SALUD

¿Qué tipo de ejercicio es mejor para cada persona?

Un nuevo estudio de Harvard sugiere que no todas las rutinas son igual de efectivas para todas las personas y eso tiene que ver con las proteínas de la sangre.

Ejercicio, deporte
Foto: Pexels

Si todos empezamos mañana la misma rutina de ejercicios, algunos se pondrán mucho más en forma, otros se pondrán un poco más en forma y unos pocos pueden llegar a perderla. Las respuestas individuales al ejercicio pueden variar de forma así de salvaje y, hasta ahora, imprevisible. Un nuevo estudio sugiere que los niveles de ciertas proteínas en nuestro torrente sanguíneo podrían predecir si responderemos, y cómo, a diversos regímenes de ejercicio.

El estudio representa un comienzo significativo hacia un análisis de sangre que indique los mejores tipos de ejercicio para cada uno de nosotros y si podemos esperar obtener más o menos beneficios del mismo entrenamiento que nuestro cónyuge, descendientes u otros compañeros de entrenamiento o rivales.

La respuesta al ejercicio es un tema que probablemente debería discutirse más a menudo y abiertamente de lo que se hace. Sabemos que el ejercicio es maravilloso para nuestra salud. Innumerables estudios demuestran que las personas que hacen ejercicio tienden a vivir más tiempo, con más felicidad y con menos riesgo de padecer muchas enfermedades que las personas sedentarias. Pero esos resultados se refieren a promedios generales. Si se analizan los datos de los estudios con detenimiento, se puede encontrar una vertiginosa gama de reacciones, que van desde el enorme aumento de la salud y la forma física en algunas personas hasta la ausencia de ellas en otras.

Estos enigmas intrigaron a investigadores de la Universidad de Harvard, el Centro Médico Beth Israel Deaconess de Boston y otras instituciones. Los científicos llevaban mucho tiempo interesados en comprender cómo el ejercicio altera el entorno molecular dentro del cuerpo, así como la forma en que esos cambios influyen en la salud, y en lo diversas que pueden ser las alteraciones.

Ahora, para el nuevo estudio, que se publicó en Nature Metabolism, decidieron ver si ciertas moléculas de la sangre de las personas podrían estar relacionadas con la forma en que sus fisiologías reaccionan a los entrenamientos. Para averiguarlo, recurrieron en primer lugar al valioso conjunto de datos producidos durante el estudio a gran escala Heritage, que había profundizado en el ejercicio y la salud de los padres y su descendencia adulta. El estudio Heritage incluía pruebas precisas de laboratorio sobre la aptitud aeróbica de las personas, así como extracciones de sangre, seguidas de 20 semanas de ejercicio aeróbico moderado.

Los investigadores ahora extrajeron los registros de 654 hombres y mujeres que habían participado en el Heritage, abarcando un abanico de edades y etnias, y comenzaron a examinar a fondo su sangre.

Se centraron en la variedad de moléculas proteicas grandes y complejas que se crean en los tejidos de todo el cuerpo y que, cuando se liberan en el torrente sanguíneo, fluyen y ponen en marcha procesos biológicos en otros lugares, afectando al funcionamiento de nuestros cuerpos. Surgieron algunos patrones claros. Los investigadores descubrieron que los niveles de 147 proteínas estaban fuertemente asociados a la condición física inicial de las personas. Si algunos de esos números de proteínas eran altos y otros bajos, los perfiles moleculares resultantes indicaban el estado de forma de la persona. Y lo que es más interesante: otro conjunto de 102 proteínas tendía a predecir la respuesta física de las personas al ejercicio. Los niveles más altos y más bajos de estas moléculas -pocas de las cuales coincidían con las proteínas relacionadas con la aptitud física básica de las personas- profetizaban el grado en que la capacidad aeróbica de alguien aumentaría, si es que lo hacía, con el ejercicio.

Por último, dado que la capacidad aeróbica está tan estrechamente vinculada a la longevidad, los científicos cotejaron los niveles de las distintas proteínas relacionadas con la capacidad aeróbica en la sangre de las personas inscritas en otro estudio de salud que incluía registros de mortalidad, y descubrieron que las firmas protéicas que implicaban una respuesta de menor o mayor capacidad aeróbica también significaban vidas más cortas o más largas.

En conjunto, los resultados del nuevo estudio sugieren que “las herramientas de perfiles moleculares podrían ayudar a adaptar” los planes de ejercicio, afirmó Robert Gerszten, profesor de medicina de la Facultad de Medicina de Harvard y jefe de medicina cardiovascular del Centro Médico Beth Israel Deaconess, que dirigió el nuevo estudio con su autor principal, Jeremy Robbins, y otros.

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