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Viaje en busca del edén de Virginia Woolf

El condado de Cornualles, en Inglaterra, tuvo profundo efecto en por entonces una joven londinense que se convertiría en una estrella literaria. Una conocedora de su obra lo recorre y lo cuenta.

Exposición en el Tate hasta fines de abril.
Exposición en el Tate hasta fines de abril.

Virginia Woolf no siempre fue la radical que imaginamos hoy. Antes de los debates en torno a la verdad y la belleza en el círculo de artistas, intelectuales y escritores de principios del siglo XX conocido como Bloomsbury Group; antes de las polémicas conferencias feministas en Cambridge; antes del continuo empuje para experimentar nuevas formas de ficción, antes de todo estaba la joven impresionable nacida como Adeline Virginia Stephen, que pasó algunos veranos en Cornualles, en el escarpado suroeste de Inglaterra.

En una mañana gris me encontraba a bordo del Great Western Railway, rodando por la misma ruta que Woolf habría tomado aproximadamente un siglo antes. El tren se abrazaba con fuerza a las vías, más allá de las amplias franjas de arena dorada y de los acantilados verdes, lánguidamente inclinados sobre el azul de la bahía de St. Ives y del faro de Godrevy.

La línea ferroviaria a la ciudad de St. Ives se inauguró en 1877, y resulta fácil entender cómo debió atraer a los británicos acomodados poder llegar a esta zona tan difícil de alcanzar, y que hoy es un pujante paraíso artístico que tiene hasta su propia sucursal del museo Tate.

Admiradora hace mucho de esta pionera literario modernista —no solo por cómo redefinió las posibilidades de la novela, sino porque ningún otro escritor me ha dado, frase por frase, tanto placer—, decidí buscar a Woolf en sus primeros años. Me dirigí entonces al condado costero que tuvo un profundo efecto en su escritura, abriéndose paso en las novelas El cuarto de Jacob y Las olas, y formando la base de una de sus mejores obras: Al faro.

Los veranos de Woolf en Cornualles fueron un alivio frente a su vida en la clase media alta de Londres. Su padre, el famoso crítico literario e historiador Sir Leslie Stephen, alquiló una casa con vista a la bahía de St. Ives, en Cornualles, que describió en una carta como "un paraíso de bolsillo, con una ensenada protegida, de arena de fácil acceso justo debajo". Esa casa, esa bahía, ese faro: todo sería inmortalizado en su famosa novela.

Aunque Woolf siempre tuvo cuidado de abstraerse de su historia personal, y establecer Al faro en la isla escocesa de Skye, la obra está repleta de imágenes que parecen sacadas de su época en Cornualles. Desde 1882 —cuando tenía unos pocos meses —hasta 1894 —a los 12, y el año anterior a la muerte de su madre—, Woolf pasaba unos meses cada año en Talland House, en las afueras de St. Ives. Fue la pura libertad física de Cornualles, en contraste con las restricciones de la vida londinense de Woolf —sugieren las estudiosas Marion Dell y Marion Whybrow en Virginia Woolf & Vanessa Bell: Remembering St. Ives—, la que le habría ayudado a contraponerse a las estructuras de su época y concebir una mirada independiente.

Faro de Cornualles
Faro de Cornualles

Woolf vagabundeaba libremente bajo el aire salado, con toda la extensión de la bahía y el faro distante ante ella. Nadó y hurgó entre charcos en las rocas, y cazó polillas en unas duras expediciones nocturnas. "En retrospectiva, nada de lo que teníamos cuando niños hizo tanta diferencia, fue tan importante para nosotros, como nuestro verano en Cornualles. El país se intensificó, después de los meses en Londres, y formó el mejor comienzo para la vida concebible", escribió en 1940, a los 58 años, en su ensayo autobiográfico Bocetos del pasado.

Celebrando el papel desmesurado de St. Ives en la vida de Woolf, y destacándose a sí misma por lo mucho que ha crecido la ciudad, está la recientemente renovada y ampliada Tate St. Ives, una de las dos únicas ramas de este museo de arte fuera de Londres, y que presenta hasta fin de mes Virginia Woolf: Una exposición inspirada por sus escritos.

Mientras St. Ives ha evolucionado desde los días de Woolf, hay partes de Cornualles —condado en expansión, con más de medio millón de personas— que parecen congeladas en el tiempo. Justo al otro lado de la costa encontré un paisaje rural, austero, etéreo, bello, que permanece todavía, a pesar del ocasional auto y del veloz tractor, parecido a cómo Woolf lo habría recordado de niña. Lo que era un viaje de 10 horas a St. Ives desde Londres, hoy se hace en menos de seis.

Serpenteando desde la única terminal de la ciudad, como lo habrán hecho Woolf y su familia junto con cocineros, sirvientes y montones de equipaje, la villa de piedra de mediados del siglo XIX se anticipa grande, aparentemente incongruente en medio de la abigarrada variedad de arquitectura que surgió a su alrededor, incluyendo un brillante y moderno complejo de departamentos con balcones de vidrio que está al lado.

"Su familia trasladaba su forma de vida completa, su hogar, durante dos o tres meses al año a esta casa que tenía un jardín mágico en este entorno muy remoto, y se convertiría en una especie de Edén para ella, un lugar que idealizaría y recordaría por siempre", dijo Alexandra Harris, autora de Virginia Woolf y profesora de la Universidad de Birmingham. "En Al faro, Woolf, como una exitosa escritora de mediana edad, se encuentra cara a cara con su madre en el jardín que es en gran medida el jardín de Talland House. La novela incorpora la sensación de haber dejado algo sin terminar a través de esos veranos de la infancia", agregó.

Al faro resume el amor de Woolf y el anhelo por su madre, así como su visión conflictiva de la imagen que ella, Julia Stephen, tenía de la femineidad victoriana. Todos esos sentimientos reprimidos, aparentemente suspendidos en el tiempo después de que la familia renunciara a Talland House tras la muerte de la matriarca, encontraron su liberación en la novela.

Talland House
Talland House

Aunque Talland House no está abierta al público, los visitantes pueden, desde Talland Road, echar un vistazo al jardín inclinado, a la fachada color crema de la casa y a las panorámicas desde la bahía de St. Ives al icónico faro Godrevy. Aunque para una perspectiva más lograda lo mejor es imitar a la escritora y sus tres hermanos en su primer viaje de regreso a la casa cuando eran adultos. "Pasamos por la puerta, avanzamos a tientas, pero con los pies seguros por el camino subimos el tramo de escalones ásperos", escribió Woolf en 1905.

La reja de madera original ya no existe, aunque los "peldaños ásperos" y el seto, que ahora llega aproximadamente al pecho, siguen en su ubicación. Los visitantes también pueden caminar por la entrada pavimentada —el antiguo "camino de carruajes"—, a un costado del jardín, según dijo Peter Eddy, dueño de la casa (junto a su hermano, John Eddy).

Encontré a Peter con algunos de los residentes actuales de la casa, entusiastas de Woolf (uno es presidente de la Cámara de Comercio de St. Ives; otro es voluntario en el Archivo local). Como guardianes del mito de Talland House, estaban estudiando un mapa de la propiedad en 1906 y fotos históricas que mostraban una casa más pequeña y menos imponente.

Caminé, empapándome del espíritu del lugar. El jardín está más cuidado, y carece de varios hitos encantadores que recibieron nombres como el "rincón de amor", "jardín de café" y "lugar de vigilancia". Sin embargo, del jardín original quedan algunas reliquias, incluidas plumas de hierba de la pampa cerca de donde Woolf habría jugado partidos nocturnos de cricket, y una cobertura mixta alrededor del borde inferior del jardín donde estaba la querida escallonia de Woolf, "cuyas hojas, prensadas, daban un olor muy dulce".

Al mirar a la bahía desde el jardín recordé una de las líneas más conocidas de Al faro: "Porque el gran plato de agua azul estaba frente a ella; el viejo faro, distante, austero, en el medio...".

Los fanáticos de Woolf han estado preocupados por la obstrucción de esta panorámica desde que el consejo de Cornualles otorgó permiso de planificación en diciembre 2015 para un complejo de departamentos que se construirá bajo Talland House. Pero no parece que eso realmente sucederá. 

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