Comportamiento

Volver una y otra vez

Mucha gente mira siempre la misma película, la misma obra de teatro o pintura y relee el mismo libro. La conducta tiene que ver con la conciencia de cambio y del paso del tiempo.

pareja viendo tv
Foto: Shutterstock

La primera vez fue de casualidad. Con una amiga queríamos ir al teatro. Era 2015 y la Comedia Nacional estaba haciendo Arcadia, en la Sala Verdi. Cuando fuimos a sacar entradas ya estaba agotada, así que, en un ritual con pretensiones de romanticismo, recorrimos todos los teatros del Centro de Montevideo para elegir qué podíamos ver. Entramos a El Galpón y vimos un cartel de esos que hay siempre en El Galpón promocionando las obras que están en sus salas. Decía, el cartel: "Snorkel, de Federico Guerra. Dirección: Bernardo Trías. Somos los derrotados. Somos los que no duermen, no comen y no necesitan abrigo. Somos lo que comiste, digeriste y cagaste. Nos arden las rodillas. Somos nadie y seremos nadie. Odiamos al prójimo como a nosotros mismos. Somos todo lo que proyectás en la pantalla. Nuestra felicidad viene encapsulada. Somos los hundidos bailando en la superficie… y bailamos bien". Sacamos entrada. Subimos a la sala Atahualpa. Entramos. Se apagaron las luces. Lo que pasó después fue el inicio de un romance que tuvo cinco instancias más, todas ellas con diferentes compañías. Me convertí en una suerte de evangelista del teatro que promulgaba un mensaje: vean Snorkel. Entrevisté a parte del elenco, escribí mil textos sobre esa obra, pero nunca sobre por qué yo volvía a verla cada vez que podía, como si fuese un niño que siempre vuelve a la misma película, aunque sepa la trama, los personajes y hasta los diálogos.

No hay explicaciones demasiado complejas para esta conducta, es decir, la de consumir una y otra vez una misma pieza artística, sea una obra de teatro, un libro, una película, volver siempre a la misma canción o ir siempre al mismo museo para poder encontrarse con una misma pintura. Lo bueno es que no somos unos pocos casos aislados que rozamos lo patológico, sino que el mundo está lleno de "locos" que encuentran en el arte un refugio, un sentido nuevo, una forma de entenderse y construirse a sí mismos. Y vuelven a él siempre que pueden.

Como los niños

"El repasar un cuento o una película en los niños una y otra vez es la base de la resiliencia, precisan escuchar la misma historia con los mismos personajes, los mismos diálogos, aunque sepan cómo termina, porque se va incorporando de una manera distinta (en cada ocasión que se escucha, lee o mira)", explica el psicólogo Alejandro de Barbieri. Mirar una misma película, dice, "no es siempre mirar lo mismo". Sus hijas, por ejemplo, miraban siempre el Rey León, aunque supieran que el padre de Simba moría y todo lo que eso significaba. "El niño precisa repasar ese momento vivencial donde Simba pierde al papá y es duro, pero de a poco lo empieza a manejar mejor, lo entiende de una forma diferente y lo va a ayudar a enfrentar los dolores de la vida", agrega el especialista.

Por otro lado, la repetición de las películas o libros en los niños, sirve para aprender "habilidades mediante la repetición de patrones", sostiene el psicoanalista Jorge Bafico. "Seguir el argumento de la misma les supone un gran esfuerzo".

Está bien. Quizás eso de volver una y otra vez al mismo libro, a la misma película o (quizás más extremo) a ver la misma obra de teatro, sea un mecanismo casi primitivo, casi como si, como cuando fuimos niños, encontremos una historia que nos identifica, una a la que queremos terminar de encontrarle sentido, esas a las que intentamos encontrarle algo más que solo una historia. Pero también, dice De Barbieri, en esta conducta hay algo de buscar en el arte lo que no está en la vida real. "A veces está esa nostalgia de volver para atrás y buscar algo que anhelamos y no se da", explica.

Florencia tiene 25 años y, dice, es una "romántica empedernida". Vio La la land, una historia de amor (2016) más de siete veces, y aunque parezca poco como para decir que es fundamentalista del film dirigido por Damien Chazelle y protagonizado por Emma Stone y Ryan Goslin, siete veces en menos de dos años, es suficiente. "La vi con una amiga en el verano que se estrenó. Me hizo tan bien, que primero fui muchas veces al cine llevando a otras amigas, a mi madre y a mi novio, para ver si les iba a hacer tan bien como a mí. Después que salió del cine, cuando quiero mirar algo por mirar o cuando necesito sentirme bien, la veo de nuevo en la computadora", cuenta. "Soy una romántica empedernida y como mi vida romántica es tan común, necesito encontrar personajes con los que vivir", se ríe. "El ser humano va cambiando, nunca somos el que creemos que somos, sino que el ser humano es un ser siendo", dice De Barbieri. Es justamente por eso que una pieza artística tampoco es siempre la misma. Por más que Florencia haya mirado La la land siete veces, ninguna de esas veces fue igual a la anterior: el contexto y las circunstancias de quien mira condiciona el sentido de la película, y no importa que siempre Mía y Sebastian canten las mismas canciones siempre, se enamoren de la misma manera y recorran las mismas calles.

Con las pinturas y las esculturas sucede algo similar. Sí, hay personas que vuelven mil veces al mismo museo o espacio para encontrarse mil y una vez con un cuadro determinado, pararse frente a él y contemplarlo una vez más. "Creo que me sucede por el tipo de experiencia que se genera adelante de una obra de arte. Evidentemente al ser una experiencia corta en el tiempo, porque generalmente uno está muy poco delante de un cuadro o una escultura, el tipo de conexión que se genera es muy intensa — dice Emma Sanguinetti crítica de arte y gestora cultural— Esto nos deja una impresión fuerte que no queda saciada tan solo con el momento de contemplación y entonces, el proceso continúa más allá del momento en sí y se va formando, alimentando y creciendo mucho tiempo después, lo que a la larga, deja impresa la necesidad de volver". A ella también le pasa eso de encontrarse siempre con una experiencia diferente, eso de ver colores y formas que en ocasiones anteriores no había notado. "Muchas veces uno regresa esperando encontrar lo mismo —como si la contemplación fuera cuestión de certezas— y en realidad, jamás te paso lo mismo, ves otras cosas, otros detalles, percibís los colores y las formas de otra manera. A mí me pasa todo el tiempo, siempre me llevo conmigo un universo distinto. Y claro, esto tiene que ver con el proceso de percepción de la mirada, nunca miramos las cosas de la misma forma y como el acto de ver es esencial a las artes plásticas y visuales, las múltiples lecturas se imponen por definición". Además, dice Sanguinetti, "al fin de cuentas, el proceso de percepción es tan objetivo como subjetivo y por más que el proceso sea retina, cerebro, entendimiento, uno sabe que la experiencia siempre va a ser diferente y el impulso de vivir ese algo se vuelve una necesidad". Así que no, no somos unos locos que por pura obsesión volvemos siempre al mismo lugar. Hay algo más, aunque sepamos el final, siempre hay algo más.

La obra no cambia, nosotros sí

Las circunstancias vitales condicionan la forma en la que vemos o entendemos una obra: "La edad que tenés cuando ves y cuando volvés a rever, el momento que estás atravesando, todo eso es como una intuición que nos lleva a sentir la necesidad de volver a ver, porque es como si supieras que vas a ver otra cosa y que eso que vas a ver te va a hacer más rico", dice Emma Sanguinetti, crítica de arte y gestora cultural.

En este sentido, el cuadro es el mismo, "el que cambia sos vos y las circunstancias", que hacen que el sentido de la obra sea diferente. "Creo que todo esto condiciona, porque al fin de cuentas, el proceso de percepción es tan objetivo como subjetivo y por más que el proceso sea retina - cerebro - entendimiento, uno sabe que la experiencia siempre va a ser diferente y el impulso de vivir ese algo se vuelve una necesidad", agrega.

El tiempo y un nuevo sentido

Julio Cortázar
Foto: Commons

Los fanáticos de El Principito, el libro más famoso del escritor Antoine de Saint-Exupéry, aseguran que hay que pasar por sus páginas varias veces y en distintas circunstancias. Dicen que es un libro para niños pero que acorde se lee con más edad, se empieza a entender de manera diferente. Por otro lado, hay libros como Rayuela, de Julio Cortázar, en los que el mismo autor invita a leerlo varias veces pero de diferentes formas: la líneal, siguiendo una guía de lectura que va saltando de un capítulo a otro o saltéandose capítulos prescindibles.

Favorece la introspección

Cristel Russell, profesora de la American University de Washington, realizó un estudio para analizar la conducta de consumir la misma pieza artística varias veces. "El fenómeno ayuda a tomar mayor conciencia del transcurrir del tiempo y de nuestro propio crecimiento, favorece la introspección y la reflexión sobre nuestro pasado y presente", sostiene la autora. "Siempre que uno esté activamente consciente de la re-experiencia -y no que sea una adicción pasiva e incontrolable, puede ofrecer muchas oportunidades para la auto reflexión".

lectura, hogar
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