De Portada

Ser todos para sonar como uno

Con la dirección de Ligia Amadio, la Orquesta Filarmónica de Montevideo está formada por 95 músicos que funcionan como una unidad. ¿Quiénes son?, ¿cómo se preparan?, ¿cómo sienten?

La Orquesta Filarmónica de Montevideo ensaya Pedro y el lobo
La Orquesta Filarmónica de Montevideo ensaya Pedro y el lobo. Foto: Ariel Colmegna.

Tiene que ver con el amor por la música y con ser parte de algo más. Eso, el amor y la noción de un todo que es más que la suma de sus partes, está en la raíz misma de la palabra. Filo, en griego, significa amar. Armonía, deriva del griego armos: encadenar, juntar. Tiene un poco que ver con vibrar en un instrumento sabiendo que se es parte de algo más grande, pero también, sabiendo que hay alguien que escucha. Y que el que escucha, casi siempre está allí para sentir algo.

Quizás, hacer que alguien más se conmueva, es una de las funciones esenciales de la Orquesta Filarmónica de Montevideo, un conglomerado de 95 músicos instrumentistas dirigidos por la maestra brasileña Ligia Amadio. "La orquesta es una herramienta para que a través de la música la gente mejore su calidad de vida y viva experiencias vitales abstractas, que llore, que tenga sentimientos de placer o de dolor, o que se acerque a determinados sentimientos. Nosotros decimos que eleva la calidad de vida, la posibilidad de tener otro tipo de disfrute y percepciones que no se habían tenido antes. Esa es la misión de la orquesta, y para eso tenemos la preocupación de poder estar presentes y de contemplar las distintas características de nuestra población y de nuestra sociedad", dice Álvaro Méndez, coordinador general desde hace 25 años.

Sin embargo, para que en cada concierto el público escuche lo que fue a buscar, para lograr transmitirle algo a cada una de las personas que se sientan a escucharlos, hay horas y horas de ensayo, hay trabajo, hay sacrificio, hay estudio, hay entrega, hay dedicación. Ahora, ¿cómo funciona la orquesta por dentro?, ¿quiénes son los músicos que la integran? ¿cómo y dónde se formaron?, ¿cómo se ingresa a la Orquesta?, ¿cuánto "dura" un músico en sus funciones?, ¿qué se requiere para integrarse y para mantener el nivel?

Así funciona la Orquesta Filarmónica de Montevideo. Estos son sus músicos. Esta es una parte de su historia.

Por amor.

Los músicos preparan su instrumento antes del ensayo
Los músicos preparan su instrumento antes del ensayo. Foto: A. Colmegna.

La Orquesta Sinfónica Municipal se creó en 1958 y un año después, habiendo seleccionado a los músicos, bajo la dirección de Carlos Estrada (que dedicaría hasta sus últimos días a dirigirla) se presentó por primera vez en el escenario del Teatro Solís.

Pasaron los años, los conciertos y los músicos hasta que en 1990, con la dirección del maestro Federico García Vigil y luego con la incorporación de Méndez, la orquesta sufrió una reestructura que tiene que ver con su esencia y, por lo tanto, con su nombre: "Cuando nos hicimos la pregunta de cuánto público teníamos, nos dimos cuenta de que más o menos era el mismo público que iba siempre, entonces ahí surge la preocupación por transitar otros repertorios con otros tipos de propuestas", dice Méndez. Además, se amplió el número de músicos y cambió de nombre. Desde entonces es la Orquesta Filarmónica de Montevideo, aunque la diferencia entre sinfónica y filarmónica solo responda a una cuestión histórica que viene del siglo XIX, cuando las primeras eran orquestas pequeñas, profesionales y pagas y las segundas eran grandes grupos de músicos que tocaban solo por amor al arte; sin embargo, hace muchos años que ambas orquestas son profesionales y pagas en todo el mundo.

Álvaro Méndez, coordinador general de la Orquesta
Álvaro Méndez, coordinador general de la Orquesta. Foto: A. Colmegna

Actualmente la filarmónica está formada por 95 músicos instrumentistas que forman parte de alguna de las cuatro familias de instrumentos que la componen; cada familia, a su vez, conforma un subgrupo en sí mismo que se acopla a todos y se distribuyen de la siguiente manera: la familia de la cuerdas está integrada por violines que se dividen en dos grupos, "primeros violines que en general son los que llevan las líneas melódicas más expuestas, y los segundos violines. Después está la fila de violas, la de los violonchelos y la de los contrabajos", cuenta Méndez. La familia de las maderas, por su parte, está integrada por flautas, oboes, clarinetes y fagotes. La de los metales por cornos, trompetas, trombones y una tuba. La de la percusión está liderada por los timbales y los percusionistas "que tocan tambor, platillos, bombo y una cantidad de accesorios más pequeños como panderetas, triángulos, de acuerdo a lo que requiera la partitura". Cada fila tiene a un músico solista y a un ayudante de solista; además, hay dos instrumentos más, que no pertenecen a ninguna de las familias: el arpa y el piano.

Como si fuese un cuerpo humano que funciona de acuerdo a sus propias leyes y a su propia lógica, cada una de las familias conforma un todo que es autónomo y a la vez no, porque nunca la autonomía es total en una orquesta. Y, a su vez cada uno de los músicos de esos grupos tiene una impronta que aportar al todo. "Tocar en una orquesta te hace sentir parte de un grupo y lo que vos aportás es importante. Puede parecer que no porque somos muchos, pero la orquesta depende de todos, y por lo tanto todos tenemos que funcionar bien", dice Bruno González, que toca la viola y además es asistente de Amadio.

Bruno González músico que dirige Pedro y el lobo
Bruno González músico que dirige Pedro y el lobo. Foto: A. Colmegna

"La orquesta es una experiencia totalmente poderosa, es descomunal lo que se puede llegar a lograr con la música", cuenta Cecilia Penadés, violinista y asistente de concertino o corcentino de la orquesta. Ella, primer violín entre los primeros violines, tiene un rol de liderazgo dentro del grupo y eso, claro, supone una responsabilidad con su fila pero también con el resto de sus compañeros: "Es un cargo de nexo entre los músicos y el director, un nexo que es musical y a veces puede ser un poco la voz de la orquesta. En este sentido, al tener ese rol, también podés transmitir tus interpretaciones musicales. Aunque el director es el que pone la impronta y la interpretación principal, los buenos directores permiten que los músicos aporten la suya, especialmente los solistas".

Aunque la Filarmónica ensaya tres horas por día todas las semanas, cada músico tiene que estudiar por su cuenta la partitura para poder encarar el ensayo grupal. "Nosotros enfrentamos un programa, conciertos distintos, distintas obras, prácticamente todas las semanas o cada dos semanas, eso quiere decir que hay un ritmo de trabajo conjunto y un trabajo que hace cada músico de acuerdo a las dificultades de cada obra y de las condiciones particulares de cada uno; se deban preparar y estudiar en su casa para tener un mejor rendimiento. Entonces están preparando lo que va a venir y están tocando otra cosa y ese ritmo es muy intenso", explica Méndez. Justamente de eso se trata la orquesta, ¿no? De ser uno para ser todos.

Sin embargo, varios de los músicos que integran la Filarmónica, tienen otros proyectos por fuera de ella y, muchos de ellos, además, se dedican a la docencia, razón por la que el tiempo siempre se hace más corto. Ese es el caso de Esteban Falconi, fagotista que hace 33 años que está en la Filarmónica, forma parte de la Orquesta Sinfónica del Sodre y además es docente en la Escuela de Música Vicente Ascone desde hace 24 años. A Cecilia le ocurre algo similar: además de las horas (todas las mañanas y luego después del ensayo en la tarde) que le dedica a la orquesta y al estudio, es docente de la Escuela de Música Vicente Ascone y tiene varios proyectos personales, entre los que destacan dos discos: Fantasía (con obras de compositores uruguayos) y Latinoamericanos ( con obras de compositores latinoamericanos), ambos para violín y piano.

Vibrar.

Esteban Falconi, Bruno, Gisella Hernández y Benjamin Browne
Esteban Falconi, Bruno, Gisella Hernández y Benjamin Browne . Foto: A. colmegna

Era el primer lunes de las vacaciones de julio y la Sala del Museo en el Museo del Carnaval estaba oscura. Faltaba media hora para que empezara la primera función de Pedro y el lobo, un espectáculo que la orquesta preparó junto a Títeres Gira-Sol y que pretenden llevar a distintos barrios de Montevideo. Eso, acercar a la gente a la música, también es parte de su función: "La Filarmónica es de la ciudad y es para todos, tenemos que dar cada concierto con el mayor nivel artístico posible, para que todo el pueblo pueda escucharla, salir a los barrios para los que no tienen el hábito de ir al teatro y además educar al público, captar nuevo público", dice Benjamin Browne, trompetista solista, que nació en Estados Unidos y llegó a Uruguay a los 22 años.

Cuando los músicos empiezan a llegar a la sala, toman su lugar, sacan su instrumento y empiezan a preparase para la función. Todavía no hay niños, todavía no hay público. El aire y la sala se llenan de sonidos que se superponen unos a los otros, sin ninguna coherencia, sin ninguna lógica, como si fuese una composición aún sin componer, una obra aún inconclusa. Entre ellos, Benjamin prueba la trompeta, instrumento al que se acercó a los ocho años y que, a los 18, cuando lo dejó durante un año para decidir qué quería hacer de su vida, lo extrañó tanto como para que no le quedaran dudas: aunque podría haber hecho lo que quisiera, la música iba a ser su destino.

Gisella Hernández tiene 61 años y toca el clarinete, que en Pedro y el lobo representa al gato. Llegó temprano, siempre lo hace. "Me encanta estar con mi instrumento, amo lo que hago y me siento privilegiada. Estoy en la Filarmónica desde 1987, de las mujeres soy la más grande de toda la orquesta. A veces miro para atrás y no sé cuándo pasó tanto tiempo. Yo tengo la camiseta de la Filarmónica puesta, hago mi trabajo con mucho respeto y responsabilidad", dice. Muchas veces, Gisella se emociona: "Nosotros con los instrumentos le decimos algo al que está sentado escuchando. El instrumento es el medio, es la forma para transmitir algo. La gente tiene que emocionarse con lo que escucha, sino nos sirve, no es solo tocar notas. Yo he llorado muchas veces".

Por otro lado está Bruno, que tiene 31 años y es el director de esta obra. Vestido con un traje negro, espera el inicio de la función que para él, será especial: aunque ya ha dirigido algunas piezas en distintas ocasiones, este espectáculo es el primero que está bajo su total responsabilidad. "Dirigir me genera una responsabilidad extra pero todo depende de si lo disfrutás o no. Yo lo disfruto mucho. La presión está, si te equivocás hay problemas graves, pero si confiás en lo que se ensayó, estás contento y confiás en los músicos, todo va a salir bien. Se genera un clima lindo cuando sentís que los músicos te entienden y todo fluye, hay una comunicación, una comunión. Muchas veces mirás a uno, te sonríe y eso te genera muchas emociones. No estoy solo dirigiendo, es todo una masa, somos un grupo de músicos tocando juntos", dice. Y empieza la función.

Entre la música y la oscuridad

Títteres Gira-Sol en Pedro y el lobo
Títteres Gira-Sol en Pedro y el lobo. Foto: A. Colmegna

Parte de la misión de la Orquesta Filarmónica de Montevideo es acercar el público a la música y también diversificarlo. En este sentido, generar repertorios que incluyan diferentes propuestas es esencial. Entre los distintos espectadores, claro, están los niños. Para eso, la orquesta se presenta con distintas propuestas. En la primera semana de vacaciones presentó el espectáculo Pedro y el lobo, junto a Títeres Gira - Sol, una obra de teatro negro que relata el cuento del ruso Serguéi Prokófiev. Ahora, según contó Álvaro Méndez, coordinador general de la orquesta, planean sacar el espectáculo a los distintos barrios de Montevideo, presentarlo en escuelas y colegios y montarlo en el Teatro Solís.

La directora que marcó la historia

Ligia Amadio, directora de la Filarmónica de Montevideo
Ligia Amadio, directora de la Filarmónica de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto.

Ligia Amadio, actual directora artística y musical de la Orquesta Filarmónica de Montevideo, ya quedará como un hito en la historia de la música uruguaya: si bien muchas directoras han dirigido conciertos de la orquesta, ella es la primera mujer en ser directora estable del grupo.

Nació en São Paulo, Brasil, y a los cinco años le dijo a sus padres que quería aprender a tocar el piano. Se graduó como ingeniera de la Universidad Politécnica de São Paulo, aunque siempre supo que su vida iría por otro camino.

De gran trayectoria internacional (que se extiende por Alemania, Austria, Bolivia, Argentina, Colombia, Croacia, Chile, Francia, Eslovenia, entre otros), es una de las directoras más destacadas a nivel sudamericano. "Ligia realmente ha dado una impronta interesante, porque se ha comprometido con la cotidianidad, es decir, con la vida de la sociedad, se involucra, ella está, se compromete y sabe de todas las vivencias que hacen a la sensibilidad de los uruguayos", dice sobre ella Álvaro Méndez.

Quiénes son: la experiencia de los distintos músicos

- Benjamin Browne: es trompetista solista. Nació en Estados Unidos, donde se formó. Vino a Uruguay a los 22 años; desde entonces integra la Filarmónica y de la Ossodre. Volvió a EE.UU. a dar conciertos y capacitarse.

- Gisella Hernández: es del interior de Uruguay y aunque en su familia no había músicos, supo desde niña a qué se quería dedicar. Llegó al clarinete de casualidad y es una de las integrantes de más experiencia en la Filarmónica.

- Bruno González: forma parte de la orquesta desde hace 12 años. Toca la viola y es el asistente de la directora Ligia Amadio. En su familia son todos músicos y aunque empezó con la batería, la dejó por la viola a los 14.

- Cecilia Penadés: descubrió la música siendo niña, porque siempre estuvo presente en su hogar. Estudió en la Escuela Universitaria de Música y se formó en Estrasburgo y en Estados Unidos. Es concertino de la Filarmónica.

- Esteban Falconi: comenzó a tocar el fagot a los 12 años. Se formó en la Escuela de Música y realizó una maestría en Estados Unidos. Además, tocó muchos años en orquestas de Argentina. Recibió el Premio Fraternidad de Bnai Brith.

La agenda

Lo que se viene 

- El próximo jueves 12 presenta La Pequeña Rusia, que contará con la dirección del maestro venezolano Rodolfo Saglimbeni; el programa se divide en tres partes: Claude Debussy (Marche écossaise sur un théme populaire), Luis Di Matteo (Tres piezas para violonchelo y orquesta de cuerdas - dedicada a Germán Prentki) y Piotr Ilich Tchaikovsky (Sinfonía Nº2, op. 17 en do menor Pequeña Rusia).

Luego, el 19, a las 19.30 en el Teatro Solís, será el turno de El Emperador, que contará con Dubravka Tomi Srebotnjak, pianista eslovena como solista y la dirección del argentino Javier LogioIa Orbe. El programa incluye el concierto para piano y orquesta Nº5, op.73 en mi bemol mayor Emperador, de Ludwig Van Beethoven y la Sinfonía Nº1 en sol mayor de Vasily Kalinnikov.

Para terminar el mes de julio, el 26 la Filarmónica hará un concierto homenaje al maestro italiano Piero Gamba, que será el encargado de dirigir el programa, que incluirá el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, el concierto para piano y orquesta, op.16, en la menor de Edvard Grieg y la sinfonía Nº7, op.70, en re menor de Antonin Dvorák.

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