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Los uruguayos que tienen que salir

¿Cómo es el día a día para los que no pueden quedarse en casa durante la pandemia? Historias de los que están al servicio de todos

Pistero estación de servicio - Agustín Montans
Agustín Montans atiende a muchas personas por día. Foto: Fernando Ponzetto. 

Roque Mendoza es albañil, y trabaja por su cuenta. Todos los días se toma distintos ómnibus, la mayoría de ellos interdepartamentales, para trabajar principalmente en Ciudad de la Costa. Todavía no ha tomado conciencia, al menos no del todo, de los riesgos a los que se expone cuando sale de su casa. Es cierto, como dice, que siempre trabaja solo y que en casi todas las casas en las que realiza arreglos no hay nadie. Ya sea porque se trata de casas que el propietario va a alquilar luego, o casas a las que alguien se va a mudar luego de que él termine. Pero también es cierto que en esos viajes en ómnibus que hace, comparte el ambiente con mucha gente, varias veces al día. Cuando se lo mencionan, se encoge de hombros: “Es que si no salgo, no genero ingresos. Y tengo una familia que mantener”. Él, como otros consultados en otra nota, pertenece a ese grupo de uruguayos que por distintos motivos, tienen que salir de sus hogares en tiempos de coronavirus.

Policías, personal de farmacias y supermercados, médicos y trabajadores de la salud, pisteros de estaciones de servicio, todos ellos son algunos de los que ponen el cuerpo para que el engranaje social siga girando, al menos hasta ahora. Si llega a decretarse una cuarentena general obligatoria se verá, pero por el momento continúan desempeñando sus tareas para que el resto pueda comprar sus alimentos, llenar los tanques de sus vehículos, atiendan su salud o hagan lo que puedan para prevenir o reprimir eventuales delitos.

Cuando Revista Domingo la contacta, Patricia Rodríguez —Presidenta del Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo-Uruguay— se encuentra junto a otros dirigentes sindicales armando kits de protección e higiene para entregar a policías, tanto a los afiliados como a los que no forman parte del gremio que ella preside. “Se nos ocurrió hacerlo porque teníamos muchos reclamos, de todos los departamentos del país”, explica y añade que es una manera no solo de proporcionar algo de protección, sino también aliviar en algo la situación económica de muchos. La escasez de alcohol en gel, guantes descartables y tapabocas hizo que los precios de esos insumos aumentaran significativamente.

Sindicato Policial
Patricia Rodríguez sale a repartir insumos para policías. Foto: Sindicato Policial. 

Rodríguez y sus colaboradores acudieron al Sindicato de la Aguja, y al director de salud ocupacional del Hospital de Clínicas, Fernando Tomasina, para fabricar los tapabocas. “La gente del Sindicato de la Aguja los fabrica y en el Clínicas nos indicaron cómo hacer para que sean reutilizables. De esa manera, no hay que tirarlos y se pueden volver a usar”. El kit consta de un tapaboca, un tarrito de alcohol en gel y guantes descartables. Todo eso va a una bolsa que ella y otros sindicalistas salen luego a repartir por todas las comisarías. Lo mismo harán las diferentes filiales del sindicato en todos los departamentos del país. “En total, vamos a armar 30.000 kits, y llevamos entregados 7.000. Vamos a las seccionales, pero si vemos a policías en la calle, también les damos”, cuenta.

Los riesgos que muchos policías corren cuando trabajan son ilustrados por Rodríguez con el relato de algo que pasó en La Paz. “De esto nos enteramos cuando llegamos a la seccional a repartir el kit. La policía que nos atendió estaba muy alterada y nos contó sobre el chofer de un ómnibus, que había llamado a la seccional porque tenía una persona desacatada en el viaje, una mujer. Esa mujer tenía un diagnóstico positivo de coronavirus. Cuando llegaron dos policías, un hombre y una mujer, esta persona empezó a gritar y arañó a la policía mujer antes que lograran reducirla. Esa funcionaria, con lágrimas en los ojos, contó que tenía un hijo de 11 años con problemas respiratorios y sentía mucha angustia de volver a su casa y, eventualmente, contagiar a su hijo. Todo el procedimiento que hicieron, lo hicieron sin protección alguna”.

Ella misma dice estar preocupada. “Si bien mis tareas son sindicales, estoy todo el día en la calle. En estos momentos, nosotros tenemos que estar. Todos los días nos llaman, afiliados y no afiliados. Hay que servir a la población. En este momento es donde más se necesita ayuda”.

Para la doctora internista Raquel Panone, no existe la disyuntiva de salir o no salir a trabajar. Ella quiere estar en la primera línea. Es una cuestión de vocación, dice. “Por ahora no me ha tocado tratar a nadie contagiado, que yo sepa. Estoy viviendo esto con naturalidad y mientras esté sana lo seguiré haciendo. Es lo que tenemos que hacer y, como dije, no me gustaría quedarme en casa”.

Facilitaría mucho las cosas, añade Panone, si existiera un poco más de conciencia a nivel general sobre lo rápido y fácil que se contagia el COVID-19. “El fin de semana pasado la nota fue aquellas personas que salieron de paseo. Así no se puede. Tenemos que tratar de preservarnos lo más que podamos. Para muchos, el virus no es mortal. Pero para algunos pacientes muy frágiles sí va a ser mortal. No nos podemos permitir ese lujo”.

Cargar combustible

Agustín Montans es pistero de una estación de servicio, como Dahianna Cohendet. Él sale de su casa en Cerrito de la Victoria en bicicleta a trabajar en La Blanqueada. Siempre se movió así, en bicicleta. No le gusta andar en ómnibus de por sí, y mucho menos ahora. Ahora que mermó significativamente la cantidad de despachos que realiza en la estación, porque se nota que hay una parte de la población que elige (porque puede) quedarse en su casa, calcula que estará en contacto con unas 100 personas por día.

Le gustaría quedarse en casa, pero no puede. “Tengo que venir a trabajar. Mi esposa y yo tuvimos un hijo hace cuatro meses y ella se pidió licencia para poder estar con el bebé. O sea, tengo que salir yo. En realidad, me gustaría no tener que venir, porque sé el riesgo que corro”.

Cuando llega a su casa, Agustín se saca la ropa de trabajo, la deja aparte y va derecho a ducharse. Ya no va a ver a su abuela y su tía abuela, de 93 y 91 años respectivamente, para no exponerlas a posibles contagios. Entre los clientes nota que una parte ha internalizado las medidas de higiene y prevención, pero no todos. Además, en su círculo social también nota cierto desconocimiento. “Tengo amigos que siguen yendo al club, que comparten mate. Yo tomo mate, pero desde que entendí el peligro no lo comparto más. Me llevo mi mate al trabajo y no convido a nadie. El que no lo entienda, mala suerte”. Él ve con cierta desazón que algunas cosas no han cambiado. “Veo gente que va a las plazas con sus hijos. Una locura”. Y tiene miedo que se contagie su hijo recién nacido. “Cortamos todo posible contacto con otras personas. Nada de visitas al bebé”. Ya alcanza, piensa, con que él se exponga al mundo exterior. No es necesario llevar a casa nuevos riesgos.

Dahianna, por su lado, también va en bicicleta (a veces caminando) a trabajar. A diferencia de Agustín, no quiere quedarse en su casa. “La paso muy mal en casa”, dice. Vive sola, con dos perros como compañía. Cuando llega a su hogar, se saca la ropa de trabajo y la deja en el “sector cuarentena”, como dice. “En casa no he tomado medidas más allá de esa, porque vivo sola. En el trabajo sí, me higienizo más de lo habitual. Me lavo las manos hasta los codos”. Entre los clientes de la estación, Dahianna es conocida por su vocación de servicio y por ser muy social. No es que su personalidad haya cambiado, pero sí su comportamiento. Ya no saluda ni con beso ni con la mano. Ese cambio no la ha afectado emocionalmente, aunque dice que si no estuviéramos atravesando esta pandemia sí le molestaría no poder saludar como solía hacerlo. Ha notado, además, que algunos empezaron a practicar el distanciamiento social. Bajan muy poco la ventanilla para hablar con ella, por ejemplo. O limpian las llaves del auto cuando ella se las devuelve. El clima está enrarecido, pero aún así dice que quiere seguir yendo a trabajar. “Debo ser la única”, comenta entre risas y espera que no decreten cuarentena general obligatoria.

Pistera estación de servicio - Dahianna Cohendet
Dahianna Cohendet. Foto: Fernando Ponzetto. 

No es que sea inconsciente de los riesgos que corre. “Estoy expuesta por todos lados. Pero mi miedo es transmitirla, no agarrarla yo. Por eso me cuido y cuido mi entorno. ¡Pero que me sigan llamando para que venga a trabajar! Además, si no voy, no cobro”.

Grandes superficies

reponedor Ta Ta
En Ta Ta se trabaja con medidas de protección. Foto: Darwin Borrelli. 

Para los trabajadores de los supermercados, la pandemia también implica un sacrificio. El gerente general de Ta-Ta, Enrique Herrera, dice que la empresa ha hecho todo lo posible por disminuir aquellas instancias en las que se puede facilitar el contagio, apelando entre otras cosas a una comunicación clara y frecuente a los empleados, a través de grupos de WhatsApp, cartelería y otros dispositivos de comunicación.

Hay mucho para hacer en una cadena como Ta-Ta, que tiene 87 locales distribuidos en todo el país y por donde pasan en promedio, más de 120.000 por día. “Los principales motivos de angustia de los empleados ha sido sus familias. Por eso trabajamos mucho en los protocolos pero sobre todo en la comunicación para que la conciencia llegue a todos, a los trabajadores y también a sus familiares”, comenta el jerarca.

Desde el lado sindical, la visión es diferente. El presidente de la Federación Uruguaya de Empleados del Comercio y Servicios (Fuecys) Favio Rivero sostiene que no han encontrado oídos receptivos para algunas de las medidas que han propuesto, como cerrar más temprano, entre otras cosas, para contemplar la merma en el transporte público. “Tampoco logramos que las empresas pusieran a alguien para regular el flujo de clientes que entran al supermercado. Es gente del sindicato la que lo hace. Eso, entre muchas otras cosas, ha llevado a que se vivan momentos tensos entre clientes y empleados, porque muchos clientes se enojan cuando no los dejan entrar apenas llegan”.

Con todo, la relación entre patronal y sindicato en este rubro está en una especie de tregua y, según Herrera, hay un diálogo permanente y con buena disposición, más allá de que, como dice, siguen existiendo posturas diferentes.

Rivero coincide: “Hemos priorizado la salud de los trabajadores y la de los clientes, antes que el conflicto con la patronal. Estamos ante una situación completamente nueva, excepcional tanto en Uruguay como en el mundo”. Y ante las muchas consultas que reciben en el sindicato, Rivero dice: “Hemos pedido calma. Vamos a cuidar todo lo que podamos su salud. Por ahora no hemos tenido ningún caso confirmado de contagio entre nuestros afiliados, pero es una cuestión de tiempo. El otro día escuché que se calcula que 21% de la población se contagiará. Quedé muy alarmado”.

Trabajar será a distancia

Enrique Herrera, gerente general de Ta-Ta comenta a Revista Domingo que desde que llegó al COVID-19 a Uruguay, la empresa ha aumentado la cantidad de empleados que empezaron a cumplir tareas desde sus casas. Eso lo lleva a una reflexión sobre el futuro del trabajo en general, no solo el de su sector. Habitualmente, cuando se habla del futuro del trabajo, lo que más se discute gira en torno a la robótica y de cómo incidirá en el ámbito laboral. Para Herrera, el teletrabajo será también una parte importante de la modificación que se viene en el mundo laboral. “Yo creo que la organización del trabajo va a cambiar una vez que haya pasado esta pandemia. Van a haber más protocolos de cuidado del personal que antes y el teletrabajo se va a afianzar aún más. Se va a instaurar como algo más frecuente. Esta situación nos forzó a implementarlo y se está demostrando que se puede”.
Favio Rivero, presidente del sindicato que aglutina a los trabajadores del sector, también cree que el futuro traerá cambios, algunos de ellos no muy auspiciosos, y que es importante empezar a pensar en el día después. De acuerdo con su óptica, todo el sector laboral nacional debe pensar en el futuro y cómo enfrentar lo que se viene. “Estamos atravesando por una etapa muy complicada, la de la pandemia. Tenemos que ser conscientes de ello y pensar en cómo cuidarnos y cómo superarla. Pero también es importante pensar en cómo haremos para recuperarnos luego de que pase la pandemia”. Según Rivero, el panorama que dejará el COVID-19 cuando haya pasado será el de una crisis económica de grandes dimensiones. “Nos preocupa qué va a pasar luego de todo esto. Este proceso es muy complicado, pero lo que se viene va a ser mucho más difícil, porque habrá una gran crisis. Tenemos, todos, que sentarnos en una mesa y poner toda la inteligencia posible para salir adelante”, estima el líder sindical sobre lo que será Uruguay luego de la pandemia. Por ahora, sin embargo, las urgencias sanitarias y los intentos de frenar la propagación del contagio están insumiendo todas las energías de quienes, día a día, intentan que la sociedad siga funcionando al menos en sus cometidos más necesarios.

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