CHARLAS VIRTUALES

WhatsApp: fuente de malentendidos

Las plataformas virtuales no son un sustituto de la comunicación cara a cara; por el contrario, pueden aumentar las dificultades para relacionarnos.

Las conversaciones por whatsapp sufren la falta de la gestualidad. Foto: Estefanía Leal
Las conversaciones por whatsapp sufren la falta de la gestualidad. Foto: Estefanía Leal

Marta se levanta a las siete, a la misma hora que su marido y sus dos hijos. A las ocho menos cuarto, los dos chicos saldrán de casa a tomar el ómnibus que les lleva al liceo. Cinco minutos después lo harán Marta y su pareja, cada uno hacia su trabajo. Este es el único espacio de tiempo que comparten los cuatro en toda la mañana —y en la mayor parte del día— si bien la mayoría de las veces apenas tienen opción de intercambiar unas pocas palabras. Todas las mañanas, cada miembro de la familia dedica su recién despertada atención casi por entero a su móvil. Este podría ser el comportamiento matinal habitual de cualquier familia media.

No cabe ninguna duda de que internet, en general, y las redes sociales, en particular, son herramientas que facilitan el contacto con otras personas. Gracias a ellas, hemos reducido la distancia que nos separa de nuestros amigos y conocidos. Ahora podemos llevarlos siempre en el bolsillo y hablar con ellos en cualquier momento y lugar. También hemos aumentado el número de contactos de nuestra agenda y de “amigos” de nuestros perfiles sociales, de manera que es posible interactuar con gran cantidad gente a la que nunca habíamos visto ni la cara.

Podemos decir, por tanto, que como consecuencia del uso generalizado de las redes sociales se ha incrementado la cantidad de contactos entre las personas. Lo que no está tan claro es que haya aumentado la calidad de dichas interacciones. Más bien parece que ocurre lo contrario.

Contactar vs conectar.

 Contactar significa “establecer contacto con algo o alguien”. Se trata de una operación que, como hemos visto, resulta muy sencilla si se dispone de las herramientas técnicas o tecnológicas necesarias.

Por otro lado, conectar significa “lograr una buena comunicación con alguien”. Es decir, es sinónimo de comunicar, que es un proceso mucho más complicado que el de contactar. En este caso, disponer de la tecnología adecuada no garantiza que se logre llevar a cabo la comunicación. Para que exista un proceso de comunicación, intervienen varios elementos, de sobra conocidos: el emisor, que es la persona que inicia el proceso; el mensaje, que contiene la información que quiere transmitir el emisor; el receptor, que es la persona o público al que se dirige el mensaje y que a su vez dirige mensajes al emisor; el canal, por donde fluye el mensaje; el código o lenguaje común entre emisor y receptor; y el contexto, que es el conjunto de circunstancias en que se produce la comunicación: lugar y tiempo, cultura del emisor y receptor.

La comunicación con otras personas es una de las principales necesidades de los seres humanos, como seres sociales que somos. Sin embargo, comunicar de forma efectiva no es sencillo, porque requiere que los seis elementos mencionados estén en las condiciones adecuadas. Además, no basta con que el mensaje llegue al receptor, sino que es preciso que este lo entienda.

Las charlas cara a cara son más efectivas.
Las charlas cara a cara son más efectivas.

La comunicación exige condensar, sintetizar, contextualizar los datos. El exceso informativo necesita filtrarse, ordenarse y transformarse en un mensaje válido para la persona a la que nos dirigimos. El receptor debe comprender esa información y debe ser comprendido por el emisor.

Los problemas del WhatsApp.

 Los conflictos en la comunicación son más susceptibles de producirse cuando la interacción no tiene lugar de forma física. Al hablar por carta, por mail o por redes sociales prácticamente la totalidad de la información que emitimos son palabras, por lo que se pierde la mayor parte de los elementos no verbales que pueden ser esenciales para comprender el mensaje.

Podemos tratar de suplir los mensajes no verbales con emojis y stickers, pero el hecho de poner caritas sonrientes en un mensaje no implica que ese sea realmente nuestro estado de ánimo.

Es mucho más fácil mentir por WhatsApp que en una interacción cara a cara. También es más fácil que la otra persona interprete de forma incorrecta los mensajes. Incluso en el caso de que estemos viendo su cara, a través de la pantalla no es posible disponer de la riqueza comunicativa que ofrecen los encuentros presenciales. Por tanto, en este tipo de conversaciones el emisor no tiene tanto control sobre el mensaje, el canal, el código, el contexto y el receptor. De ahí que sea habitual que se generen malentendidos.

Los emojis y stickers ayudan pero no suplen los gestos
Los emojis y stickers ayudan pero no suplen los gestos

Resulta mucho más complicado escribir un mensaje claro que decírselo a alguien que tenemos delante, porque en este último caso nuestro lenguaje no verbal nos ayuda a transmitir lo que queremos y la expresión de la otra persona nos indica si lo ha comprendido o si tenemos que darle más datos o explicarlo de otra manera. Al tratarse de un tipo de comunicación mediada por la tecnología, se interponen más obstáculos entre los interlocutores, y la fluidez del canal depende de factores como la velocidad de la conexión, la calidad de los equipos, la latencia de la red, etc.

Aunque la lengua empleada sea común a las dos personas, también es frecuente que se produzcan problemas debido al código. Léxico incorrecto, expresiones mal utilizadas, faltas de ortografía, modismos o correctores automáticos, por citar algunos ejemplos, pueden dar como resultado un mensaje diferente al que se quiere transmitir. Incluso los emojis son interpretados de distinta manera.

En cuanto al contexto, los problemas de comunicación se deben fundamentalmente a que los interlocutores se encuentran en lugares, momentos y circunstancias diferentes, que a menudo dificultan la comprensión. Es posible que leamos los mensajes mientras estamos en una reunión con más gente, en clase, en una cafetería… y que los estímulos externos no sean los más idóneos para interpretar correctamente la intención del emisor. También es posible que los leamos tarde, cuando ya no tiene sentido responder, lo que puede fomentar aun más el conflicto.

Escuchar atentamente al receptor para conocer su estado de ánimo y para percibir cómo está recibiendo nuestro mensaje y así poder adaptarlo hacia un mejor entendimiento es dificultoso cuando no nos encontramos físicamente con él.

Además de la pérdida de información no verbal imprescindible para escuchar de forma activa, las charlas virtuales favorecen distraerse mientras se espera la respuesta, interrumpir al que habla, cambiar de tema de forma prematura, mantener varias conversaciones a la vez y otra serie de comportamientos. En definitiva, la comunicación implica una relación entre emisor y receptor, y, como tal, es una fuente continua de tensiones y dificultades. Para que sea efectiva exige esfuerzo por ambas partes. Aun así, es inevitable que surjan malentendidos que generan conflictos, ya que estos son inherentes a cualquier relación.

La tecnología no puede evitar esos conflictos. Puede facilitar los contactos, pero no las conexiones personales.

La interacción a través de las redes sociales no es equiparable a la comunicación, por lo que no puede satisfacer la necesidad que tenemos como seres humanos de conexión con los otros.

Más bien se trata de un intercambio de informaciones, de mensajes, en el que emisor y receptor están ocupados en aumentar sus contactos y el número de contenidos que difunden, más que en el reconocimiento de la otra persona y en la construcción de la relación con ella.

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