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Zlatan Ibrahimovic, el ‘Rey Sol’ de París

Consentido por el dueño del PSG, el futbolista sueco hace lo que quiere dentro y fuera del campo. Difícil de tratar, ahora además tiene roces con Cavani.

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"¿Cree en Jesucristo? Entonces crea en mí", le dijo una vez al DT.

Fue hace algunos meses. Las cámaras del Arena Corinthians le enfocaron para dar relieve en las pantallas del estadio a su nariz egipcia y pelo de samurai, gesto hierático y desafiante. Entonces, la multitud le aplaudió en reconocimiento a su fútbol, a la lástima de verlo así y no con los botines puestos porque Suecia, su selección, no había pasado el corte de participar en Brasil. A su lado, el dueño del Paris Saint Germain (PSG), Nasser Al-Khelaïfi, que le sufragó el viaje y desacreditó la bravuconada del invitado —"un Mundial sin mí no vale la pena verlo", había dicho—, descorchaba una sonrisa y hasta batía las palmas en actitud reverencial hacia Zlatan Ibrahimovic (Malmö, Suecia; 33 años). Señal de amistad y respeto, de una unión millonaria que falta por solidificar con el título europeo de la Champions, máxima aspiración de ambos. Pero sobre todo gran obsesión de Zlatan.

Él está a gusto en el PSG. Quizá porque le garantizan el tercer mejor salario del planeta —unos 15 millones de euros con una gran parte de los derechos de imagen en su poder— tras Messi y Ronaldo; quizá porque nadie le discute a él ni a su papel de estrella de la Ligue 1 de Francia. Y es que Ibra hace lo que quiere.

La incidencia de Zlatan en París, como si fuera el nuevo Rey Sol (así se denominó a Luis XIV de Francia), es absorbente y total, ya que juega dentro y fuera del campo, más importante que el entrenador Laurent Blanc y hasta con funciones de director deportivo. "No sé si necesitamos a Di María", manifestó el año pasado, cuando el PSG tanteaba al entonces extremo del Madrid; "tenemos un gran plantel que ha sumado muchos títulos sin él". Y así fue.

De momento, golea. "Es uno de los mejores cuatro delanteros del mundo junto a Ronaldo, Messi y Neymar", le definió Alain Casanova, entrenador del Toulouse. "Es el delantero de la Ligue 1", determinó Luis Fernández, extécnico del Athletic, Espanyol y Betis.

"Es un jugador muy competitivo al que sólo le interesa la victoria, marcar, tener oportunidades de gol. Cuando no le dan un pase o cuando falla una ocasión, cuando el equipo no rinde como a él le gustaría, parece de mal humor y lo hace ver en el campo", explica Casanova. Si será competitivo que, recientemente, puso el grito en el cielo al ser elegido por una publicación "el segundo mejor deportista sueco de la historia", detrás del tenista Björn Borg. Lo que para otro habría sido un gran halago, para él fue casi un insulto. "Con respeto a los demás, yo soy el primero, segundo, tercero, cuarto y quinto", afirmó. Ser segundo y ser último, para él, es casi lo mismo.

Polémico por definición, ha tenido altercados con periodistas y compañeros. El último de ellos ha sido con el uruguayo Edinson Cavani, también delantero. Nunca se llevaron bien, pero esta temporada el vínculo se ha resquebrajado al punto que uno de los dos abandonará el PSG al final de la temporada; según L'Equipe, el uruguayo —que reclamó públicamente ocupar el centro del ataque— es el que tiene más chances de emigrar.

Pero está claro que si algo no le falta a Zlatan es autoconfianza. Hace poco se conoció una anécdota que pinta a este hijo de inmigrantes balcánicos de cuerpo entero. En mayo de 2013, para tranquilizar al DT Carlo Ancelotti en la previa del partido entre PSG y Lyon que podía consagrar campeón a su eqio´p tras 19 años, le espetó: "¿Usted cree en Jesucristo?". Ancelotti respondió que sí. Ibra retrucó: "Entonces crea en mí y relájese".

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