Paulo Levy | Desde Rio de Janeiro

Ajuste fiscal y recesión en Brasil

En un desglose secundario de "payasadas" fiscales practicadas en todo el primer mandato de la presidenta Dilma Rousseff, el Tribunal de Cuentas dictaminó que las operaciones de transferencia de fondos federales a través de bancos públicos en 2013 y 2014 lesionaban la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF). 

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Básicamente, las transferencias fueron cubiertas por recursos de los bancos, lo cual está prohibido por la LRF, que prohibe los préstamos entre las instituciones financieras públicas y sus controladores.

Si este evento puede o no puede constituirse en la base para un pedido de impeachment, o juicio político, contra la presidenta, según lo propuesto por los líderes de la oposición, no es tan relevante para el siguiente análisis. Cabe señalar que el hecho refleja el alto grado de inestabilidad política prevaleciente desde las elecciones, sobre todo a raíz de las revelaciones de corrupción en Petrobras y el cambio de rumbo de la política económica ocurrido desde entonces.

Bancos públicos.

Las operaciones con los bancos públicos son parte de un contexto más amplio de deterioro de las condiciones fiscales del país, en este caso como expresión del amplio recurso de artificios contables que enmascaraban el verdadero estado de las finanzas públicas. Por lo tanto, El eje del fuerte ajuste por el cual la economía brasileña tendrá que pasar es fiscal.

El déficit público nominal acumulado en 12 meses aumentó del 2,6% del PIB en diciembre de 2011 al 6,7% del PIB en febrero de 2015. El saldo primario pasó de un superávit del 3,1% del PIB para un déficit de 0,7% en el mismo período. Las contribuciones a los bancos públicos ascendieron a casi el 10% del PIB en los últimos años, sin que eso fuese registrado en las estadísticas. La deuda pública bruta se incrementó de 54,2% del PIB en diciembre de 2011 al 65,5% del PIB en febrero de 2015.

Los recortes de impuestos y contribuciones a la seguridad social a los sectores seleccionados representaron una fracción significativa de la pérdida de ingresos en el período, lo que acentúa el efecto negativo derivado de la propia desaceleración económica. Mientras tanto, los gastos siguieron su curso de aumento constante, explicado por la dinámica demográfica, la regla de corrección del salario mínimo y el intento de restaurar la capacidad de oferta de servicios públicos solo por el aumento de los recursos presupuestarios, sin preocuparse de los aspectos institucionales, muchas veces más importantes para explicar la relativa ineficiencia en su provisión.

Distorsiones.

Las otras distorsiones en la economía son la alta inflación y el desequilibrio en la cuenta corriente. En el primer caso, la inflación en 12 meses acumulada alcanzó el 8,2% en marzo. La represión de los aumentos de los precios administrados de 2012 impidió que la inflación de los últimos años fuese superior al techo del rango meta, a pesar de que estaba más cerca de él que del centro fijado en el 4,5%.

En el caso de la electricidad, incluso hubo una reducción de aproximadamente 20% en las tarifas de energía a principios de 2013, resultado de una desastrosa intervención en el sector, ordenando anticipar la renovación de las concesiones en momentos en que la hidrología ya era desfavorable en generación hidroeléctrica. En los dos años siguientes, los aumentos de energía fueron contenidos con subsidios del Tesoro a las empresas generadoras y distribuidoras. Del mismo modo, la contención de una corrección en el precio de los combustibles causó un daño inmenso a Petrobras, además de distorsionar la producción de etanol.

La corrección de estos precios comenzó a ser hecha a finales del año pasado. En el caso de la electricidad, la variación acumulada en 12 meses a marzo fue de más del 60%. Para el conjunto de los precios administrados, esta variación fue del 13,4%. Vale la pena señalar que, debido a los errores de los últimos años, Brasil no se ha beneficiado de la reducción de los precios internacionales del petróleo: mientras el mundo lucha contra una ola deflacionaria, en Brasil la tasa de interés base ha aumentado para prevenir la corrección en los precios relativos.

Otro factor que ha empujado a la política monetaria es la devaluación del tipo de cambio. Desde junio del año pasado, la devaluación del real, hasta finales de marzo, fue del 45%. Aunque este cambio es deseable, dado el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos del orden de 4,2% del PIB, sus efectos sobre el sector externo pueden demorar en manifestarse. Por un lado, hubo una fuerte caída de los precios de los productos básicos exportados por Brasil —solo el mineral de hierro y la soja tuvieron caídas del 50% y 30% respectivamente en los 12 meses a marzo—; por otro, parte de la devaluación real refleja un movimiento global de la apreciación del dólar. El tipo de cambio efectivo real, la variable relevante para determinar la competitividad de las exportaciones, tuvo una depreciación más modesta que el tipo de cambio bilateral nominal: solo el 20% desde junio del año pasado.

Ajuste.

El ajuste fiscal implica aumento de impuestos y recortes de gastos de alrededor de 100 billones de reales, aproximadamente el 2% del PIB, con el fin de lograr un superávit primario de 1,2% del PIB en 2015. Se trata de un esfuerzo sin precedentes en la historia reciente. En 1998-1999, el mejor desempeño fiscal ya estaba en marcha, pasando de un déficit del 1,5% del PIB a mediados de 1998 a un superávit del 0,5% a principios de 1999, y ampliado en los meses siguientes para llegar a más de 3,5% del PIB a mediados de 2000.

En 2003, no hubo realmente un ajuste, aunque sí el mantenimiento del superávit primario en alrededor de 3,5%, en contra de las expectativas de que habría una reorientación de la política fiscal bajo el nuevo gobierno del PT que se iniciaba. Es importante señalar que en esos dos momentos, el ajuste fue acompañado por un cambio en el sistema tributario o, en el caso del nuevo gobierno del PT en 2003, el mantenimiento del régimen en vigor. Este nuevo régimen se basa en la austeridad fiscal en base a la Ley de Responsabilidad Fiscal aprobada en el año 2000, un factor importante para la reversión de las expectativas.

Así, en ambos casos, el impacto del ajuste fiscal sobre la actividad económica fue relativamente corto, con la recuperación del crecimiento ocurriendo en el segundo trimestre, después de la aplicación de medidas de ajuste. El ajuste actual, sin embargo, demostró ser más problemático. Además de la necesidad de tener que recurrir a las altas tasas de interés reales para contrarrestar el efecto de la corrección de los precios administrados y de la tasa de cambio sobre la inflación, hay una profunda pérdida de confianza de empresarios y trabajadores que contribuye a mantener deprimidos el consumo y la inversión.

A esto se añade, en el caso del consumo, la alta deuda acumulada por los hogares en los últimos años y por el lado de la inversión, los problemas enfrentados por Petrobras y por las principales empresas constructoras del país involucradas en el escándalo de corrupción que se investiga. Es decir, la perspectiva es que los resultados de ajuste actuales deriven en una fuerte caída de la actividad económica. La previsión es de una contracción del PIB de más de un 1% en 2015, con una modesta recuperación de 1% en 2016.

El momento presente es probablemente el más difícil que enfrenta la economía brasileña desde la estabilización de la inflación con el Plan Real en 1994. El ajuste necesario para revertir los desequilibrios acumulados en los últimos años se puede poner a la economía en una trayectoria de crecimiento bajo por mucho tiempo. Es necesario retomar la agenda de reformas —tributaria, de la seguridad social, del mercado de trabajo y la regulación de los sectores de infraestructura— para permitir un nuevo ciclo de crecimiento.

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