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Esos viajes fantásticos

La ciencia ficción uruguaya tuvo un origen curioso en 1898. Hoy sus autores logran una mayor repercusión en el exterior que aquí.

Tapa de la nueva edición de Dengue
Tapa de la nueva edición de Dengue
Ana Solari
Ana Solari
Carlos María Federici
Carlos María Federici
Ramiro Sanchiz
Ramiro Sanchiz
Matías Bergara
Matías Bergara

LUIS PRATS

Un día, el escritor Pablo Dobrinin emprendió su propio viaje en el tiempo para conocer la historia de la ciencia ficción (CF) en el Uruguay. En vez de la máquina victoriana de H. G. Wells, utilizó sus zapatos para recorrer librerías de usados y el teléfono para rastrear a sus autores, un tarea enorme estimulada solamente por su entusiasmo hacia el tema.

De ese viaje fantástico, que luego divulgó en la revista digital argentina Axxon, descubrió que el primer autor criollo de CF no fue un escritor celebrado ni anónimo, sino el empresario Francisco Piria, quien pretendía brindar una visión utópica de estas tierras con El socialismo triunfante. Lo que será mi país en 200 años, publicado en 1898. La esencia del argumento: un uruguayo del siglo XIX se acuesta en una caja de cristal, toma el contenido de un frasco entregado por un faquir en la India y se despierta en 2098 para encontrarse un Uruguay diferente.

Lleno de errores y contradicciones (el propio Piria nunca fue socialista), ese libro quedó como antecedente, acaso curioso, de un género que vive y lucha en ese Uruguay del siglo XXI, impulsado por el rayo mágico de la pasión que une a Dobrinin, sus colegas y sus lectores. Es difícil determinar el número de escritores de CF en el país, porque no todos llegaron a publicar, pero se estima que son entre 20 y 30. Las ventas pocas veces los recompensaron, pero en contrapartida varios han logrado trascender en el exterior.

"El público uruguayo no acompaña (si hablamos de ventas) ni a la literatura, ni a la literatura uruguaya, ni mucho menos a la ciencia ficción local. Las tiradas de algunos buenos libros de esos autores han sido ínfimas", comenta el periodista cultural Elvio Gandolfo, autor del prólogo de Ruido blanco 3, recopilación de relatos de origen nacional que representa una de las escasas novedades 2015 del género.

Dejando de lado la curiosidad de Piria, el primer gran nombre de la CF nacional fue Horacio Quiroga, quien en 1910 publicó la breve novela El hombre artificial, inspirada claramente en el mito de Frankenstein: un ser fabricado en un laboratorio por tres científicos, uno ruso, otro italiano y el tercero argentino (el libro se lanzó inicialmente en Buenos Aires).

Después, un largo vacío intelestelar que no se llenó ni en las eras de oro y plata de la CF en el mundo, períodos que abarcan desde las viejas historietas en papel barato hasta las primeras películas sobre ovnis y marcianos. Recién en 1976, con El Planeta Arreit, de Horacio Terra Arocena, resurgió el tema. Dobrinin, en su investigación, encontró que solo desde la aparición de tres escritores "pioneros", es decir, los primeros que tenían conciencia del género que cultivaban —Carlos María Federici, Tarik Carson y Gabriel Mainero— Uruguay comenzó a figurar en antologías y revistas del exterior.

La segunda generación importante surgió en torno a Roberto Bayeto y la revista Diaspar (tres números impresos desde 1989 a 1995), a autores como Ramiro Sanchiz, Pablo Rodríguez, Claudio Pastrana y el propio Dobrinin, entre otros. Además de sus libros personales, lograron publicar en antologías y revistas de España, Italia, Francia y Argentina.

Ana Solari, Natalia Mardero y Pedra Peña son otros autores reconocidos en el medio, además de uruguayos radicados en el exterior, como Lucas Moreno y Federico Fernández Giordano.

Así como autores uruguayos se leen en el exterior, la revista Tigre 17, editada por la Universidad Stendhal de Grenoble (Francia) presentó en 2009 un amplio informe sobre la CF en el Río de la Plata. Otro libro de 2004, Latin American Science Fiction Writers, an A to Z guide, de Darrel B. Lockhart, menciona en Uruguay a Mario Levrero y Ana Solari. Señales que existe interés por la producción local.

El cómic y la ilustración son otras dos vertientes del género, siempre con mucho más mercado en el exterior que en casa. Y para completar el panorama, se está rodando Fiesta Nibiru, un largometraje de CF a cargo del director Manolo Facal.

Géneros.

Carlos María Federici es un referente en literatura policial, fantástica y de CF en el país. "En 1968 se produjo mi debut en el género, cuando mi cuento Primera Necesidad apareció en la hoy legendaria revista barcelonesa Nueva Dimensión", recuerda. Esta publicación le abrió las puertas a otros mercados de Europa, como Bélgica, Suecia, Italia y Finlandia, aunque en pequeña escala. En Uruguay no se le conoció hasta muchos años después

"Decididamente, y sin que esto implique crítica o censura alguna de mi parte, siempre obtuve mejor repercusión en el extranjero", admite. Justamente su primera novela, La orilla roja (un policial de corte clásico), se publicó en Argentina en 1972.

"Desde mis comienzos —y no vacilo en reconocerlo sin ambages— he sido un típico escritor de géneros, entendiéndose por tal el que apoya su escritura en golpes de efecto, finales sorpresivos y (me lo han reprochado alguna vez) adjetivación profusa, con el objetivo primordial de entretener al lector. Dijo una vez mi buen amigo Ruben Loza Aguerrebere que posiblemente la principal motivación del escritor para consagrarse a ese tipo de trabajo sea una básica disconformidad con su medio ambiente cotidiano. Siempre estuve de acuerdo, y con mucha mayor razón se aplica el concepto cuando uno se decide por un género que discurre por terrenos de fantasía y seudorrealidades", comenta.

Una de las poquísimas mujeres que producen CF es Ana Solari, escritora, docente y periodista cultural. "A mi padre le gustaba mucho la ciencia ficción y yo lo seguí. En casa siempre se leyó mucho y había conversaciones sobre todos los temas", cuenta sobre el origen de esa vocación.

Solari se inspira para sus obras en paisajes, sobre todo campos o pequeños pueblos, donde se producen aventuras que en el fondo se refieren a la moralidad de sus personajes: hasta qué punto mantienen sus principios a riesgo de su propia vida. "La ciencia ficción es una variante del romanticismo. Hay dos ciencia ficción, la mala, la que habla de monstruitos, y la que encierra un viaje filosófico o sociológico, desde un punto de vista más pesimista o más optimista", explica.

Distinciones.

En 2012, el escritor y periodista de El País Renzo Rossello publicó Las Furias. "Cuando lo escribí estaba pensando mucho en algunos de los temas contemporáneos que nos vienen pasando por arriba, como el uso de las tecnologías para ejercer más dominio, el desarrollo de la biotecnología, el transhumanismo, las nuevas teologías, en fin, temas que para alguien de una generación pre Internet plantean muchas dudas. Pero como yo no soy un filósofo, solo un narrador, tiendo a pensar con historias más que con ideas, Y así salió el libro", comenta.

Asegura que la repercusión fue "absolutamente escasa, por supuesto". "Lo bueno de escribir ficción en este país es la garantía del anonimato, y tratándose de ciencia ficción, doble anonimato. Supongo que algo gustó porque el libro tuvo el tercer lugar en el Premio Nacional de Literatura", recuerda.

La novela Ur, publicada por Leandro Delgado en 2013, fue ternada para el premio Bartolomé Hidalgo. "Nunca lo pensé como un mérito para la ciencia ficción, pero quizá sea cierto —dice el autor—. Pero si fue distinguida no lo fue por su género. En todo caso eso pudo haber actuado como un demérito. Creo que fue distinguida por una preocupación especial de mi parte por el lenguaje que, por algún motivo, la ciencia ficción me habilitaba para sofisticar hasta el delirio, lo cual tampoco, creo, fue muy bien visto por los ortodoxos, tan apegados a la anécdota o a la operación mental sagaz. En mi caso, mi obsesión eran el lenguaje y el delirio de ese lenguaje y el sonido de ese lenguaje. Ur es para leer en voz alta y allí surge otra realidad inadvertida y distinta a la lectura silenciosa, a mi entender", explica.

Imaginación.

Cuando tenía 13 años, los padres de Ramiro Sanchiz le regalaron La edad del futuro, un compilado de Isaac Asimov. "Quedé fascinado con la ciencia ficción y la divulgación científica, y quise practicar ambos géneros pero, evidentemente, el primero era el que estaba más a mano". Las ganas de imitar a Asimov fueron la primera razón para escribir. "Después, las posibilidades que da el género a la hora de ponerse a imaginar mundos y criaturas. Y, más tarde, el rechazo a las formas simples de realismo, muy especialmente las vernáculas", cuenta.

De sus libros, recuerda que La vista desde el puente (2011) no gustó mucho al principio. "Después fueron apareciendo lectores muy interesados y terminó siendo el único de mis libros sobre el que se han escrito artículos a nivel académico. Una vez un militante de la nación charrúa me dijo que la había disfrutado mucho y que sentía que con esa novela yo me hermanaba con su causa. Todavía no puedo entender por qué o cómo es posible esa lectura, pero me alegró que me lo dijera", asegura.

Hay un Flash Gordon local.

Carlos Federici es autor de la historieta Jet Gálvez, un astronauta de los Centinelas del Cosmos. El personaje fue creado siguiendo la estética y los principios éticos de los maestros del cómic estadounidense de la década de 1950. Con el apoyo del dibujante William Gezzio, se publicó en la revista Patatín y Patatán en los 80. Y de la mano del periodista Matías Castro, Jet Gálvez regresó para la edición de Montevideo Comics en 2013.

Historieta, novela y hasta juego.

Ana Solari es autora, entre otros relatos, de la serie Zack, un libro de cuentos y una novela con el mismo personaje, un científico en medio de una catástrofe tecnológica que deja apenas porciones de mundo desconectadas entre sí mientras él sale a buscar a un amigo. "Es una historia on the road", explica. También incursionó en el cómic, con Suburbia, publicado con dibujos de Martín Ansin en la desaparecida revista Posdata. Está proyectada una versión en novela de este trabajo, que tiene como escenario el Oeste montevideano en el año 2057. "Para Internet pensamos en un juego on line, con un hipertexto, que mezcla ciencia ficción con novela policial. Rada iba a cantar y Alberto Magnone iba a hacer la música", asegura.

También Zack cuenta con dibujos de Daniel Turcatti, "porque siempre me interesó la combinación de texto e ilustración", cuenta Solari.

DIBUJANTES.

En las grandes ligas.

A diferencia de los escritores, sobre todo los que hacen ciencia ficción, hay varios dibujantes uruguayos que pueden vivir de su trabajo produciendo para el exterior, aunque no siempre se traten de ilustraciones de este género.

Uno de ellos es Matías Bergara, autor de los dibujos de Dengue, una novela gráfica escrita por Rodolfo Santullo (la ilustración que abre esta nota pertenece a la tapa de la nueva edición).

El trabajo tuvo gran éxito en el país y el exterior. El prólogo lo escribió Ian Watson, guionista de Steven Spielberg. "Hace poco la editorial Humanoids de Francia pidió los derechos para reeditarlo en francés, inglés (una traducción que hice yo) y japonés. Tiene potencial de adaptación a cine o TV, y también queremos encontrarle una ocasional salida por ese lado", cuenta Bergara.

El ilustrador publica en varias editoriales internacionales, sobre todo en los géneros policial y de fantasía, aunque la ciencia ficción (CF) es uno de los que más le interesa. Tanto trabajo tiene que ha debido rechazar propuestas de importantes empresas.

Luego de su trabajo con Ana Solari en Suburbia, Martín Ansin no volvió a producir historietas, aunque sí ilustraciones de ciencia ficción, además de publicidad. "No es que me haya dejado de interesar, pero el cómic consume mucho tiempo. La ciencia ficción en el cómic te da la oportunidad de imaginar lo que quieras", explica. Su especialidad ahora son los pósters oficiales de grandes producciones de Hollywood, como Alien, Tron o El Planeta de los Simios, que se venden en ediciones limitadas dirigidas a los coleccionistas. "Es súper importante que conectes con el fan", sostiene.

El artista uruguayo radicado en Londres Alejandro Colucci ilustró las tapas de prestigiosas obras de CF, como La guerra de los mundos, de H. G. Wells, varios de J. G. Ballard (Crash, El mundo sumergido, El mundo de cristal), Ursula K. Le Guin, Orson Scott Card o William Gibson. También creó una tapa para la revista ScifiWorld sobre el film de culto Blade Runner. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de publicar para autores compatriotas de CF, aunque sí en el género fantástico. "Llegué a hacer una nueva portada para Umbral de las tinieblas, de mi amigo Carlos Federici, pero no llegó a editarse", indica.

¿Ciencia ficción a la uruguaya o solo escrita por uruguayos?

En la novela La vista desde el puente, de Ramiro Sanchiz, Artigas no se fue al Paraguay, los charrúas no fueron exterminados y el país abarca Entre Ríos, Corrientes y Rio Grande. Pero es una de las excepciones: la ciencia ficción escrita por uruguayos contienen pocas referencias locales, generalmente solapadas o disfrazadas. "Lo importante es que los relatos funcionan sin problemas en distintos países. Y lo fundamental es que se haga buena literatura", asegura Pablo Dobrinin. "Quien escribe debe aspirar a un alcance universal. El mundo, ya es sabido, está cada día más globalizado, y por ende las diferencias vernáculas se disuelven", sostiene en tanto Carlos Federici.

Para Leandro Delgado, "este no es un país de grandes avances científicos, por lo cual no da lugar a grandes especulaciones, que las hubo, principalmente a principios del siglo XX y sobre todo en Argentina". "Las referencias locales —dice Renzo Rossello— existen pero muy atenuadas, porque sentí que tenía que hacer algo distinto a cuando escribo en el género negro o policial, donde los códigos locales deberían ser más reconocibles para tener una pintura de ambiente más verosímil".

De Argentina a Eslovenia.

Pablo Dobrinin escribe literatura fantástica y ciencia ficción desde su infancia. Muchos de sus relatos fueron publicados en antologías y revistas especializadas de Argentina, Francia, España, Uruguay e Italia. En 2011 editó en Argentina Colores peligrosos, una selección de sus mejores trabajos. Como se agotó rápidamente, un año más tarde salió en Uruguay a través del sello El gato de Ulthar. Y en 2015 vendió los derechos del libro a Eslovenia. Ahora trabaja —siempre en Montevideo— en un nuevo libro de relatos, mientras sigue publicando regularmente en revistas extranjeras. "Me gusta la ciencia ficción porque te permite considerar temas de nuestra realidad desde otra óptica", asegura.

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