EL PERSONAJE i Manuela da Silveira

"En Uruguay somos más fiesteros de lo que se cree"

Guionista, actriz y humorista, descubrió en la risa su herramienta de supervivencia. De la mano de Nepal Films, este año vuelve a la TV con programa propio.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Desde el humor me hago cargo de mi condición de acomodada", dice Manuela da Silveira.

El verano terminó mejor de lo que empezó para Manuela da Silveira. En pocas semanas coincidió la presentación del libro Comer y reír que hizo con su amiga la chef Ximena Torres, la confirmación de la fecha de su próximo estreno con Angie Oña y Emilia Díaz en el teatro Movie y el anuncio de su regreso a la televisión con su propio programa de humor, esta vez seguramente por Canal 4. Atrás quedó, aunque con sabor amargo, el mal momento que vivió su padre, Jorge "Toto" da Silveira, cuando tras las repercusiones de sus comentarios sobre el exjugador de Peñarol Jonathan Rodríguez decidió alejarse de Fox Sports y renunció a Punto Penal. "No fue nada fácil. Encontrar qué decir y cómo pararme ante los medios tampoco", dice una Manuela (33) reflexiva y alejada de todo esbozo de sonrisa. "Estaba lo que vivía y lo que tenía que responder como comunicadora. Y yo decidí no hablar del tema, eso estuvo bueno, estoy en paz con esa decisión".

A Manuela no le gusta exponerse. Trata de no hacerlo, unas veces con más éxito que otras. "No creo que a la gente le interese si lloro, si me separé en buenos términos, cómo fue mi renuncia en Sonríe...". Lo suyo pasa por otro lado. Por hacer humor. Eso es lo que disfruta y la hace vibrar. La herramienta que genera una sonrisa en los demás, pero sobre todo en ella. La que le permite pararse arriba de un escenario o delante de una cámara y reírse, antes que nada, de sí misma. De ser la hija del Toto. De tener una nariz prominente. De su poco femenina forma de vestir. De no saber quién lidera el campeonato uruguayo de fútbol. O de ser una consumidora irracional de pasta frola.

—¿Es tu herramienta de supervivencia?

—Sí, debe ser. Creo que hay un propósito de minimizar el drama, a veces inconscientemente. De repente, hay un tema que logro procesar y entonces lo puedo usar para hacer humor. Es como que tomo distancia y entonces ya me puedo burlar.

Y aunque los formatos en los que hace reír han ido cambiando —fue guionista, hizo stand up, salió en televisión y probó con la comedia—, su punto de partida es siempre el mismo: ella. "Algunos pueden pensar ¡qué narcisa!, pero para arrancar me parece sumamente divertido sacar el elefante del living de lo que pueda estar pasando en mi vida. Es una forma de demostrar cómo se puede hacer humor usándome a mí como carnada".

RISAS

Son las 11 de la mañana y Manuela desayuna un té Chaman Chai y un scon integral con queso en La Dulcería, el local de su amiga y compinche en Pocitos. Esa es su "segunda casa", la escala segura en algún momento del día. Antes, salió a hacer "un trille de caminata cardio" por el barrio. Eso significa calzarse una riñonera y unos buenos championes y pagar cuentas, hacer alguna compra y conversar con los vecinos de los temas más diversos. A veces, solo con cruzarla, en la cara de la gente se dibuja una sonrisa. "Eso me dice que la gente tiene ganas de reírse, no somos amargados, somos mucho más fiesteros de lo que se cree". La pregunta clásica es: "¿Y para cuándo?", que se aplica a la vuelta a la tevé, a formar pareja, a tener un hijo. "Si te quieren mucho te quieren embarazar. Hay como una relación con eso, pasa pila. Te vas a hacer un examen de sangre y te preguntan: ¿Estás embarazada Manu?, No, control de azúcar, Ahhh, qué pena…".

Y todo eso la comediante que apareció por primera vez en la pantalla con Telemental (Canal 12) también se lo toma con humor. Es que así es desde que tiene memoria. Con sus momentos de timidez, pero una sonrisa ante todo.

Hija del medio, Manuela era la que animaba cualquier reunión familiar. El remate de cada cumpleaños tenía formato de sketch, donde ponía a su servicio a sus hermanos Florencia y Jorge. ¿La puesta en escena? Papel celofán en las lámparas de la casa y la ropa y bijou de su madre Elena. "El estreno era cuando los grandes terminaban de tomar el helado. Pero lo mejor era la previa".

En ese escenario de risas y dramas había otro protagonista, su abuelo materno, "Papo", el más delirante integrante de su familia. Con él Manuela salía a andar en bicicleta comiendo chupetines y reciclaba los chicles masticados en masilla para tapar goteras. "Él no se cuestionaba nada, podía agarrar mis carnet de notas y aunque mi conducta fuera medio nefasta decirme: Sobresaliente, ¡qué maravilla!. En un acto casi psicomágico agarraba eso que me había destruido y lo celebraba".

Decidió estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica, su etapa, quizás, más seria. Y durante una pasantía de producción creativa en México, el humor volvió a estar en primer plano. "Cada vez que presentaba un trabajo me decían qué graciosa o esas caras que ponés, incluso me llamaban la comediante Manu... Creo que estuvo bueno tomar distancia y ver cómo me veían los demás en un lugar donde no se sabía demasiado de mi pasado", reflexiona hoy. Su regreso a Montevideo la llevó directo a los medios. Trabajó en "el perfil más serio" de la agencia de publicidad Punto —haciendo la folletería—, en en el programa Distracción que Orlando Petinatti conducía en Canal 10 y después pasó a guionar en Canal 12.

—En los canales, sobre todo en el 10, todos te conocían desde niña. ¿Cómo viviste ser la hija del Toto?

—Lo vivo. Todo el tiempo. Siempre buscando desdramatizarlo también, porque un montón de cosas buenas de mi vida y mi carrera me pasaron por ser su hija y fueron mucho más sencillas para mí que para otros colegas. Eso es un buen punto de partida. La empatía que puedo tener con la mayoría de las personas que trabajan en los canales es porque las conozco desde los 3 años. Después, obviamente, hay veces que desde el humor trato de hacerme cargo de esa condición de acomodada. Tengo que ser consciente de que yo elegí lo mismo, elegí estar en los medios, entonces no es que tengo un perfil que me quiero despegar por completo de él. Dentro de eso, la diferencia que encuentro es que yo hago humor y él hace opinión.

CAMBIOS

Se nota que Manuela tiene años de terapia encima. A lo largo de la charla —distendida y ansiosa a la vez—, habla de sus "zonas de confort" y los temas que hay que "trabajar", "procesar", "soltar". En ese sentido, su último logro fue, en marzo de 2014, dejar la conducción de Sonríe (te estamos grabando) y renunciar a Canal 12. Desde mayo es parte de la productora Nepal Films ("sí, los dementes que me pusieron al aire con Telemental"), con la que ajusta los detalles de su primer programa de humor a medida. Todavía no tiene fecha de emisión ni canal, aunque es probable que sea para el segundo semestre de 2015 en la pantalla de Monte Carlo.

"Ahora estamos en un tema de canal", resume a modo de titular. Y rápidamente aclara que trata de vivir el proceso "desde un lugar bastante luminoso". "Si hay otro canal interesado lo vivo con los nervios de cambiar de escuela, porque hay compañeros que no voy a ver más y otros nuevos, pero será cuestión de agarrar mi mochila y entrar a un espacio distinto. Estoy abrazando esos cambios y trabajándolos sin poder decir ya es un hecho que me cambio de canal", explica.

De concretarse, esa mudanza sería el remate de muchas otras. La más fuerte fue en 2013, cuando le diagnosticaron diabetes. "Partí de un susto y eso hace que uno tenga más ímpetu para hacer las cosas". Modificó su dieta, empezó a hacer ejercicio y pasó a tomarse la vida de una manera diferente. "Le agradezco a la enfermedad porque los hábitos que adquirí los tengo hasta hoy". La diabetes, en cambio, ya no está más.

En ese camino de mucha catarsis culinaria con Ximena, surgió el libro Comer y reír. Pero también fueron apareciendo otras ideas y metas. Ir a estudiar al exterior es una de ellas. Incursionar en la "ficción cómica" es otra. Y empezar a pensar en Buenos Aires como un destino laboral está en la agenda. "Quiero salir un poco de mi localismo y autorreferencia y permitirme ver qué pasa con mi humor afuera. No debe ser nada fácil, pero lo empiezo a ver como una posibilidad".

¿Y de qué cuadro sos?

"Tengo una apatía terrible". Así define su relación con el fútbol Manuela da Silveira, nada más ni nada menos que la hija del Toto, uno de los periodistas deportivos más reconocidos de Uruguay. "No tengo cuadro, tengo que inventar uno porque la gente no me cree. No estoy pendiente de los partidos, no tengo ni idea quién va arriba en la tabla..., es una desactualización de la que no me siento orgullosa, porque también es agenda. Tuve épocas de cuadro chico por alguna pareja, pero tampoco nadie me creía". La vez que estuvo más cerca de una selección nacional fue en el Mundial Sub 20 de Malasia, cuando la Celeste obtuvo el segundo puesto y ella celebraba sus 15 con un viaje en familia. "Podrían haber jugado al handball o al jockey, me encariñé con el grupo porque compartimos con los jugadores todo el mes y quería ver cómo les iba. Además, ¡teníamos la misma edad!". Hoy, cada vez que juega Uruguay, Manuela tiene sensaciones encontradas. "Me alegra cuando gana, pero también me despierta cierta melancolía de fondo. Tiene que ver con que cuando era niña cada partido ganado me alejaba más a mi padre. Es fuerte. Ahora que soy consciente capaz que en la Copa América estoy de fiesta".

SUS COSAS

Sus Championes

Arriba y abajo del escenario, Manuela y sus championes son una unidad. En su placard tiene "muchos", imposible saber cuántos. "Pero no todos los compro, no soy una Kardashian", bromea. Este año, en el nuevo programa, va a usar "zapatitos". "Está bueno buscar cambios y entender que voy creciendo".

Ellen DeGeneres

Manuela tiene "risa fácil" y son muchas las cosas que le hacen largar una estruendosa carcajada. En lo personal, su sobrina de un año y diez meses ocupa el top del ranking. "Lo que te hace reír un niño es increíble". En lo profesional, el podio lo lideran la comediante Ellen DeGeneres y sus compañeras de Las tres gracias, Angie Oña y Emilia Díaz.

La Pasta Frola

Desde que su dieta no incluye azúcar refinada, la pasta frola —su vicio indiscutido— se volvió una excepción y no la regla. "En mi cumpleaños (3 de febrero) me clavé una pastafrola de dulce de leche que era un semicírculo", confiesa. Cuando la torta es un obsequio, aprendió a quedarse con una sola porción y regalar el resto.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)