Acerca de ayudas a la granja

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JULIO PREVE FOLLE

Una vez más, y esta parece ser de las más graves, la furia de la naturaleza desatada realizó estragos graves en amplias zonas de la producción granjera, con cosechas al borde de levantarse. Las pérdidas materiales que se están evaluando corren parejas con diversas muestras del peor enemigo de la producción, de este subsector como de cualquier otro, que es el desánimo.

Confieso que la producción granjera me genera una sensibilidad especial. Esto dicho porque desde hace ya bastante tiempo, digamos año 2000, se decidió volver a la política de encierro económico que impidió que a ese sub sector del agro le llegara algún beneficio de la apertura y de la desregulación de los mercados, y sí todos los problemas del permanente encierro, incluida la más feroz desaparición de productores como parece mostrarlo este Censo de 2011, como no había ocurrido en la década del noventa.

Pero hay sí dos límites que el esfuerzo de solidaridad no debe traspasar.

El primero es el de los seguros agrícolas, que la sociedad viene subsidiando desde el año 2003. Cualquier beneficio que se conceda no puede dejar igual a los que han contratado seguros, respecto de los que apuestan solo a una benevolencia no demostrada del clima.

El segundo es que no se debe admitir costo fiscal adicional alguno. La solidaridad debe costearse con el "espacio fiscal" disponible, al decir del equipo económico, y no con nuevas transferencias de la sociedad. Si con un 35% de presión fiscal global no alcanza para ayudar a los granjeros que se desee asistir, es problema del MGAP, que debe contar con sus recursos ya aportados por la sociedad; más no. Voluntariamente, lo que se quiera; obligatoriamente, por medio de más impuestos explícitos o transferencias, no.

POLITICA DE ENCIERRO.

A través de múltiples mecanismos la granja está totalmente encerrada, padeciendo así los efectos de los ciclos de sobreproducción y escasez, casi nula inserción externa, precios caros al consumidor y desaparición de productores chicos. El problema más serio, sin embargo, es el conceptual: nadie parece imaginar otro escenario que el de una granja encarcelada y de un consumidor casi preso. En efecto, la prensa sin pudor da cuenta de que el gobierno, preocupado por la escasez, autorizaría ahora más importaciones. Es ésta la expresión pública de la deformación de la política agrícola. En realidad el gobierno no podría autorizar importaciones, ya que éstas son libres. Lo que el gobierno hace destruyendo así esa libertad como otras, es "administrar" los permisos sanitarios, entregándolos o negándolos según su criterio, en una muestra de gobernar al grito: ahora parece tocarle el turno a la autorización de importación, mañana quién sabe. Se trata de dirigismo del auténtico, discrecional, intervencionista sin arreglo a norma objetiva alguna, y sin resultados favorables para nadie.

SEGUROS AGRÍCOLAS.

Hace muchísimos años que el MGAP viene haciendo muchos esfuerzos para desarrollar una cultura de seguros agrícolas, tendiente a incorporar esta práctica beneficiosa para todas las partes, enemiga de las ayudas más o menos generalizadas cuando ocurren catástrofes. El tema no es simple dadas las características del riesgo que dificulta la cobertura a las compañías, incluido el Banco de Seguros del Estado. Por esta razón, desde hace algunos años, y con subsidio del MGAP, existen seguros contra granizo y vientos fuertes en cosecha. Estos subsidios van del 35 al 50% del costo de las pólizas, que cubren un determinado costo anual de producción, aunque no una expectativa de cosecha. En el Anuario de Opypa de 2012 se puede consultar el conjunto de seguros subsidiados, así como un juicio a escala internacional de su nivel de penetración en el sector, que el autor considera medio. Estos subsidios proceden de una ayuda de la sociedad proveniente en este caso de un Fondo creado en el año 2002, consolidado en la ley 17.844. Ella dispuso en aquel tiempo el destino que se le daría al IVA que, en forma totalmente violatoria de compromisos internacionales, se cobra de hecho solo a las frutas y verduras importadas. Este IVA "trucho" que se generó en aquel año terrible, era claro que por su efecto arancelario no se terminaría nunca, y ahora menos. En una época, el MGAP publicaba la recaudación y utilización de este fondo, y ahora lamentablemente dejó de hacerlo. La última información disponible que es del año 2010, señala que recaudó de mayo de 2002 a junio de 2009, 40 millones de dólares; una estimación del mismo momento señalaba que la generación de recursos posible hasta 2015 podía ser de 44 millones más. Quiere decir que 84 millones de dólares solo por concepto de encarecimiento de frutas y verduras importadas, no puede señalarse como falta de auxilio o solidaridad social. Menos aún cuando se analizan los destinos de este fondo.

ESPACIO FISCAL.

Efectivamente, cuando se creó ese fondo, en primer lugar pagó 13 millones de dólares del endeudamiento que existía en el sector a esa fecha; destinó 10,4 millones a resarcir a los productores por los daños del tornado del año 2002; 5,9 millones a "planes de negocios" que desconozco si fueron exitosos; 1,1 millones para empezar a subsidiar seguros, y 4,9 millones para un fondo de emergencia por contingencias climáticas. Con el dinero que se generó hasta ahora y en previsión del que se seguirá generando -en especial si crecen las importaciones- el consumidor estará contribuyendo en cifras proporcionalmente mayores, ya que el endeudamiento al año 2002 se terminó de pagar, como también la ayuda por el tornado del mismo año. En definitiva, parece haber de dónde sacar, sin agregar otros costos al consumidor.

Dice un gremialista de la granja que si el gobierno quiere ayudar, debe prepararse a desembolsar dinero. Estoy de acuerdo pero solo si se beneficia especialmente a los que tomaron seguros, y si el dinero sale de este fondo ya creado por ley, o del espacio fiscal del que habla el MEF. Pero más impuestos, tasas, contribuciones, o transferencias no, definitivamente no. Ni siquiera en nombre de la seguridad alimentaria, un concepto solo sostenible si se piensa en producción propia, sin comercio, para una granja encerrada a base de aranceles encubiertos, restricciones no arancelarias, permisos previos y discrecionalidad. Y que claramente desde hace años necesita un golpe de timón, como el que insinuó sin concretar luego el ministro del ramo al asumir.

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