Opinión

Apuntes para no economistas(I)

Voy a dedicar esta columna y la próxima a trasmitir a no economistas algunos elementos que considero relevantes para el análisis de la coyuntura.

Foto: Pixabay
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Argentina.

¿Cuál es la importancia relativa de Argentina entre nuestros principales "clientes", o sea de aquellos países receptores de nuestras exportaciones? Esto está en el tapete desde que Argentina empezó a volar en zona de turbulencias en abril. ¿Cuánto nos pesa Argentina? Se dice que pesa relativamente poco, menos que en el pasado. Quienes eso dicen sólo miran las exportaciones de bienes, en las que Argentina pasó del 15% en 2001 al 6% en 2017. Esto, sin considerar las exportaciones desde zonas francas, porque al incluirlas en la cuenta, el peso del país vecino es aún menor. Mientras tanto, en el rubro turismo los visitantes argentinos dejaron el 68% de los recursos provenientes de esa actividad el año pasado, algo más que el 66% del año 2001.

Dicho sea de paso, esto no sólo es turismo en sentido estricto, sino también compras. Es claro que cuando se hace turismo se hacen compras, pero en el caso de la relación con nuestros vecinos, el concepto va mucho más allá de lo habitual cuando los viajes tienen el propósito exclusivo de comprar (vestimenta, combustible, productos de almacén, entre otros) y no de "hacer turismo".

Argentina es nuestro principal cliente. No sólo desde el punto de vista de los números fríos, sino especialmente desde el del impacto de esos números en la economía. Para el análisis excluyo las exportaciones desde zonas francas, principalmente de celulosa, cuyo impacto no es demasiado relevante en el ingreso de nuestros hogares ni en la recaudación de impuestos. Ciertamente, es bastante más relevante la exportación de bienes desde territorio no franco y mucho más todavía, las exportaciones que realizamos desde dentro de nuestras fronteras a quienes nos visitan (turismo y compras).

En 2017, exportamos a Argentina bienes desde territorio no franco y turismo por US$ 2.034 millones, el 20% del total (de los cuales, US$ 1.597 millones de turismo); a Brasil, US$ 1.592 millones, el 16%; y a China US$ 1.480 millones, el 15%. Los números son contundentes: las exportaciones a Argentina, que son las mayores, son además altamente intensivas en trabajo uruguayo y en impuestos. Y, en su enorme mayoría, no tienen mercados alternativos: ni las de mercaderías, que se realizan al amparo del Mercosur, ni las de turismo. Por otra parte, por la vecindad, cuando hay un cambio de signo en la relación de precios bilateral, el efecto es doble: ahora no sólo no vienen ellos a pasear y comprar acá, sino que además vamos nosotros a hacerlo allá. En términos fiscales, nos perdemos la recaudación que nos pagaban los argentinos y también la de los uruguayos que ahora consumen allá.

Unidad de cuenta.

La comparación de cifras en términos de dólares no siempre refleja bien la realidad, debido a la alta volatilidad del precio del dólar relativo al promedio de precios de la economía. No son los mismos dólares los de 1982, 2001 y 2017, ni a nivel mundial ni, mucho menos, en nuestro país. Esto queda en evidencia si observamos que entre 2004 y 2017 el PIB de nuestro país pasó de 13,7 a 59,2 miles de millones de dólares. Es decir que en dólares se multiplicó por 4,32 pero en términos de volumen físico subió "sólo" 77%.

Por eso no son relevantes las comparaciones que se suelen hacer de cifras presupuestales llevadas a dólares. Pueden tener mucho impacto publicitario, porque dan variaciones grandes, pero no tienen mayor valor económico. Veamos por ejemplo el monto total de egresos primarios (antes de contar los pagos de intereses) del sector público no financiero. Entre 2004 y 2017 se multiplicaron por 5,4 en términos de dólares. Pero resulta que el precio del dólar en el promedio de cada uno de esos dos años fue muy parecido, redondeando, $ 28,7 por dólar.

Una mejor comparación se tiene a partir de cifras a precios constantes, o sea descontada la inflación. En este caso, el gasto público primario se multiplicó por 2,08. O sea que más que se duplicó en términos reales. Que suena muy fuerte, pero no tanto si se tiene en cuenta que en 2004 el presupuesto venía achicado por la gran crisis de 2002. Y, si se quiere, se lo puede expresar en términos del PIB (que como vimos creció 77% en volumen físico) y en este caso se pasó de 24,0% a 30,0% del producto.

Salarios.

La costumbre ha llevado a que cada mes que se difunden datos sobre el índice medio de salarios, se presente como dato más relevante a su variación interanual. Esto es válido cuando, en años consecutivos, los salarios registran aumentos nominales en meses similares. Pero esto no está ocurriendo ahora, cuando se están llevando adelante negociaciones en el marco de los consejos de salarios, porque al demorar en producirse el laudo, se demora también en saber el porcentaje de aumento vigente desde julio, el que será retroactivo cuando sea oficial, en algún momento de este semestre. Pero mientras tanto, el INE no registra lo que no se conoce y tampoco se cambia luego el valor del índice en los meses afectados por la retroactividad. Por lo tanto, el dato de julio, que mostró que el salario real medio del sector privado cayó 2,1% con relación a julio del año pasado, no resulta relevante.

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