CABEZA DE TURCO i WASHINGTON ABDALA

La utopía soy yo

Nada es predecible. Nada. Cuando los ingleses debatieron si se quedaban en Europa nadie creyó que se irían. Se fueron. Yo soy de los que gocé con ellos, aplaudí su coraje. Entendí que estaban hartos (y temerosos) de sostener una Europa cara, burocrática y demasiado grande a la que ya no la sentían como tal.

Con los progresismos ladronzuelos latinoamericanos, muchos creyeron que eran divinidades aztecas que venían a quedarse eternamente tipo Lula o la familia Kirchner. Minga, solo fueron chorros de cuarta, ellos, sus familias y sus adláteres. Ahora los perseguirán hasta el infinito y más allá. Soy de los que gozo cada día que los corran por todos lados y los quiero ver entre rejas cuanto antes. Ellos, que eran la moral en la Tierra se hicieron ricos robando al pueblo. ¡Sátrapas! El día que pierdan su libertad, pasen por mi casa a festejar, habrá fiesta, me encanta cuando se le cae la careta al rufián que se llena la boca con el verso del Che y los bolsillos con el billete de Franklin. ¡Por favor!

Obama que era la imagen del redentor demócrata creyó que con eso alcanzaba. Hablaba precioso pero no le sobró nada. Ser honesto y buena gente no alcanza para ubicar una candidata que no es querida y de la que la gente sospecha. Por eso ganó Trump, porque la economía ladra en Estados Unidos, porque los trabajadores gruñen y porque los negros, los latinos y las mujeres no son todas demócratas. (No sean burros, no dan los números).

Ahora que todos los bobos de turno hicieron sus análisis ideologizados, que blasfemaron contra Trump toda su ira, que se asustaron de lo que dijeron, yo formo parte de los que disfrutan los resultados que no están en el bolillero. Básicamente porque la democracia se fortifica con la "alternancia", con lo inédito y con el refresco de la gente que siempre tiene la última palabra para todo. Y no me asusta que un millonario quiera ser presidente de un país, es más, si eso implica derrocar la vieja rosca de Washington D.C. cero stress.

Sí, ya sé, me dirán que a tipos como Hitler, Perón y a varias inmundicias más también los votó la gente. Es cierto, igual que despachó a Churchill y a Alfonsín por citar dos ejemplos que nada tienen que ver y luego esos pueblos se arrepintieron de lo que hicieron. O sea, los pueblos se equivocan y aciertan. Punto. Pero de lo que no tenemos derecho —los que analizamos los acontecimientos— es a prejuzgar todo, a incendiar la pradera antes que empiece la fiesta, a odiar gratuitamente y a encolerizar —desde nuestra visión cargada de prejuicios— la mirada del otro creyendo que nosotros somos los portadores de la verdad. Eso es ser un perfecto imbécil y por acá mucho "progre" cree que las sabía todas y mirá cómo están terminando todos: presos, escondidos, con países fundidos o pidiendo perdón. ¡No jodan chicos! ¡No jo-dan!

En este país el Pepe Mujica es un semi dios para muchos, una especie de gurú y casi un Mandela uruguayo, y para otros representa a un veterano demagogo, mentiroso, plagado de lugares comunes y que recorre el camino facilongo de la frase hecha y el dicho popular de turno (todos sabemos que ni el propio presidente lo aprecia demasiado). El mismo personaje es visto según el lado de la vereda en que se ubica la gente y según dónde se anda por la vida. ¿Y la verdad quién la tiene? Yo sospecho que él no la tiene, pero es mi vereda, supongo que los de su vereda piensan lo contrario. ¿Y?

En el fondo, es muy difícil saber a ciencia cierta cuál es el verdadero personaje y tampoco importa demasiado para el gran público. La gente pide "resultados" y eso es lo único que juzga. Y tiene razón al fin y al cabo. Cuando los números dan bien aplaude a Satanás y cuando dan mal crucifica a Santo Tomás. Si no se entiende eso, en política, no se entiende nada y ese es parte del drama actual. Vivimos casi sin utopías. La utopía soy yo parece decir el ciudadano. Y como cada uno es la utopía global todo puede suceder. Todo. Así que nada debería sorprendernos. Ya somos grandecitos para asustarnos de cuentitos y fábulas posmodernas. Lo único que importan son los hechos.

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