CABEZA DE TURCO

La veta adolfina

El maestro Schumpeter vino un día y nos enseñó que Marx era un señorito equivocado. Nos dijo también que el ciudadano normal apenas se mete en política, cuando lo hace desciende a un nivel inferior al de un chimpancé y agregó que los razonamientos de la gente —en ese terreno— suelen ser "infantiles" mientras en la vida real no lo son tanto.

En Uruguay no deja de ser así la cosa, uno conversa con amigos y se vuelven algo rupestres y solo parece que les sirve un "redentor". Alguna gente cree, inclusive, que existe un Mesías político. Una estupidez mayúscula pero te lo dicen a cara descubierta.

Honestamente, la veta "adolfina" (así le dicen a la nueva líder alemana que asusta) está presente en muchos compatriotas y es penoso eso che, somos personas grandes y no vendrá nadie a salvarnos. Nadie. Papá Noel no existe y los Reyes Magos son los shopping. Ya deberíamos saber que los políticos que tenemos son los que nos merecemos. Cada sociedad se hace cargo de su paquetito. En la Banda Oriental —no jodan amores— el producto Mujica es hijo de las chancletas, el enojo eterno con la vida y la revolución versera que nunca hizo nadie. Y los "dotores" (los otros, incluso el uno) son hijos de un país que heredaron con movilidad social ascendente (el de ayer) que permitía a sectores sociales diversos —con algo de preparación— avanzar en la vida, mejorar y colarse en la movida.

Sin embargo, hoy, las broncas populares pasan por el castigo que se les propinó a sus bolsillos. Y como Astorix viene apretando más, la barra ladra. ¡Sacale un peso al uruguayo y conocerás la bestia! Por eso este gobierno empieza a ser reprochado en demasía. No importa que Sendic sea un panda sin gestos al que la gente observa atónita; menos preocupan los agujeros de Ancap (por suerte la Justicia va derechito a embocarse a algunos); menos inquietan aún los asesinados del mes que son llorados por los amigos hasta que sale Bonomi a ofendernos con sus charlatanerías tipo Fidel Pintos. En fin, todo pasa hasta que la gente se harta. Y ahora está caliente de verdad. Les perdió la paciencia a los divinos portadores del relato actual. Y nadie dice en voz alta que los votó. Hay vergüencita. Por favor: los que los votaron, banquen chicos, no vale borrarse ahora que sabemos que es whisky trucho. Cada cual que atienda su juego (Antón Pirulero).

Bue, viene el verano y la cosa se calma. La diosa Kechichián nos serena. Musa del sol. Los argentinos llenarán el país con dinerillos limpios (o de los otros). Macri los dejará gastar y nosotros —que los envidiamos— les diremos que los amamos para desplumarlos. En Punta se dictan doctorados delincuenciales sobre cómo desangrar porteños dejándolos felices. "Belleza" como dicen en el mundo porno (me cuentan). Y así, todo irá mejor con Coca-Cola por un tiempo más. Y pasaremos el verano en nuestra letanía onettiana y veremos qué nos depara el futuro, mientras algunos inventan lo que sea para sobrevivir, porque cada día las clases medias son menos medias y más desclasadas. Y allí está el asunto, mis amores: las clases medias adoraron la izquierda que les habilitó teles, motitos, autos, guita pa los viajes, de todo para clientelizarlos. Y ahora les saca todo de un plumazo, encarece la vida, no explica la razón por la que no hay trabajo bien pago y además incubó unos vivillos-idiotas que se parecen demasiado a los vivillos-idiotas de antes que se acomodaban en el poder. ¿No venían a moralizar toda esa basura? ¡Uyyyy! ¿Y ahora quien podrá salvarnos? Y esa pregunta chapulinesca y estúpida solo tiene una respuesta igual de berreta: no habrá nadie que nos ayude a salir del pútrido agujero negro en que nos metieron. Solo un cambio de mentalidad colectivo, de encare y de mirada producirá semejante magia. Nada fácil por cierto. Y esa, es una tarea de los péndex que tienen que dar vuelta la página de esta nación de próstatas cansinas, papadas mayúsculas y gente que se creía moderna y fueron solo un paquetón de lugares comunes insoportable. Si es que quieren "país", a patear el tablero muchachos. Allí está, lo tienen a tiro.

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