COMPORTAMIENTO

¿Cómo nos vestiremos después de la pandemia?

Cómo  cambió el vínculo con la ropa desde el confinamiento y, ¿el futuro será solo de jogginetas? ¿o estamos en unos nuevo "años 20"?

Looks casuales y un desfile de modas de la Paris Fashion Week
La moda cambió con la pandemia y tendrá otra transformación cuando vuelva "la normalidad". 

"Uno de los primeros mitos que derribé estando confinada voluntariamente en mi apartamento es que ‘me visto para mí misma’”, escribía en su blog Alejandra Pintos, periodista especializada en moda, en abril de 2020. Encabezando el texto, una foto vistiendo un abrigo que le llegaba por las pantorrillas, con cuadrados azules y rosas y líneas blancas. “Pero lo cierto es que estando sola en casa realmente descubrí cómo me visto cuando me visto para mí”, añadía.

Un año y tres meses después, Alejandra dice a Revista Domingo que está viviendo un “renovado romance” con la moda. “Cada salida es una oportunidad para explorar siluetas, divertirme y entrar en un personaje. Antes, al dedicarme a esto, si había un evento lo pensaba dos veces, pero era más rutinario”.

Al inicio de la pandemia todo parecía indicar que quienes podían quedarse en casa adquirirían el hábito del pantalón deportivo, las pantuflas, el pijama. Hubo marcas que comercializaron conjuntos que incluían deportivos para abajo, blazers para arriba —para las videollamadas—. Hubo otras marcas, dice Alejandra, que aprovecharon para reforzar la venta del pantalón a juego con el buzo. Si antes vendían una sola prenda, con la tendencia “confy set” se podían vender las dos. “Hay un híbrido de la ropa que mostramos al mundo y lo que usamos en casa”.

¿Pero la pandemia realmente influyó en la manera en la que nos vestimos? ¿Cómo nos vestiremos después? ¿Dónde queda la mirada del otro? Cada cultura es un mundo, pero en Domingo conversamos con cuatro uruguayas —vestuaristas, estilistas y periodistas— que se vinculan de manera especial con el mundo de la moda y, en particular, con sus roperos.

¿Vestimos según cómo nos sentimos? 

Cuando los días en casa se fueron alargando y profundizando en lo que iba del 2020, las personas pasamos a necesitar algo más. Un jean o una camisa bonita representaban, por ejemplo, la hora del día de la productividad. Vestirse para trabajar o para hacer mandados. Vestirse para entrar a una clase online.

Vicky Zorrilla es coach de imagen y para ella, que trabaja y depende de este mundo, la pandemia también le generó un cambio. “Desde el primer momento lo que quise fue estar lo más cómoda posible, el tema de la imagen pasó a un segundo plano aún para mí. Un tema menos para todo lo que teníamos que pensar. Hasta que alrededor de junio me empecé a dar cuenta por experiencia y por leer, que el cómo me visto impacta fuertemente en cómo me siento”.

Sintió un cambio en ella por el simple hecho de levantarse y elegir un atuendo, y le pareció que debía compartirlo con sus seguidoras en Instagram, alumnas y clientas. Empezó por asesorar sobre cómo aprovechar el armario al máximo y llevarlo a un orden funcional y ameno hasta que hoy en día las personas volvieron a interesarse y a consultar por los atuendos para salir a la calle, por dejar de lado, al menos un poco, la vida de encierro.

El “dramatismo” de las prendas de Nieves Pereyra se vio frenado. Vestuarista y estilista, con la pandemia y la larga pausa de los eventos sociales, su forma de entender, ver y vivir la ropa y el consumo, cambió: “Es un vínculo que a veces no revisamos lo suficiente”.

“Hay una reconfiguración del estilo personal. Cuando entendés que la vestimenta debe acompañar tu ritmo de vida, y que sentirte cómoda y feliz es lo más importante, es muy raro que vuelvas atrás. Siempre va a haber más resistencia en algunas personas, que están deseando volver al brillo y los tacos altos porque ya sabemos que ‘todo tiempo pasado fue mejor’, pero los más flexibles y modernos van a adoptar este enfoque de comodidad y van a apropiarse del mismo. Quedó clarísimo que comodidad no equivale a andar todo el día de joggineta. Basta ver el último desfile de Dior Cruise. La comodidad no está peleada con lo bello, y sin dudas es el futuro”. Cree, además, en la “democratización” que trajo la pandemia al mundo de la moda (ver aparte).

¿Se terminó la era de lo normativo?

Un artículo de The New York Times publicado hace un par de semanas analizaba que sin la salida a la calle se terminó o disminuyó la postura normativa de la moda. Sin embargo, las redes sociales siguen siendo un espacio donde validarse o no según la vestimenta. Alejandra Pintos opina que Instagram “cambió mucho el cómo nos vestimos. Aceleró el ciclo de las tendencias. Alguien empieza a usar algo y lo copian inmediatamente porque también esas tendencias llegan antes a todas partes del mundo”. Lo compara con las tribus urbanas: “No es tanto ‘hay que vestirse de determinada manera’, sino que si tú querés pertenecer a cierto círculo o transmitir cierta cosa, tiene su propio código de vestimenta”.

¿Volverán los locos años 20? 

Entre las tantas reflexiones sobre qué pasará, están quienes consideran que a cien años de aquellos locos años 20 del siglo XX, algo similar está por suceder. La moda será, dicen, el reflejo de la necesidad de la libertad y el encuentro.

“Ahora estamos viviendo en un momento en el que conviven muchísimas tendencias y formas de vestirse. Si bien hay códigos compartidos y cosas que están de moda y microtendencias de cosas que se popularizan en Instagram, vivimos en un momento en el que hay apertura a cómo cada uno se quiera vestir. Conviven muchos estilos, tribus urbanas”, dice Alejandra sobre cómo cree que serán estos nuevos años 20.

Cuando empezó la pandemia, la fashionista Natalia Jinchuk —cofundadora de Mirada Couture— tuvo la sensación de que la pausa indefinida haría reflexionar y volver a lo sencillo, que se reduciría el consumo, la producción y los desfiles desenfrenados.

Parada en 2021 cree que fue muy optimista. Aunque destaca que a nivel editorial sucedieron hechos importantes y refrescantes, “con directoras de medios más jóvenes y cabezas más diversas”, lo demás parece ir por un camino bastante diferente a la sencillez, a lo básico. La expresividad busca su máximo esplendor.

“La vuelta a la vida tiene que ser de alguna manera honrada con prendas que lo den todo. Volver a conectarse con ese lado más luminoso y divertido que todos tuvimos que dejar de lado y que extrañamos muchísimo. Algo que pensé que no me iba a suceder, como el decir ‘voy a querer ponerme una boa de plumas’ (ríe), ahora siento que me dan ganas de hacerlo”.

¿Quiénes dictan las tendencias?

Antes incluso de la pandemia, ya se desdibujaba el poder que posicionaba a las grandes marcas y editoriales de moda como las que dictaban el mandato de la tendencia. “Siempre hubo una mirada hacia la calle, la moda no deja de ser un fenómeno social. Lo que si creo que se está dando es un cambio a nivel de democratización de la moda, como ya se dio en los 80. Tanto las revistas como las grandes casas están incorporando otras visiones y eso produce cambios”, dice Nieves Pereyra. “Los medios están teniendo que replantearse la forma de comunicar moda”. Para Natalia Jinchuk es importante que se mire más hacia la gente, pero sin perder “la mirada estética de quienes tienen una sensibilidad especial”.


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