EL PERSONAJE 

Virginia Patrone: "Quizás seamos introvertidos pero tenemos tremendas fogatas adentro"

La más reciente ganadora del Premio Figari reflexiona en esta charla sobre su trayectoria artística, al tiempo que prepara un nuevo proyecto sobre Margarita Xirgu.

Virginia Patrone
Foto: gentileza Virginia Patrone.

"¿Empecemos por lo más reciente, te parece?”, le pregunta Revista Domingo a Virginia Patrone por teléfono. Ellá está en Barcelona, donde vive desde hace 2003, aunque ha ido y venido bastante a lo largo de esos años. “Claro”, responde entre los ladridos de su perro Max, un ovejero alemán de tres años que empezó a ladrar porque le tocaron el timbre a la dueña de casa. “Estoy en una llamada de larga distancia”, se la oye decir por el intercomunicador de su hogar. Cuando vuelve, se ríe de lo que dijo: “Tan siglo pasado es ese comentario”, dice y empieza a conversar.

El año pasado, Patrone recibió uno de los varios galardones que ha acumulado en su derrotero pictórico, el Premio Figari. “Es como ‘el’ premio a la trayectoria en Uruguay, así que sin dudas fue algo muy importante”, dice y aunque todavía le queden pinturas y otras expresiones artísticas por delante, la distinción es un buen pretexto para mirar hacia atrás, a sus orígenes como artista.

“Creo que entre las fotos que te mandé está la reproducción de una acuarela que pinté a los 5 años. Puse esa acuarelita en el catálogo que se hizo para el Premio Figari porque me parece que puede tener cierto interés. ¿Viste que tiene algo escrito? Eso es de mi madre. Mamá guardaba esas cosas. El amor por la pintura empezó muy temprano, más allá de que los niños pintan y dibujan mucho. Justamente, el otro día mi papá —que cumplió 100 años y felizmente está muy bien— me contaba que mi tío Luis era amigo de un director de un museo de arte en Milán. Ese hombre viajó a Uruguay y mi tío le mostró mis acuarelas. En mi familia había interés en esto, porque llamaba la atención mi dedicación. Y este hombre dijo: ‘A esta niña póngale acuarelas y papeles en todos lados, hasta debajo de la cama’. Por eso no recuerdo cuándo empezó mi amor por la pintura. Vino conmigo y se fue manifestando”.

acuarela de Virginia Patrone
La acuarela que Virginia Patrone menciona en la charla.

Puede parecer que sus padres la apoyaron e impulsaron a seguir esa temprana vocación, pero no fue tan así. “Mi madre fue un apoyo sustancial para mi vocación, pero... ¿Viste que cuando uno tiene inclinaciones artísticas para un lado, también es frecuente que las tenga hacia otras disciplinas? A mí me gustaba bailar. Di la prueba y entré a la Escuela Nacional de Danza, en el Sodre. Fui todos los días hasta los 11 años, dos horas por día, pero mi papá me sacó. No quería que fuese bailarina y tampoco tenía mucho interés en que me dedicara a la pintura. Eso era algo que yo hacía por mi cuenta. Estudié arquitectura, soy profesora de inglés... En realidad, mi padre prefería que me dedicara a ser profesora de inglés. No hubo apoyo en ese sentido. Pero sí de mi madre, que era muy sensible y siempre me hizo sentir bien con lo que hacía o quisiera hacer. Mi padre no, todo lo contrario. Era demasiado rígido en cierto modo y como era hija única pensó que la pintura me iba a echar a perder”.

Muñequita de trapo con superlunas - Virginia Patrone
Muñequita de trapo con superlunas

Sin embargo, aunque no hubiese habido un apoyo explícito del padre, este sin proponérselo también aportó lo suyo para la vocación de su hija. “El hermano menor de mi papá tenía una empresa que traía películas de cine a Uruguay. Y mi padre a veces llevaba algunas a casa. Yo estaba enferma dos por tres y él las proyectaba en una pared de casa. Te estoy hablando de la década de 1950 cuando no había ni televisión. Que yo pudiera ver películas de cine en casa era algo muy excepcional. Y eso influyó mucho en mí desde el punto de vista visual. Entonces, por un lado estaba esa rigidez de mi papá, pero por el otro se me presentaron esas cosas que aproveché y que en definitiva me formaron”.

Una linda nenita alegre y feliz - Virginia Patrone
Una linda nenita alegre y feliz

Otra cosa que la formó fue un libro: un tratado de pintura de Leonardo Da Vinci que Patrone miraba y leía asiduamente. Con todo, no tuvo otra formación estrictamente artística hasta casi los 30 años. Luego de haber estudiado arquitectura (“eso me formó también”) y trabajar varios años, un día largó todo. “Tenía 29 y me dije: ‘La pintura. Y que sea lo que tenga que ser’. Ahí empecé a ir al taller de Pepe Montes, que había sido alumno de uno de los hijos de Joaquín Torres García. Aprendí mucho de él y siendo uruguaya sentí que ir a un taller de la escuela torresgarciana era algo que tenía que hacer, si bien los artistas planistas me llegan más. Luego, bueno, uno sigue formándose toda la vida”.

Mis siete rosas cortadas - Virginia Patrone
Mis siete rosas cortadas

La charla deriva entre otras cosas a Petrona Viera, presente actualmente con una gran muestra en el Museo Nacional de Artes Visuales y sobre ser pintora mujer.

—¿Cómo ha tratado Uruguay a sus pintoras?

—Bueno, no ha sido fácil. Por un lado, no pienso si soy mujer u hombre cuando pinto. Pero siempre fue más fácil hacerle reverencias a un señor que a una señora. En los últimos años ha habido un esfuerzo importante por mejorar eso, pero lo único que importa es la calidad de la obra, el género no tiene nada que decir en el tema. Ahora bien: da mucho trabajo. A Petrona Viera le costó mucho y pudo hacerlo porque, entre otras cosas, venía de una clase social privilegiada. Soy de otra generación que Viera pero estuve muchos años casada con el padre de mis hijos, que en teoría no es un hombre machista. En teoría. En realidad, es tremendamente machista y ni se da cuenta. Tuve que hacer todo para mis cuatro hijos: cuidarlos, cambiarlos, darles de comer, llevarlos al médico... Todo sola. Sí, estudié. Sí, pinté. Pero dormía cuatro horas por día. Por suerte eso está cambiando y lo veo en mis tres hijos varones: lavan, cocinan... Hacen todo.

Un cuerpo que se vende - Virginia Patrone
Un cuerpo que se vende

Siendo una de las principales pintoras uruguayas, Patrone sabe que su disciplina tiene una larguísima historia y tradición y agrega que un artista tiene que ser contemporáneo, estar en su tiempo (“para no estar hablando envuelto en bolas de naftalina”, comenta entre risas). Pero hoy, buena parte del centro de la atención está puesta, no en la pintura, sino en formas más conceptuales y teorizantes del arte visual.

“En cualquier corriente hay grandes artistas y del otros. El terreno del arte conceptual es medio resbaladizo, ambiguo, y es posible realizarse con ideas de otros... Eso enturbia un poco la cosa y es más difícil decidir ‘esto es arte’ o ‘esto no es arte’. Lo que hay que ver es cuánto hay de creatividad y qué provoca eso. Si hay talento hay que respetarlo, te guste o no. Y eso se nota. Se nota cuando hay creatividad, talento, ideas, una visión personal que logra transmitirse y llegar al otro. No por frivolidad ni porque esté de moda, sino porque conmueve”.

Artificio lunar - Virginia Patrone
Artificio lunar - Virginia Patrone

Cuenta que en algún período de su recorrido le tocó oír “cantos de sirenas”. El arte conceptual parecía ser un camino con mayores posibilidades hacia el reconocimiento. “Pero creo que uno tiene que hacer lo que quiere profunda y honestamente. Si en vez de pintar el mainstream viene por el lado de que te ‘conviene’ hacer otra cosa para tener éxito... Eso es muy peligroso. La pintura, más allá de que es una expresión muy antigua, es maravillosa. Está todo el tiempo dándome cosas, sigo descubriendo. Ya está. No tengo por qué salir de ese camino. Lo interesante es lo que es verdadero”.

Y para ella lo verdadero se plasma en esos lienzos llenos de colores fuertes y vivos, que vibran tanto que parecen interpelar a la mirada. Como en muchos otros grandes nombres de la pintura nacional, en la obra de Patrone los colores parecen desbordar los marcos.

Magenta tango - Virginia Patrone
Magenta tango

Paradójico que una sociedad que a menudo se piensa como gris y sin estridencias tenga tantos pintores que derrochan colores. “Bueno, ¡tal vez sea una necesidad! Quizás seamos introvertidos pero eso no quiere decir que por adentro no hayan unas fogatas tremendas. Y esas fogatas a veces salen. No te olvides que los pintores planistas trabajaban con una paleta de colores muy montevideana, con una luz muy especial. Ahí de gris no hay nada. Tal vez nuestra ‘grisura’ e introversión sea algo de comportamiento, no de sensibilidad”.

There will come a time of happy crimes - Virginia Patrone
There will come a time of happy crimes
Reportar error
Enviado
Error
Reportar error