Cabeza de Turco

Todos somos adictos

Es inevitable serlo en este mundo. Todos estamos en algo que nos hacer perder (o ganar) el sentido de la existencia por algún lado. Y no hay que tener vergüenza por ello.

WASHINGTON ABDALA

Por eso, la gente se mete en asuntos, problemas, negocios, aventuras y hasta locuras para vivir la vida "con intensidad" o huir de ella. Son muy pocos los individuos que andan centrados o ubicados —tipo Gandhi— sabiendo que pueden ser felices con extrema mesura y equilibrio. La regla general es que somos personas a las que por alguna razón nos gana la partida los "asuntos" en los que estamos para vivir. Somos más los "padecientes" que los otros.

Además, en esta posmodernidad donde todo lo hacemos para "ser felices" terminamos haciendo cosas porque creemos que son el medio para alcanzar ciertos fines que nos proponen por allí. ¿Se entiende? Porque ese es el meollo del tema: todo lo hacemos para ser felices y como ese juego no es sencillo de jugar, caemos en la adicción al trabajo, a las drogas, al sexo, a la comida, al alcohol, al no trabajo, a la política en sus patologías, al capitalismo en su expresión salvaje, a la mentira, a la obsesión al cuerpo, a los odios desmesurados, a los amores redentores, a la religión radical, a los medios de comunicación, al fútbol mágico, a las redes, al Dios absoluto, a lo que sea para sentirnos más porque nos creemos menos (y estamos inseguros en esta intemperie que nos tocó vivir), y así casi cualquier comportamiento se transforma en eje obsesivo de nuestras vidas. ¿Miento acaso?

Es gracioso, la psicología moderna "titula" y "academiza" a casi todo lo que vivimos con apodos, categorías, trastornos y otras expresiones con aroma a rigor académico para describir así al eterno sufrimiento. Es una forma de ponerle una correa al perro pero no de quitarle la rabia. Solo observo que estamos plagados de diagnósticos pero no sabemos como salir de los líos que padecemos, menos con las escuelas psicológicas en conflicto (los freudianos, los lacanianos, los conductistas, los que mezclan, que sé yo…).

No hay en la historia del mundo una generación tan medicada contra la "depresión" como la presente. ¿Hay alguien que alguna vez no se deprima? Nunca hubo el grado de consumo de alcohol como el de hoy. Nunca se necesitó tanto psicofármaco para dormir. Nunca países enteros producían droga para exportar de manera olímpica como ahora. Ni nunca mercados como el gringo o el chino adquirieron tantas anfetaminas y precursores para volar de la realidad como el presente. Nunca se trabajó tanto como en el 2016 (las mujeres en el mercado laboral son la prueba del nueve). Nunca los jóvenes como las actuales tuvieron que tener padres que los saquen a empujones del enganche de los videojuegos porque los pibes quedan chotos luego de varias horas enganchados (es como si se hubieran fumado dos porros). ¿Deliramos en el 2016?

Este es el mundo que inventamos para superar al pasado reciente, más naif y supuestamente aburrido con sus bloques previsibles. El presente es agresivo, poco consciente de lo ecológico hasta hace diez minutos y mucho más enfermizo en el plano mental que hace pocos años. Sin embargo, es global, conectado, más alfabetizado, más atento en el freno del derrame de sangre colectiva y más jugado a aceptar inventos de gente que nos ayuden a vivir más. Lo biológico avanza, por algo cada día vivimos más y más. Todos quieren ser jóvenes. Los viejos quieren serlo. Paradójico.

Son tiempos contradictorios, complejos y difíciles de vivir. La incerteza es la certeza. Ya la adicción a las cinco horas de televisión es un juego de niños que no existe más en la Banda Oriental. Hubo una época en que la mala comida no existía acá porque éramos casi una granja. Hoy todos somos muy parecidos en el mundo, consumimos lo mismo, comemos la misma basura química y nos vestimos con las mismas ropas chinas (casi todos). Algunas de las adicciones en las que estamos dan para pensar mucho (hasta en Uruguay). Salir de ellas no va a ser fácil porque una vez que "nos engancharon" el problema no es menor. Adictos a algo somos casi todos. Pensá si no tengo razón.

Me voy a comer un chocolatito y a jugar un 5 de oro. Buen domingo.

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