MIGUEL BARDESIO
Para 2100, la temperatura uruguaya subirá entre 2 y 4 °C; habrá más lluvias y el nivel del mar cubrirá la Punta de las Carretas e inundará la zona cercana al Santa Lucía. ¿Qué está haciendo hoy el país para evitar el cambio climático?
Es el año 2100. En Uruguay, los robots se encargan de los trabajos difíciles, se arman los primeros grupos de viaje al espacio y la tecnología médica habrá avanzado como para prolongar la vida más de 100 años. Todas las ventajas del progreso, en cambio, contrastan con que Montevideo ha perdido la mayoría de sus playas, el Santa Lucía creció tanto que inundó sus humedales; el Río de la Plata cubrió la Punta de las Carretas y está a las puertas del Hotel Casino Carrasco, a esa altura muy remozado pero en peligro de inundación.
Es 2008 y la Unidad de Meteorología de Facultad de Ciencias prevé un escenario más o menos así para fines del siglo XXI. "La predicción más pesimista pronostica un aumento de la temperatura promedio anual de cuatro grados y la menos, de dos", asegura uno de los cientí-ficos, Mario Bidegain. La Unidad prepara una proyección climática a largo plazo de alta resolución, lo que significa que se podrá ver qué acontecerá con el clima en cada región del país dentro de 80 años, por ejemplo. "En el norte, la subida de la temperatura será mayor que en la zonas costeras", adelanta Bidegain los resultados de un estudio que estará pronto dentro de dos meses.
Cuatro o dos grados de aumento no parecen mucho, pero será suficiente para elevar el volumen de lluvias, habrá vientos más fuertes y el nivel del mar también crecerá. "No hay acuerdo científico, pero se habla de un crecimiento entre 60 centímetros y un metro para 2100". Una línea de flotación que podría subir con las tormentas, por cierto más frecuentes, según el pronóstico. Las costas más afectadas serán las de menor pendiente, como ocurre en la desembocadura del Río Santa Lucía, las lagunas de Rocha y Maldonado y gran parte de las playas montevideanas y canarias. Kibón, por ejemplo, quedaría totalmente bajo agua con una subida de tres metros (ver nota aparte).
El responsable es el ya conocido cambio climático. El año pasado, la difusión mediática de Al Gore y la precisión científica del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) se llevaron el Premio Nobel de la Paz. Eso le dio masividad a la problemática y despejó todas las dudas: podrá haber diferencias de pronóstico, pero el cambio climático es una realidad y se ha transformado en el principal desafío colectivo de la humanidad.
Frente a lo inobjetable, los científicos del mundo ya no gastan tanta energía en estudiar el calentamiento en sí, sino en diseñar estrategias para combatirlo. Desde grandes proyectos de energía alternativa al petróleo a decálogos para que cualquiera, en la vida cotidiana, contribuya a reducir la emisión de gases que causan el cambio climático. La clave de toda "biblia verde" implica menos auto, menos luz y menos basura. Como aseguró Wangari Maathai (Nobel de la Paz 2004): "No son las cosas grandes las que marcarán la diferencia, sino más bien los pequeños pasos que demos cada uno, día a día". Por ejemplo, si todos los conductores del mundo no usaran el auto dos días a la semana, las emisiones de dióxido de carbono se reducirían un 15%, según calculó el Instituto de Ahorro de Energía español.
En Uruguay, el grado de compromiso es aún relativo con respecto al cambio climático, pero algunas cosas se van encauzando, en especial la búsqueda de energías alternativas. A continuación, una guía sobre qué puede hacer cada uno para frenar el aumento de la temperatura y el mar, ése que amenaza con borrar las playas en pocas décadas.
GASES TÓXICOS. El dióxido de carbono (CO2) sube a la atmósfera y desde allí retiene el calor solar. Eso explica el gradual aumento de temperatura que padece y padecerá el planeta. Cuanto más petróleo quemado, más calor.
En Uruguay se da el raro caso de que las emisiones de CO2 son negativas. Esto es: que se libera menos volumen de gas tóxico de lo que los árboles, vía forestación, capturan. La última medición de la Unidad de Cambio Climático del Ministerio de Vivienda (2002) establece que los árboles uruguayos tomaron de la atmósfera un 68% más de CO2 que el emitido en el país.
Pero el calentamiento global no se guía por fronteras y golpea igualmente: en Uruguay y a lo largo del siglo XX el promedio de temperatura anual subió 0,7 grados y el nivel del mar creció 30 centímetros, según Mario Bidegain. De modo que no hay que descansarse en los árboles porque el cuadro se agravará, no por culpa uruguaya, pero se agravará.
Los vehículos son los principales responsables de la emisión. Según los números de 2002, la mitad del CO2 emitido en el país se registra en el transporte. Sólo en Montevideo, hay 405.097 empadronados y la enorme mayoría son autos particulares: casi 240.000 frente a 1.500 ómnibus. Esto va contra uno de los primeros mandamientos verdes: usar menos el auto y más el transporte público porque siempre es mejor un caño de escape que cuarenta. La tendencia montevideana, en cambio, va por la contraria. En 1998 se vendían 355 millones de boletos por año y ahora (2007), los guardas cortan 265 millones.
Otro esfuerzo mundial tiende a suplantar los derivados del petróleo como combustible vehicular. Este año, el gobierno israelí y la compañía California Project Better Place se lanzaron con un proyecto para convertir a Israel en la primera nación de autos sin nafta. El plan incluye la introducción de vehículos electrónicos de Renault y Nissan. El gobierno israelí ofrecerá incentivos tributarios por su compra y Project Better Place construirá 200 estaciones de cambio de batería y 500 mil puntos de estacionamiento con capacidad de recarga. Un sistema similar está en camino en Dinamarca y Holanda.
Por acá no ha entrado ningún modelo de automóvil eléctrico o híbrido.
MENOS LUZ. El petróleo no sólo se gasta en los autos. Las centrales térmicas (Central Batlle, por ejemplo) son unidades que producen electricidad mediante la quema de combustible. De ahí que muchos llaman a sustituirlas por plantas nucleares. La Agencia Internacional de Energía calculó esta semana que se necesitaría una inversión de 45 billones de dólares para reducir a la mitad la emisión de gases tóxicos de aquí a 2050. La enorme mayoría de ese dinero se gastaría, justamente, en centrales nucleares.
En Uruguay, el ministro de Industria y Energía, Daniel Martínez, llamó a analizar la posibilidad de incorporar la energía nuclear y se creó un grupo de trabajo que evalúa la posibilidad de derogar la ley nacional que la prohíbe.
El principal impulsor de este eventual cambio, sin embargo, no es el calentamiento global, sino el problema de generación eléctrica que padece el país con la sequía y el precio del petróleo. Por eso mismo, también se encaminan otras propuestas como la sustitución de bombitas o la energía solar, las que de paso vienen bien contra el cambio climático.
La UTE llamó a licitación en marzo y va a comprar dos millones de bombitas de bajo consumo para regalar a los hogares. Se supone, según fuentes del ente, que llegarán a las casas dentro de uno o dos meses. El costo del cambio será de casi 4 millones de dólares pero aún mayor sería el ahorro.
Las lámparas de bajo consumo duran hasta 100 veces más que las otras y gastan cinco veces menos energía. Tan implacable ha sido su avance que la firma Phillips anunció que dejará de fabricar las bombitas tradicionales en pocos años.
También se puede tomar una acción más agresiva. La compañía estadounidense Consumer Powerline le paga directamente a los consumidores de electricidad por apagar sus luces cuando la demanda es demasiado alta. Esto se ha convertido en una de las técnicas verdes más poderosas para el tan soñado ahorro energético. A sacar números en la UTE.
Por otro lado y con promoción del gobierno se creó en abril la "Mesa Solar", un organismo que nuclea a varios emprendedores decididos a promover la energía del sol, al menos para calentar agua. Gerardo Honty, uno de los coordinadores, evaluó que el 30% del consumo eléctrico de los hogares se emplea en calefones y demás dispositivos para climatizar el agua. Ya hay varias empresas en el país que por un costo de 800 a 1.200 dólares instalan la tecnología solar, la que en poco tiempo asegura la recuperación de la inversión.
"Cada vez hay más demanda y aparecen nuevas empresas", valora Honty. Se apunta no sólo a las casas, sino también a procesos industriales que empleen agua caliente y también a actividades de ocio y deporte. Las piscinas del parque de la UTE y las del club Nautilus, por ejemplo, se climatizan con sistemas solares y no con las viejas calderas a combustible.
La energía solar también puede ser fotovoltaica; es decir, no para producir calor, sino electricidad directamente. Esta variante, en cambio, es muy cara para el país y salvo en parajes alejados a la red eléctrica nacional se hace inviable, asegura Honty.
En cuanto a energía eólica, el Ministerio de Industria anunció que llamará a licitación el año próximo para la instalación de parques de molinos que puedan suministrar entre el 5 y el 6% del consumo eléctrico nacional. UTE ya tiene encaminados una serie de molinos en la sierra de los Caracoles, Maldonado.
MENOS BASURA. Los desperdicios tirados simplemente liberan el gas metano, que es tan responsable como el CO2 del calentamiento global. En cambio, con tratamientos adecuados se mitiga ese efecto y hasta la basura puede transformarse en energía eléctrica.
Según la IMM, cada año un montevideano produce 270 kilos de basura, una cifra aún lejana a los 520 kilos que genera un español, pero hacia eso se dirige el país. La basura crece cada vez más por el incremento de la variedad de productos y los envases más grandes.
En Maldonado, se creó hace varios años un relleno de residuos que captura el metano y lo transforma en energía eléctrica. Esa electricidad es suficiente para alimentar a 300 casas. En Montevideo, un proyecto pretende seguir estos pasos y ya está en etapa de relleno. Hasta ahora, son las únicas dos experiencias de aprovechamiento energético de los basurales.
La ganadería, en cambio, es el principal emisor de metano por la descomposición del estiércol vacuno. A nivel de investigación, se busca la forma de mitigar este efecto.
Los científicos llaman a reutilizar, no cambiar los productos que sirven, caminar más o usar la bicicleta. El economista E.F. Schumacher lo dice con claridad: "Vivamos con sencillez para que otros, sencillamente, puedan vivir".
La "biblia verde"
Manejar menos. La regla de oro en todas las ciudades: usar menos el auto. Si todos los conductores lo dejaran por dos días a la semana, las emisiones de CO2 (causante del cambio climático) se reducirían un 15%. Cambie las bombitas. Las de bajo consumo son más caras, pero duran hasta diez veces más, y gastan entre cuatro y cinco veces menos.
Reducir basura. Las bolsas de basura no paran de engordar. Del cerca de kilo y medio de residuos que genera cada uno al día en casa, casi medio kilo corresponde a envases y envoltorios. Evitar comprar productos con exceso de embalaje. Ir de compras con una bolsa propia también es buena idea para no traerse las del super.
Termostatos. Instalar estos aparatos para que apaguen el aire acondicionado o los calefones cuando no se usan. El 30% de las energía que se utiliza en España, por ejemplo, se la lleva el acondicionamiento del aire.
Caminar. En muchas partes, caminar se ha convertido en un pasatiempo. Walkscore.com calcula el número de destinos posibles a pie hacia cualquier dirección y después elabora un ranking de las mejores caminatas.
Eco-moda. En años recientes, las fibras orgánicas y textiles producidas sustentablemente han entrado en el mundo de la moda con todo. Veinte grandes marcas y 1.200 más pequeñas están produciendo líneas orgánicas.
Exigir información. Pedir a los fabricantes que informen en la etiqueta del producto cuánto CO2 fue liberado al producirlo. Varias compañías ya lo están haciendo en EE.UU.