JAVIER DE HAEDO

Ajustes de cuentas en economía

Hace dos semanas, al terminar una conferencia sobre los datos y el sentido común, Ignacio Munyo recordó una expresión de Ronald Coase, Premio Nobel de Economía 1991, que traducida al español dice más o menos lo siguiente: "si torturas lo suficiente a los datos, ellos van a confesar".

Algo parecido suelo decir a mis alumnos con relación a los indicadores económicos: a los futuros economistas les digo que nosotros, con relación a los indicadores, debemos ser como los agentes de CSI, cuando analizan detalladamente las pruebas del crimen y "les hacen decir cosas".

¿A qué me refiero con los ajustes de cuentas? A que, en numerosas oportunidades, los números muestran algo "a simple vista" pero dicen algo diferente (o más preciso) si se los mira en profundidad. Veamos algunos ejemplos al respecto.

Inflación.

Cada mes, cuando se conoce la variación del IPC, los economistas nos apresuramos a calcular "la inflación subyacente", o el núcleo de la inflación (core inflation, en inglés). Para ello estimamos la variación de los precios de una sub canasta que excluye a los rubros más volátiles (como la carne, las frutas y las verduras) y a los rubros que tienen precios administrados (como la energía y la cuota mutual). Por ejemplo, en los 12 meses finalizados en marzo, el IPC subió un 7,55%, pero si excluimos los rubros referidos, en la definición que yo utilizo, la variación se ubica en 8,96%. En el primer caso, se observa una tendencia de firme descenso después de febrero del año pasado y en el segundo, una relativa estabilidad desde agosto. Es decir que la inflación parece haber mejorado bastante más de lo que en realidad mejoró. Una vez que la variación interanual de los precios volátiles se normalice, la variación del IPC convergerá a la tasa subyacente, lo que empezará a ocurrir en el mes corriente.

PIB.

Otros dos ejemplos fueron puestos sobre el tapete por el presidente Vázquez, según la portada de Búsqueda de antes de Semana Santa, donde se informó sobre lo que el presidente había trasmitido, acerca de la situación económica, a los miembros de la Suprema Corte de Justicia, señalando que había encontrado la economía y las finanzas públicas "peor de lo que esperaba". Búsqueda informó que "Vázquez entiende que el déficit fiscal es mayor de lo que las cifras muestran. También que el crecimiento de la economía es menor porque los números están inflados por el efecto de la puesta en marcha de Montes del Plata, que representa casi dos puntos porcentuales del PIB".

En el caso del crecimiento de la economía, además del factor Montes del Plata está presente el factor generación de electricidad, porque el año pasado la energía fue producida con bajo costo (principalmente a partir de agua) y por lo tanto la UTE generó más valor agregado o sea más PIB. Entre ambos factores se explica aproximadamente la mitad de la variación del producto informada para 2014. O sea que en realidad, como sostiene el presidente, el "núcleo" de la economía está creciendo algo abajo del 2% en lugar de crecer al 3,5%.

Fiscal.

Mientras tanto, en materia fiscal sucede algo parecido, porque al "ajustar las cuentas" la realidad es peor de lo muy mala que ya luce "a simple vista". El déficit fiscal se encuentra en 3,3% del producto, según el MEF, en los 12 meses a febrero. Sin embargo, hay varios ajustes relevantes a realizar para llegar al déficit "estructural", que es el que refleja mejor la realidad libre de distorsiones de corto plazo. La principal de éstas es la producida por el ciclo económico, dado que en momentos como los actuales, cuando todavía estamos por encima del PIB "normal" o de tendencia, la recaudación (que está directamente asociada con el nivel de actividad económica) es mayor a la que habría en condiciones de normalidad. Por ejemplo, si en vez de venderse 54 mil autos en el año, que producen más de US$ 600 millones de impuestos, se vendieran 30 o 40 mil, esto daría lugar a menos recaudación. Otro factor relevante de ajuste de las cifras fiscales está dado por el sobre costo o sub costo de generación de energía eléctrica con relación a lo que la UTE estima como "normal".

Según mis estimaciones, el déficit estructural está hoy aproximadamente un punto porcentual del PIB por encima del observado y hacia él habrá de tender el observado en la medida en que se normalicen el nivel de actividad y la generación de electricidad. Otro ajuste a las cuentas fiscales, que va en la dirección opuesta y es menos habitual, es el ajuste por inflación, en la medida en que los intereses pagados en pesos nominales incorporan un componente de amortización de capital, debido precisamente a la inflación. Estimo en algo más de un punto del PIB la magnitud de este ajuste.

Cuenta corriente.

El cuarto ejemplo de ajuste de cuentas en economía que podemos considerar se refiere a la cuenta corriente de la balanza de pagos, que en 2014 registró un déficit de 4,6% del PIB. Normalmente este número sería visto con preocupación y se encuentra entre los más altos que alguna vez haya tenido nuestro país. Sin embargo, dado que al mismo tiempo existe una considerable inversión extranjera directa (IED) de 4,8% del producto, que en buena medida contribuye a aquel déficit, es necesario una vez más ajustar las cuentas y restar del saldo observado en la cuenta corriente al menos una parte significativa de la IED. Entonces, como indicador complementario a la cuenta corriente es conveniente utilizar uno que detrae de ella el saldo de la IED.

Curiosamente, en estos días en que Brasil está bajo la lupa, es habitual encontrarse con que todos miran el saldo de la cuenta corriente liso y llano y que para nada tienen en cuenta a la IED. Y se trata de uno de los indicadores más relevantes en los análisis sobre el país vecino. Obsérvese que Brasil tiene (en los 12 meses a febrero) un déficit de cuenta corriente de 4,2% del PIB pero al mismo tiempo registra IED por 2,8% del producto. Si nos limitáramos a considerar el saldo de la cuenta corriente nosotros estaríamos en una situación más complicada que la de Brasil, pero al ajustarlo por la IED estamos más cómodos que ellos. Además, con y sin ajuste, la tendencia acá es a mejorar mientras que allá es a empeorar.

Deuda.

El último ejemplo que traigo hoy es el de la deuda pública. En este caso es habitual observar la relación entre deuda y PIB y hasta hace algunos años, ambos componentes de dicho cociente tenían grados muy diversos de dolarización. Esta situación cambió desde que la deuda se llevó mayoritariamente a pesos en los últimos años, pero cuando se observan series largas, que incluyen años previos a la gran crisis de 2002, es imprescindible ajustar los datos observados, por el tipo de cambio real. Y aún hoy mismo, cuando en cada trimestre se analizan las variaciones en la deuda pública es conveniente tomar en cuenta el efecto sobre ellas, de los cambios en las paridades cambiarias, principalmente cuánto subió o bajó el dólar frente al peso y cuánto subió o bajó la UI en términos de dólares. Por ejemplo, en 2014 la deuda pública neta sólo subió en US$ 247 millones a pesar de que el déficit fiscal fue de US$ 1.981 millones. Semejante diferencia se explica fundamentalmente por la reducción de la deuda en moneda nacional en términos de dólares, que estimo en US$ 1.375 millones, lo que no es otra cosa que el monto del "seguro anti devaluación" cobrado en el año.

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