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La vida de Narda Lepes, entre la cocina y el activismo

En 1999 era una cocinera reconocida cuando apareció en la pantalla por primera vez y conquistó a una audiencia que, aún hoy, la sigue.

Narda Lepes
Narda Lepes

"Comer es lo único que nos puede dar placer tres veces al día por el resto de nuestras vidas”. Con esa frase, Narda Lepes empieza su primera charla TEDx en el año 2013, en Colombia. De pie, pelo recogido y tenso en un rodete que llega hasta su nuca, ropa negra, sin más accesorios que unas caravanas minúsculas y las uñas negras cortas, impoluta y sobria, Narda habla. Avisa que no sabe cómo hará para reducir su verborragia característica en los 20 minutos del formato, y dice eso: que comer es lo único que nos puede dar placer por toda la vida y que será así solo “si usamos el sentido común”. Pero, advierte, “hace rato que tiramos por la borda” el sentido común, dejamos que “el exterior nos dicte cómo tenemos que comer” y eso habilita al “chamuyo” de la industria alimenticia.

En otra TEDx, casi un año después y en Argentina, la cocinera repasa un par de cartones escritos que tiene en la mano, da pasos para un costado y para el otro, y dice que “nunca se habló tanto de comida sana, y nunca hubo tantos problemas relacionados a la alimentación”.

Narda pudo hablar sobre cómo fue convertirse en una cocinera de éxito que conquistó pantallas y libros de cocina. Pero prefirió aprovechar los 20 minutos en los que muchas cabezas en penumbra la escuchaban atentas para militar el marco teórico que sostiene su cocina: el de la responsabilidad alimentaria. En su casa, con su hija Leia -el nombre es en honor al personaje de Star Wars- que hoy tiene 7 años, milita el “no se tira la comida”. En la vida, Narda repite esas ideas cada vez que puede.

Entre la tranquilidad y la rebeldía

Narda es hija de Teresa del Carmen Miranda (Cacha), diseñadora y fotógrafa que llegó a trabajar en el estudio de Buenas tardes, mucho gusto, y Juan Lepes, arquitecto y empresario.

De adolescente, Narda ya salía a la noche bonaerense para adultos. Así lo ha contado en unas cuantas entrevistas. Su padre era el dueño de una discoteca muy popular en las últimas décadas del siglo XX en Buenos Aires y allá iba ella. “Medio que me crié ahí, paralelo a la Secundaria (...) No me daba curiosidad tomar alcohol. No me daban curiosidad las drogas. No me daba curiosidad nada de todo eso. Como que era re buena”, dijo entre risas en Humanos, un podcast de Esteban Menis. Su entorno natural era el de la rebeldía y entonces, ha dicho también, a ella le tocó rebelarse contra eso y ser, por el contrario, una muchacha tranquila y sin exabruptos. “Me rateaba del colegio y me iba para mi casa”, contó en Cortá por Lozano.

De su madre heredó el gusto por los sabores y los viajes. A la vez, a la personalidad dinámica de Cacha, Narda la matizó con estabilidad. “Mi mamá era una loca. Loca tipo guerrera, combativa, quilombo. No se quedaba nunca callada. Una vez quiso cagar a trompadas a la maestra de música porque me bajó de una grada de un brazo”, dijo a La Nación. “Mamá siempre hizo de todo un ratito: vegetariana, un ratito; macrobiótica, un ratito; ayurvédica, un ratito. Después volvía, después dejaba. Todo un ratito”, dijo a Revista Anfibia.

Narda es Narda desde hace por lo menos 20 años, cuando empezó en El Gourmet. Ha cambiado de pantalla o de plataforma o de horario o de cocina, pero sigue siendo ella. La voz gruesa, las palabras claras y honestas, la boca abriéndose ante la cámara para probar desde insectos hasta especias, y recordando, siempre, que el sabor y la textura están cargados de cultura. Los programas de viaje dejaban constancia de esto. De Londres a Vietnam, Narda recorría el mundo guiada por la comida. Y le gustaba la vida nómada.

Sí. Narda transmite tranquilidad y estabilidad. Ese era quizá el efecto hipnótico que causaban sus programas de cocina en El Gourmet y que la fueron convirtiendo en una figura esencial de la pantalla y la cocina. Sin embargo, en un universo de exigencias, perfección y obediencia como lo es el culinario, se rebela. Así Narda ha pasado desde debatir en la mesa con Mirtha Legrand por la despenalización del aborto, a ponerle voz a situaciones de acoso que ella misma llegó a vivir en las cocinas y que, sabe, se repitieron más allá -“Mil veces me tocaron el culo en las cocinas de los restaurantes”, dijo a Clarín-, hasta pelear por los derechos alimentarios.

Sus inicios en la pantalla

“¿Viste la película Cómo entrenar a tu dragón? En un momento dicen ‘eso lo cambia todo’. Bueno, la televisión y la exposición lo cambian todo”, dijo a Anfibia. “Su nombre termina de convertirse en marca: una combinación de carisma desprolijo, buen apetito, precisión, mucha data de buena calidad y el toque de arrogancia que tienen los que saben que hacen bien su trabajo”, describe en esa entrevista la periodista Emilia Erbetta. Narda empezó en El Gourmet en 1999 con el programa Fusión3. Una señal con la que sigue vinculada hasta hoy y donde tuvo todo tipo de programas. También trabajó en Utilisima, en Telefé y fue jurado en MasterChef Uruguay.

Descubrió la vocación por casualidad, en un año sabático. La televisión fue, también, una casualidad. Tiene sus restaurantes -Narda comedor y Narda Comedor Diario-, sus libros -por ahora tres-, sus premios -en 2020 fue Mejor chef mujer de América Latina-, su imperio en redes sociales, sus asesorías a productores y empresas, y un respaldo popular en el que se apoya para transmitir su activismo.

“Yo si estuviera en el lugar de los que organizan no quitaría el premio femenino, pero haría uno masculino también. Hasta que la lista esté más equilibrada. Porque si no, siempre salen más hombres. El premio es un síntoma del sistema. Hay que criticar el sistema, no el premio”, respondió a Infobae sobre el premio de 2020, la palabra “mujer” en el título y su feminismo declarado.

Narda agradece haber crecido en una familia que le dio las herramientas para defenderse o salir de los lugares en los que no quería estar. Pero le tocó dejar de lado su feminidad en pos de sobrevivir en un mundo invadido por hombres. Hoy, dijo al programa Cortá por Lozano, se arrepiente un poco. “En su momento me gustaba ser un pibe más. A las partes femeninas tuve que dejarlas de lado porque me sentía del club de los chicos. Pero ahora no, ahora córranse y hagan lugar, que somos un montón”.

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