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Un viaje a los viejos tesoros de Hollywood

Verdadera cueva del cine, el Museo de la Academia en Los Ángeles exhibirá a a partir de 2019 y por primera vez de forma permanente las maravillas de la Meca del séptimo arte.

Museo de Hollywood

El cartel a la entrada del enorme solar lo dejaba bien claro: "Todo se vende menos el tiburón". Era un descampado inmenso que en Los Ángeles se conocía como "el chatarrero de Hollywood". Allí, en medio de Burbank, los estudios de cine llevaban décadas tirando trozos de decorados, objetos inservibles, coches, grúas, de todo. Cualquiera podía pasarse por allí y hacer una oferta por cualquier cosa. Menos por el tiburón.

Se trataba del único muñeco superviviente de los que se hicieron en 1975 para la película de Steven Spielberg. El tiburón Bruce no se usó en el filme, pero fue fabricado aquel año del mismo molde que los otros tres. Estuvo en el parque de los estudios Universal hasta que se deshicieron de él. Fue a parar a la chatarrería y allí pasó 25 años a la intemperie entre varias palmeras como un trofeo en medio del solar. Cuando el negocio cerró, hace dos años, el dueño lo donó para un proyecto que por entonces aún sonaba lejano: el futuro Museo del Cine de la Academia.

Nadie fabrica nada en el cine pensando en que vaya a durar más allá del último día de rodaje. La historia de Bruce es un ejemplo de esa realidad. Lo que para el público es un tesoro, para el estudio es basura. Si no fuera por el chatarrero, es decir, el público, el tiburón no habría sobrevivido. Ahora, la industria del cine estadounidense ha decidido, por primera vez en un siglo, proteger su legado. Y, más importante aún, enseñarlo. Lo hará en forma del primer museo del cine en la capital del cine. El primer espacio, y se supone que el definitivo, para disfrutar de la historia, la ciencia y el arte de Hollywood.

El Museo del Cine de la Academia tiene previsto abrir sus puertas en 2019 como el lugar en el que, por fin, el público pueda ver de cerca el corazón y la historia de la industria del séptimo arte. En Los Ángeles no existía nada así.

Kerry Brougher, director del museo, dice que será "un centro del mundo del cine, un lugar alrededor del cual se pueden juntar los amantes del género no solo para ver una exposición, sino para sentarse a hablar de las películas, descubrir cosas nuevas y acudir a charlas".

La pregunta obvia es por qué este proyecto ha tardado tanto. Por qué algo tan evidente, un lugar donde celebrar el cine en Los Ángeles, no existía. "Esa es la gran pregunta", responde Brougher, y añade: "No ha sido por no intentarlo. La Academia decidió ya en 1929 que quería hacer un museo del cine. Entonces, Douglas Fairbanks y Mary Pickford querían hacer una biblioteca y un museo. La biblioteca se hizo, pero el museo no. Después, en los cincuenta volvió la idea, pero no llegó a ningún sitio. Siempre se interpuso algo. La Academia tenía otro proyecto cuando golpeó la crisis de 2008 y hubo que dejarlo aparcado. Aquel proyecto se acabó convirtiendo en este. Y aquí estamos. Finalmente se está construyendo, 90 años después de que surgiera la idea".

El tiburón Bruce es una anécdota minúscula dentro del material que ha acumulado Hollywood sobre sí mismo en estas décadas. Desde 2008, la Academia empezó a adquirir agresivamente recuerdos de Hollywood que durante años había dejado en baúles privados. En 2012, por ejemplo, compró en una subasta los zapatos de rubíes que llevaba Judy Garland en El mago de Oz, gracias a una donación de Leonardo DiCaprio. Hoy son una de las joyas más preciadas de la colección de recuerdos y tendrán un lugar destacado en el museo. En total, hay más de 2.500 objetos entre tecnología antigua, vestuarios y material de producción y de promoción.

El archivo de la Academia se encuentra en un edificio en pleno Hollywood llamado Centro Mary Pickford para el Estudio del Cine. Allí está Jessica Niebel, la comisaria de la exposición permanente del museo, para mostrar en exclusiva algunas de las joyas de la colección. Y allí nos encontramos cara a cara con Alien. Es la máscara original diseñada por H. R. Giger para la película dirigida por Ridley Scott en 1979. Por debajo de la cabeza alargada se puede ver una correa con hebilla con la que se sujetaba a la cabeza del actor. "Mirá la capa de pintura translúcida", señala Niebel. "Así es como consiguieron ese brillo tan especial en la pantalla". De cerca, el color es asombroso, parece que respira. Una repugnante maravilla.

Al lado, Niebel muestra una peluca rubia de Harpo Marx. "Cuando trabajaba en el circo las usaba rosas, de payaso, pero se dio cuenta de que no quedaba bien en blanco y negro". Oyendo las explicaciones de Niebel, uno se imagina perfectamente las historias que acompañarán a la colección en el museo. Más allá puede contemplarse la silla de producción que le hicieron a medida a Shirley Temple. La Academia posee además el pupitre en el que estudiaba en los rodajes, los zapatos de claqué y el cajón donde ensayó el mítico baile de los escalones en La pequeña coronela (1934). Todo es regalo de la familia de Temple. Niebel nos enseña después una vieja máquina de escribir. "Es la máquina en la que Joseph Stefano escribió Psicosis".

Hay más. Las puertas del café Ricks de Casablanca (1942), las tablas del profeta Charlton Heston en Los diez mandamientos (1956), la nave 1B de 2001: una odisea del espacio (1968), el maquillaje original del león de El mago de Oz (1939). En definitiva, miles de tiburones que han salido a la superficie y por primera vez serán protegidos y mostrados de forma permanente. Eso más lo que haya en áticos y sótanos por toda la ciudad. "Esto es Los Ángeles y hay muchos objetos así", dice Niebel, "podemos trabajar con muchos de los miembros de la Academia para conseguir más piezas".

No se trata de un mero gabinete de curiosidades. No es un parque temático. Es un centro de estudio de la historia y el futuro del cine. Está proyectado para ser el museo total sobre esta industria. "Es un museo sobre la ciencia del cine y el arte que sale de ella", en palabras de Kerry Brougher.

Los objetos completan una colección de historia del cine que es de las más grandes del mundo. La biblioteca Margaret Herrick, que forma parte de los archivos de la Academia, lleva coleccionando papeles desde los años treinta. Alberga más de 80.000 guiones, muchos con anotaciones; 12 millones de fotografías, una colección de 61.000 carteles de películas y 104.000 diseños de producción artística. Posee más de 1.600 documentos de producción, como cartas, notas o contratos que cuentan la historia de Hollywood. Entre ellos, los archivos personales de Alfred Hitchcock, Katharine Hepburn, Cary Grant y John Houston.

Y por supuesto, la colección incluye cine. Este archivo tiene más de 190.000 títulos en película y video, entre los que están las copias de todos los filmes ganadores del Oscar y de todos aquellos que la Academia en algún momento dado ha considerado que tenían un valor. Hay mucho cine independiente, guardado con el único criterio de que aporta algo a la historia, en opinión de la Academia. El archivo, en los bajos del Centro Mary Pickford, está formado por cuatro naves llenas de latas que van contando la historia del cine. En una fila cualquiera uno se encuentra El apartamento, Qué verde era mi valle, Rebeca…

Todo esto ha estado siempre ahí, a disposición de los investigadores. Hollywood empezará a enseñarlo por primera vez a todo el mundo en un edificio que ya se puede ver. Las obras comenzaron en 2016 y está previsto que acaben en 2019. La forma ya es perfectamente reconocible. Se encuentra en el centro del mapa de la ciudad, en la esquina de Wilshire con Fairfax, al lado del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA) y frente al nuevo y vistoso Museo Petersen del Automóvil. "A esta zona la llamaban Miracle Mile y es ahora cuando empieza a serlo de verdad", apunta Kerry Brougher durante una visita guiada por las obras. Una estación de metro está proyectada para abrir en 2023 y terminar de dotar a Los Ángeles, por primera vez en su historia, de un centro turístico digno en el que de verdad haya algo que ver. 

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