Cabeza de Turco | washington abdala

El típico pollerudo

En España se los llama Juan Bragazas, en México maridazo, en Colombia mameluco. Es el triste personaje que con la dama que convive repite los términos de la relación que tuvo con su madre. Su único amor verdadero es el que tuvo con mami. ¡Pichón! ¡Amor mío!

Las que tienen la culpa de la existencia de los pollerudos son esas mamis. Los pollerudos son hijos de la manipulación maternal y de la idiotez de ese "ser" que no terminó por comprender que él es un ente propio que tenía derecho a la libertad. Freud era solo un apellido raro para él.

El pollerudo tiene parejas que pueden durar toda la vida. En el juego de roles, obvio, elige el del dominado, el papel pasivo para que ella decida todo por él. Se victimizan siempre. Es un proceso bastante jodido el que pasa por sus mentes. Todos los amigos varones sabemos cuál de nuestra barra es el "pollerudo", cuál es una pobre liendre manejado al antojo por la dama que lo somete a su voluntad y cuál vive con la distancia adecuada en el juego de la dominación de la pareja.

"Ella lo hace mejor que yo", dice el muy infeliz. Y así simplifica su existencia ambigua y le cede terreno a la dama para que haga y deshaga. Está lleno de hombres que se han casado con sus secretarias. Son los típicos pollerudos. Quieren una mamá, una secretaria y una mujer que les de todo juntito. ¡Cuchi, cuchi! (El triple combo no funciona muchachos. Sorry).

El pollerudo, cuando se retoba, la trata de "bruja" a su compañera pero sabe que ella lo domina. Punto. La necesita. Un pollerudo es el escupitajo de una esposa que ante los ojos de la gente puede parecer dulce, pero en el seno del hogar emerge un ser jorobadito que el látigo de Grey es apenas un chicle Plop al lado del sometimiento psicológico al que se somete al tonto varón domado.

La mujer que "le elige la ropa al hombre" muestra que —además de un pollerudo— ese individuo es un pobre tipo. (Muchachos, nosotros tenemos derecho a descombinar gustos, a no hacerles caso con la camisa al tono y todas esas requisitorias impertinentes que plantean cual Demóstenes en su discurso sobre la corona. Hay que ir a cenar con la camiseta de Fénix, rota y sobaqueada a Café Misterio).

"Yo prefiero que la compre ella porque tiene mejor gusto" dice el típico pollerudo asumido. Un idiota perfecto digamos, un traidor a la causa, un cretino como pocos.

Está lleno de hombres así, que solo aman a sus madres y que sus esposas nunca podrán ser como ella ("Mamá era divina"). Viven encerrados en esa lógica Lacaniana grotesca. Por eso el día que se les muere la madre y si por razones del destino- se muere la esposa, los encontrás enganchados con una atorranta, de pollera cortita que los tienen a doscientos veinte grados sin horno a la vista.

Un hombre que queda bajo la falda de mami no termina erotizando a nadie. Esto lo tendrían que saber todos los de mi género. (Perdón mamis, pero cuanto más lejos se ubiquen de las parejas de sus hijos, más salud tendrá ese angelito). Los pollerudos no erotizan, no seducen, no tienen magia. Y pueden estar "enteros" pero siempre serán unos engendros que las mujeres huelen al toque por su chotez inmisericorde.

Es cierto, también que las mujeres quieren que uno sea el Che Guevara, pero lo primero que hacen cuando tienen onda con muchos hombres y los tienen engualichados es afeitarles la barbita. ¿Cómo? ¿No era que yo te gustaba "sauvage"? No, enseguida viene ese proceso de auto-domesticación-castración y allí, los pollerudos son los primeros que entregan todo con tal de tener resuelta sus vidas (Son Judas los tipos).

Solicito que de ahora en adelante cuando en las barras de amigos haya pollerudos, solo sepamos quién está de un lado y quien está del otro. Ya bastante tenemos como para tener las líneas infiltradas y regalar la poca dignidad que nos va quedando. ¡Joder!

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