ENTREVISTA

Marina Dal Poggetto: Argentina sigue sin una hoja de ruta

Casi 30 puntos de los que dieron el triunfo a Fernández son de Cristina y otros muchos, ex macristas enojados; el equilibrio político es  muy delicado.

Marina Dal Poggetto, economista argentina, consultora privada. Foto de cortesía
Marina Dal Poggetto, economista argentina, consultora privada. 

Para la economista argentina Marina Dal Poggetto, los profesionales designados para encargarse del área económica en la administración de gobierno que se inicia el martes 10 de diciembre son técnicos responsables y con un perfil que favorece la moderación de los enfrentamientos que hoy alimentan la grieta en Argentina. Dal Poggetto remarcó que el mayor problema hoy radica en que se desconoce la hoja de ruta que debería haberse trazado y divulgado por parte del gobierno entrante, como forma de enfrentar la enorme incertidumbre existente. Se proyectan ajustes acerca de cómo llevar adelante una corrección fiscal, el control del tipo de cambio, un acuerdo de precios y salarios y sobre todo, el manejo de la deuda. Pero hasta el momento, son especulaciones. Y si bien existen señales desde la política comprometidas con la necesidad de aplicar estrategias que lleven a la estabilización, los delicados equilibrios en que deberá moverse el Presidente Fernández alimentan las dudas. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo evalúa la forma en que el gobierno electo ha manejado la información sobre sus estrategias económicas?

—Realmente existen pocas pistas, dada la cercanía que hay con el cambio de gobierno y el enorme tiempo que transcurrió desde las PASO hasta ahora, momento en el que quienes integran el gobierno electo sabían que tenían esta responsabilidad por delante. Deberíamos haber tenido una transición más armada.

—Los nombres de Martín Guzmán y Matías Kulfas, quienes fueron confirmados como Ministro de Economía y Finanzas y ministro de Producción respectivamente, no sorprenden…

—No sorprende, eran los nombres que se manejaban. Guzmán vinculado con la necesidad de manejar la deuda y Kulfas más volcado hacia la reactivación de la economía.
Martín Guzmán es un académico serio, de prestigio, que realmente conoce de qué habla. Es un estudioso de cómo se ha manejado la reprogramación de deudas a lo largo del mundo. Estudio el caso uruguayo, el ruso, el ucraniano, tiene muchos trabajos sobre eso y una visión que todos queremos saber hacia dónde irá.
La agenda que tenemos por delante plantea tantas urgencias en lo productivo como lo financiero. Por tanto, el perfil de Guzmán se complementa con Kulfas que, en un país agrietado, claramente dividido como es Argentina hoy, aparece como una persona moderada, con perfil bajo, perfilado hacia lo productivo y con una opinión algo sesgada sobre lo financiero.
Me parece que puede ser alguien que tenga una visión de centro en una economía con grandes desajustes macroeconómicos que se están corrigiendo “a los ponchazos” y con una cantidad de definiciones por tomar que de no hacerse, podría agravarse la situación. No lo veo radicalizado ni mucho menos, al contrario, con una clara intención de estabilizar.

—¿Ese tándem Guzmán-Kulfas, cuánta autonomía puede tener para asumir las decisiones económicas necesarias, tomando cierta distancia de las política más partidaria?

—Entiendo que no hay margen para que la política sea la que dirija la economía. Eso podía ocurrir cuando había cierto grado de libertad, los precios de los commodities ayudaban, había margen para financiarse en el mercado y podía ponerse la política por encima de la economía. En la coyuntura actual, si bien la macroeconomía está ajustando, con una caída enorme de la actividad que acumula casi un 10% a la fecha de cambio de mando, genera que las cuentas externas y las fiscales tiendan al equilibrio, aunque con dos “pero”: la carga de la deuda más alta y el gasto público indexado, por lo cual el ajuste se sostiene con una inflación cada vez más alta o rompe la desindexación. Son dos definiciones que deberá tomar el ala económica de la nueva administración. Las nuevas autoridades económicas necesitan respaldo para estas decisiones, un consenso político que las apoye pero les permita actuar. Guzmán y Kulfas son técnicos con capacidad para definir, pero lo que se necesita y se desconoce hasta ahora, es el plan a seguir.

—¿Existe un compromiso político con un plan económico que lleve a la estabilización?

—No resulta evidente hoy que la política esté totalmente alineada con un plan de estabilización. Sí hay algunas señales, por ejemplo el acuerdo político sobre precios y salarios, una condición sumamente necesaria. Allí Alberto Fernández tiene margen para sentar a la mesa a empresas y sindicatos a empezar a negociar, algo que Macri no hubiera podido. Pero esos acuerdos necesitan estar enmarcados en un plan económico, sino vuela por los aires en cualquier momento; necesitan de consistencia fiscal y monetaria, y para ello es indispensable un manejo rápido de la deuda, ya que hay un volumen importante de vencimientos en pesos y dólares concentrados en los primeros meses de 2020, sin reservas para pagar ni margen para monetizar.
Se necesita también conocer un esquema cambiario. Es sabido que la libre movilidad de capitales de la era Macri no va a volver, pero si solamente se va a sostener la demanda de pesos con controles muy rígidos se va a disparar la brecha y el acuerdo de precios y salarios va a estallar. Y todo eso enmarcado en un acuerdo con el Fondo…

—¿Cómo será ese acuerdo?

—Con el FMI deberá sentarse a negociar. Es acreedor privilegiado, los vencimientos de capital con el fondo arrancan recién a fines de 2021 y concentrados en 2022 y 2023, con lo cual es necesario negociar pero no hace falta hacerlo inmediatamente. Son dos negociaciones, una con el Fondo y la otra con el resto de los acreedores que es la que tiene mayor premura. E indudablemente, el FMI puede tener injerencia sobre los tenedores de deuda. ¿Cómo va a ser ese reperfilamiento de la deuda?, esa es la gran incógnita. Probablemente sea un esquema intermedio de lo que ha sido la salida para otros países en situaciones similares. Por un lado estirar los plazos de capital y por otro recortar parte de los cupones o no pagarlos durante los primeros años, o no pagarlos y capitalizarlos.
En cuanto a la deuda con tenedores de bonos, el problema de Argentina no está en los niveles ni en los flujos de deuda; está en su prontuario y como consecuencia de ello, lo que se le exige para poder financiarse, que lo vuelve imposible. Hoy Argentina no está en default, sí hubo un reperfilamiento con un cambio de plazos; el problema es que Argentina no tiene dólares suficientes para pagar y tampoco puede emitir pesos, con lo cual necesariamente hay que reperfilar de nuevo. El gobierno deberá ser rápido y amigable, buscar las mayorías para un acuerdo y evitar un default.
Una cosa sí es destacable. Era difícil generar problemas con la deuda en un mundo donde la tasa de interés libre de riesgo es 1,8%. Pero en Argentina lo logramos…

—Fernández dijo recientemente que no le iba a solicitar al Fondo el desembolso de los últimos tramos del acuerdo…

—Ha dicho cosas diferentes, de acuerdo con el momento. Es cierto que Alberto Fernández se ha mostrado como un gran equilibrista en todos sus discursos, en medio un espacio de poder delicado. No debemos olvidar que 30 puntos de los votos que le llevaron a la presidencia son de Cristina Fernández y para llegar al 48% que le apoyó hay que sumar miles de personas enojadas con la economía de Macri. Por tanto, cumplir con todos no es sencillo. Y el riesgo de que a quienes no colme se le vuelvan a correr y le debiliten el apoyo, es importante.

—¿Qué grado de cooperación real ha habido para afrontar la coyuntura entre el gobierno saliente y Alberto Fernández?

—La única cooperación que tuvo provino del presidente del Banco Central, cuando respondió literalmente a la demanda de Fernández por los medios, pidiéndole simultáneamente que cuide las reservas, que el dólar no se escape de 60 pesos y que baje la tasa de interés. Todos dijimos eso no es posible, pero se puso un cepo de 200 dólares por persona y finalmente, cumplir con el pedido de Alberto Fernández fue posible. Pero no es estable.
Pero el escenario es complicado. Hay gente anticipando viajes al exterior y comprando en cuotas, hay empresas anticipando los pagos de retenciones, con lo cual ya hay medio punto del PIB de retenciones que corresponden a la próxima cosecha y los está cobrando el gobierno de Macri, antes de que suba la alícuota; también hay una aceleración en la liquidación de exportaciones, son dólares que no estarán después en el flujo, y hay cancelación de deuda de este gobierno, también. Son decisiones que tienen costo para el gobierno entrante. Pero es la realidad; no hubo transición y estas son las reglas.

—Todo indica que el cepo cambiario se va a mantener…

—Sí, lo que no se sabe cuál será el diseño. Restricciones habrá seguro, pero se discute si se deberá hacer con un desdoblamiento formal o informal en el tipo de cambio. Hay opiniones divididas sobre cuál sería la mejor opción y poco se sabe sobre la estrategia que se aplicará. La gran pregunta es cómo se maneja el esquema cambiario hacia adelante, cuál será el mecanismo que permita encuadrar el dólar dentro del acuerdo de precios y salarios. Pero dependerá del formato, si el tipo de cambio flota y el dólar se dispara será una situación crítica, y si en cambio se tienen controles muy rígidos y la brecha se dispara, el modelo nació muerto. La diferencia con el cepo anterior es que se arranca con un tipo de cambio más alto.

—¿Cómo hará el gobierno para cumplir con los incrementos de salarios prometidos?

—Argentina va a cerrar el año con una inflación superior al 55%. Cuánto arriba de ese rango, dependerá de lo que hagan con el dólar de acá a fin de año y lo mismo con las tarifas. Con esa inercia, los salarios van a tener que subir. La pregunta es ¿cuánto? Lo verdaderamente importante es el alza real. Debería ponerse a los sindicatos y empresarios a negociar la nominalidad de hecho, es como un esquema de metas de inflación pero ante la falta de credibilidad en el Banco Central, lo negocia la política. Pero con eso solo no alcanza, además se necesita no monetizar más allá de la demanda de pesos, para lo cual necesita una señal fiscal, también de consistencia monetaria y un esquema cambiario que haga que el dólar se mueva dentro de ese esquema. Y meter todo eso en un acuerdo con el FMI. No hay movidas aisladas.

—¿Avizora una recuperación de la economía en un horizonte próximo?

—Si se logra frenar la inercia inflacionaria y recomponer parte de lo perdido por esta crisis, con un acuerdo de precios y salarios que permita hacerlo gradualmente, hay margen para estabilizar y crecer algo. De lo contrario será muy difícil, si se pretende que los salarios y las jubilaciones crezcan en función de lo que perdieron, eso necesariamente se va a ir a una tasa de inflación más alta y los márgenes para el crecimiento serán muy acotados.

—¿Se mantendrán las detracciones?

—Seguramente. Macri recompuso la alícuota de retenciones tardíamente, después del blooper de que el FMI se había metido en el acuerdo. Las estableció con un monto fijo, en medio de un proceso devaluatorio. Alguna recomposición se va a hacer. Veamos ahora cómo se modifica ese régimen, y a qué sectores alcanza.

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