no admite la más mínima demora, los agentes deben conocer el plan, el rumbo. Por el momento, nada ha aparecido. Es el nuevo gobierno el que debe decirlo y explicarlo, no se puede esperar al 10 de diciembre para ello.

Para finalizar, un hecho a resaltar que constituye un cambio enorme en la historia, aunque no nos demos cuenta porque para nosotros es normal: Macri culminará su mandato, el primer no peronista que lo hará desde que surgió el peronismo. Habrá una transición y el Presidente entregará los símbolos del poder, no como tuvo que soportar 4 años atrás. No son cosas menores.

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