EL PERSONAJE

Tina Ferreira: "Siempre bailé para que alguien sonría"

Es una de las vedettes más importantes del carnaval y referente de la cultura afro en el país. Aunque este año no saldrá en las Llamadas, lleva al candombe en la sangre.

Tina Ferreira, figura y referente del carnaval uruguayo

Un traje blanco, bien blanco, que de frente no llega a las rodillas pero que en la parte de atrás es largo y llega al comienzo de los tacos, también blancos y altos, tan altos como para realzarla, para elevarla, para hacerla flotar, para que no pueda pasar desapercibida bajo ninguna circunstancia, casi como si fuera una exageración de su belleza. Porque la verdad es que ella nunca pasa desapercibida. Las piernas largas, larguísimas, cubiertas por unas medias blancas hasta las rodillas, se mueven sin parar, como si el movimiento saliera de la misma energía que hace que suenen los tambores. El pelo negro -medio recogido en un tocado también blanco que crece sobre su cabeza- cae por la espalda pero le deja limpia la cara. La piel morena que brilla y los ojos verdes enmarcados por unas pestañas largas, la sonrisa que no se apaga. Nunca se apaga.

Es 10 de febrero de 2017 y Tina Ferreira baila recorriendo la calle Isla de Flores. Lo hace en zig zag, como lo hizo la primera vez que participó en el Desfile de Llamadas, en 1991, cuando descubrió que bailando así podía estar más cerca de la gente. Sabe, Tina, que siempre tuvo facilidad para conectarse con los demás. Sabe, también, que necesita de la energía de las personas para poder seguir bailando hasta el final del desfile, porque la gente la espera, quiere verla, la aplaude y le sonríe y le grita. Y ella baila como siempre, pero mejor que antes.

Ese año fue el último en el que Tina bailó en las Llamadas. El 2018 la encontró con algunos problemas que la obligaron a parar y este año, dice, no se siente bien como para bailar, así que prefiere no hacerlo. “Este año no voy a bailar, al menos no en carnaval. El año que viene lo evaluaré. Soy profesional y no estoy dispuesta a bailar en otras condiciones que no sean en las que he estado siempre”.

Se llama María Cristina, nació en 1972, es una de las vedettes más importantes de la historia del Carnaval uruguayo y una referente del candombe y de la cultura afro del país. “El ser referente es algo que la gente te da primero y vos lo tomás o no lo tomás. Yo creo que la gente me posicionó en ese lugar desde la primera vez y después eso se fue fortaleciendo año tras año y yo he asumido esa responsabilidad. Así que sí, me cuido yo para poder cuidar el rol (de vedette) y para poder cuidar mi cultura”.

Pero también (y antes que nada) Tina es una mujer que sobre todo ha buscado saber quién es, para poder ser libre y por lo tanto, ser feliz. Y aunque desde su infancia la vida fue difícil, aunque haya tenido que dormir alguna noche en la calle y buscar la forma para sobrevivir, aunque se haya caído y golpeado fuerte, bien fuerte, Tina es —ha sido— una mujer feliz.

“Falta información sobre los orígenes de los afrodescendientes en Uruguay. Los libros de educación primaria y secundaria, que son los que conozco, traen muy poca información al respecto, y es muy mala. Mientras que un niño blanco ve en los libros la historia de Roma, cómo crearon la democracia y miles de cosas más, el niño negro ve una o dos fotos de africanos que llegaron encadenados en el fondo de un barco, y el niño no quiere identificarse con eso. Pero tampoco se identifica con lo otro, entonces se genera un conflicto en su identidad”, dice Tina, que sabe de su pasado y lo explica con velocidad, con ritmo, como si estuviese bailando.

“Por eso mi propósito con mis proyectos, como Señor Candombe (NdR: un grupo que da talleres de candombe y a la vez brinda espectáculos) es generar identidad para que la gente sea más feliz, aunque parezca un cliché, que la gente pueda arrimarse para conocer su historia a través de la música, que eso signifique algo para ellos, les suba el autoestima, se fortalezcan, puedan soñar y puedan cumplir sus sueños”. Porque sí: para Tina, conocer nuestra identidad, nuestro pasado y nuestro origen, nos hace “necesariamente personas más felices”.

En la sangre

Tiene la piel de su madre, morena, y los ojos de su padre, que era rubio y de mirada clara. Viene de una familia grande, en la que eran ocho hermanos y vivían jugando descalzos.

Tina Ferreira
Foto: Leonardo Mainé

Nació en Pando y hasta los 14 años vivió en Villa La Colina, en Barros Blancos, “un lugar divino, había una casa por manzana, las puertas no se cerraban, los amigos eran de 24 horas”, recuerda Tina. Dice que tenían problemas pero que también eran felices. “Mi padre era alcohólico, entonces las consecuencias del alcohol eran permanentes. Pero también teníamos momentos muy felices con papá, por ejemplo, cuando salíamos con él y todos mis hermanos a juntar leña”. Hace una pausa, los ojos verdes brillan y sonríe, porque Tina siempre sonríe. “Y te puedo asegurar que ahí encontré mi vocación, cuando me di cuenta de que bailando sacaba a mi familia de los problemas por un rato aunque sea”.

—¿Bailabas para que tu familia estuviera mejor?

—Claro. El alcohol a veces traía problemas muy desagradables para toda mi familia, y yo me di cuenta de que si me ponía a bailar captaba la atención de mi padre, de mi madre, de mis hermanos y les arrancaba una sonrisa, por un ratito de felicidad lograba que se olvidaran de todo. Y eso me marcó mucho. Así fue cómo me di cuenta de que a través de la danza y el arte conseguía evitar pensar en todo lo malo. Y hoy lo sigo haciendo. Si yo en un espectáculo de 50 minutos logro que la gente se olvide de sus problemas, les arranco una sonrisa y los puedo hacer bailar, mi propósito está cumplido. Creo que siempre bailé para que alguien más sonriera, y me hace muy feliz.

No hace falta preguntarle cómo surgió su pasión por el baile. Tina dice que su madre llevaba el ritmo en la sangre, que limpiaba la casa bailando, y que era algo innato en ella. Dice que había salido en carnaval alguna vez, que la llevaba a ella y a sus hermanos a ver los desfiles y que ella quedaba encantada viendo a Rosa Luna y a Pirulo, que “eran divinos”.

Tina Ferreira
Foto: Leonardo Mainé

A los 14 años, cuando falleció su mamá, Tina y sus hermanos se mudaron a Montevideo, a la casa de un familiar. No hubo un momento en el que decidiera hacer del candombe su vida, se fue dando. Cuenta que le gustaba tanto que recorría los ensayos de las comparsas, hasta que a los 18 años, José de Lima, director de Marabunta la convenció de salir como vedette de su producción de ese año. “Desde la primera vez que participé de las Llamadas me sentí como en casa, nunca tuve pudor. Creo que siempre tuve conexión y empatía con la gente y eso no fue diferente en las Llamadas. Nunca me dio vergüenza ni nada, nunca me sentí mal conmigo ni con mi cuerpo. Con el tiempo fui aprendiendo que mi cuerpo es una herramienta de transmisión cultural, nada más, y está a la orden de transmitir mi cultura”.

Desde entonces nunca dejó de bailar. De a poco y casi sin saberlo empezó a transformarse en una de las vedettes preferidas del carnaval uruguayo. Ganó premios, participó de las Llamadas con distintas comparsas, se subió a competir en el escenario del Teatro de Verano, dejó de hacerlo y volvió. Tuvo un hijo sola a los 18 años que le cambió rotundamente su vida, estudió periodismo, trabajó en los medios, hizo teatro de revista de la mano de los argentinos Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti, dejó de bailar y volvió. Se transformó en una mujer independiente, que sabe mucho de su origen y se aferró a él para hacerse fuerte, pero que también tiene muy claro su futuro. Y, aunque sabe que todavía falta camino por recorrer, se siente orgullosa de que las mujeres ocupen cada vez más roles en el carnaval. “Hoy las mujeres ocupamos espacios que no son solo artísticos, son de producción, de coordinación, de dirección, en áreas técnicas. Ha crecido muchísimo nuestro rol en el carnaval, así como ha mejorado el rol de la mujer en la sociedad. Ojalá eso se traduzca también económicamente. Aún falta por mejorar”.

Ahora está centrada en su proyecto Señor Candombe, en dar talleres y en lograr instalar un espectáculo permanente en Montevideo. Porque, dice, es un poco contradictorio que Uruguay sea el país del candombe y solo pueda verse durante el tiempo que dura el carnaval. Ahora no está bailando, pero va a volver. Sabe, Tina, que ella no puede dejar de bailar.

sus cosas
Señor Candombe, dirigido por Tina Ferreira
Un proyecto
Tina es la directora de Señor Candombe, una compañía que ofrece un servicio de capacitación a través de talleres (que esté año llegarán al Teatro Solís) y de entretenimiento con un espectáculo que por ahora es itinerante pero que tiene como principal meta instalarse como un espacio fijo y permanente en Montevideo.
Las mujeres que aman demasiado
Un libro
Le gusta leer, pero no tiene un libro ni autor de cabecera. Cuenta que hay algunos que la han marcado en diferentes momentos de su vida. “Uno de ellos es Las mujeres que aman demasiado, de Robin Norwood, que me ayudó mucho. Soy hija de un alcohólico y he trabajado mucho para mejorar mis emociones”.
Meditar
Una actividad
Este año, Tina quiere lograr hacerse espacios y tiempos para tomar talleres de meditación, una actividad que realiza hace mucho tiempo y que, dice, la ayuda a conectarse con ella. “Es una de mis metas para este año, por un lado poder cumplir conmigo físicamente y poder seguir desarrollándome en lo espiritual y emocional”.
Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados