EL PERSONAJE

Teresa Herrera: "Lo que queremos cambiar las mujeres ahora es la vida cotidiana"

Aunque es argentina vive en Uruguay desde 1980. Con trabajo y activismo se transformó en una de las mayores referentes feministas del país. A los 66 años sigue luchando.

Teresa Herrera, socióloga y feimnista
Teresa Herrera, socióloga y feimnista. Foto: Francisco Flores

Mientras Teresa Herrera dice, desde el otro lado del teléfono la tarde del lunes 8 de junio, que en Uruguay la ley 19.580 es una hoja de ruta clara para hacer algo contra la violencia de género y explica todos los puntos que no se tienen en cuenta ni son puestos en práctica, mientras dice que la ley que en noviembre cumplirá tres años de aprobada “se transformó en una cáscara vacía porque vos no podés votar una ley y no votarle los recursos, la 19.580 es una ley incumplida”, mientras explica, como si fuese una maestra que habla con palabras claras y pone ejemplos cotidianos para que se entiendan sus conceptos, que el origen de la violencia de género es ancestral porque todas las doctrinas y filosofías y pensadores a lo largo de la historia siempre han dicho que las mujeres son inferiores, mientras sostiene que cuando un varón ejerce violencia sobre una mujeres o sobre los niños y niñas está actuando bajo el mandato aristotélico que dice que “el hombre es el dueño de la vida y la muerte de sus esclavos, de su mujer y de sus hijos”, mientras desarma conceptos y mitos sobre el feminismo, una mujer de 56 años es asesinada por su pareja en el barrio Villa Sara de la ciudad de Rivera.

Teresa Herrera, argentina y casi uruguaya, parte de la Red Uruguaya Contra la Violencia Doméstica y Sexual, tiene 66 años y es socióloga y feminista desde los 27. Ese fue el momento en el que se recibió en la Universidad de Buenos Aires y también es la respuesta que da a la pregunta de cuándo se dio cuenta que era feminista. “Fue un proceso. Incluso yo fui de las que en una época decía ‘feminista no, femenina’ - se ríe con una carcajada ruidosa- porque tenía el estereotipo ese de que las feministas eran unas desgreñadas que solo se peleaban con todo el mundo. En realidad yo era feminista pero no sabía que lo era. Sé que cuando me recibí yo ya me consideraba feminista”. Fue en 1980.

Ahora, tantos años de lucha después, ahora, que es una de las mayores referentes feministas del Uruguay, dice que cada vez que se encuentra con mujeres que están en contra del feminismo les pregunta si tienen claro que “gracias a que hubo y hay feministas ahora podemos trabajar, manejar nuestro dinero, estudiar, votar. Eso hace 100 años no era así. Hace no mucho, incluso, en la década de 1990, nos decían que estábamos locas, que en la Suiza de América no había violencia hacia las mujeres. Ha sido una revolución sin derramar una gota de sangre. ¿Dónde está la violencia?”

Ahora, que hay instaurado un discurso feminista, afirma que, aunque Uruguay está muy avanzado en legislación, en el fondo seguimos siendo muy machistas: “Hay un buen discurso y buenas leyes pero en la cotidiana y en los espacios de poder no hay nada, está vacío”. Porque, aclara, no hay que olvidar que la violencia de género tiene como origen a las relaciones de poder y, en este sentido, “no es un problema de las mujeres. Es un problema de los varones, fundamentalmente. Nosotras somos las que sufrimos las consecuencias pero son ellos los que tienen que cambiar de mentalidad porque son los que todavía tienen el poder”.

Dos orillas

Nació en Buenos Aires en 1953. Suspira cuando dice que su infancia fue “difícil, difícil”. Vivió criada por una madre sola y con muchos problemas económicos, en una casa que compartían con su abuela. “Hasta que mi madre conoció al padre de mis hermanos”. Más allá de eso recuerda una niñez llena de dulzura y de cariño y de cultura. Porque, a pesar de los problemas, su mamá es una persona muy culta que la ayudó a abrir la cabeza.

A los 13 años tomó la primera decisión importante de su vida. Mientras estaba dando catequesis a niños y niñas de una villa les contó que la Navidad era el cumpleaños de Jesús. Y los niños ni siquiera sabían lo que era un cumpleaños. Ella, asombrada, habló con el cura a cargo de la parroquia que le dijo que entrara a ver cómo vivían esos niños en la villa. Teresa fue. Ese día decidió que quería estudiar algo con lo que pudiese cambiar la vida de esas personas. Eligió estudiar sociología.

Ese mismo año empezó a militar en la Democracia Cristiana de Argentina, que integraba la Alianza Popular Revolucionaria. “Siempre digo, jorobando, que tengo un oscuro pasado católico y demócrata cristiano”. Por esa época también militaba en la Organización de Derechos Humanos.

Hizo la carrera siempre trabajando. Se recibió en 1980. En el medio estalló la dictadura militar en Argentina. “Fue muy complicado, cerraban la universidad cada tanto y además por mi militancia... la verdad es que estoy viva de casualidad. Gente que tenía mucho menos que ver que yo desapareció en esa época”.

A fines de 1980 se mudó a Uruguay. Había conocido en un evento internacional de la Democracia Cristiana a un uruguayo del que se enamoró y como tenía hijos acordaron venirse. Aunque no tiene hijos naturales, dice que ellos son sus hijos del corazón. También tiene nietos del corazón. Cuando llegó, recuerda, fue difícil. Todavía no se había terminado la dictadura uruguaya y en mayo de 1981 les allanaron la casa. “Me acuerdo como si fuera hoy”, dice. “Hasta la salida de la dictadura fue duro. Además de que Uruguay era un país al que le costaba mucho la gente que no era de acá. Pero a esta altura yo ya soy más uruguaya que argentina. O soy las dos cosas”. En agosto de 2019 fue a iniciar los trámites para nacionalizarse y, aunque todavía no la han llamado, cree que ya es casi uruguaya. “He vivido más tiempo acá del que viví en Argentina, pero allá está mi familia”.

A pesar de que alguna vez sintió el ser extranjera, consiguió trabajo enseguida. Y siempre, su labor, tuvo que ver con la situación de las mujeres. “Fue algo que siempre me preocupó mucho. Durante años, para ganarme la vida, hice investigación de mercado. Y a esas investigaciones, como yo trabajaba mucho para empresas, las vinculaba mucho al lugar de las mujeres en el mercado laboral”.

En el año 1996, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), institución para la que continúa trabajando, le solicitó hacer un estudio de prevalencia de violencia doméstica. Los resultados generaron un escándalo: en tres de cada 10 hogares de Montevideo y Canelones había violencia. Esos fueron los primeros números que hubo en Uruguay respecto al tema.

Mientras hacía el estudio Teresa miró para adentro. Se había divorciado de su primer esposo y se había vuelto a casar. “Me di cuenta de que yo estaba en una relación en la que estaba sufriendo violencia de género e increíblemente no lo había notado”.

Desde entonces nunca más abandonó el tema, logró trabajar para organismos internacionales y muy poco para el Estado uruguayo pero pudo dedicar su vida a estudiar y pensar en las mujeres. En 2003 fundó, junto a otros y otras colegas, la ONG Aire.uy con la que se integró a la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual.

—Usted siempre dice que como feminista no pierde la esperanza. ¿Por qué?

—Como activista una tiene la obligación de señalar el medio vaso vacío. Pero como feministas también tenemos que pensar en el medio vaso lleno. Hace 100 años las mujeres no votábamos. Lo que ocurre es que lo que queremos cambiar ahora es más difícil. Lo que queremos cambiar las mujeres ahora es la vida cotidiana y ese es el cambio más difícil de todos. Porque ahí es donde se actualizan todas nuestras creencias, nuestros prejuicios, nuestro sesgo. Eso de la nueva ola del feminismo que dice que lo personal es político es real. Hay que empezar a meterse puertas para adentro, no alcanza con que haya diputadas o senadoras o que las mujeres podamos trabajar porque el fondo de la cuestión está en las relaciones de todos los días.

Sus cosas
Uruguay
Uruguay
Volvió a trabajar en Argentina muchas veces. La última fue en 2018, cuando estuvo en Buenos Aires haciendo un trabajo para el BID. Nunca regresó a vivir a su país, aunque cuando se divorció de su primer marido lo consideró: había hecho su carrera acá y para entonces ya estaba arraigada. Hoy cree que fue una buena decisión.
Libros
Sus libros
Teresa ha volcado sus conocimientos, análisis y estudios sobre la situación de las mujeres en libros. Algunos son: Opciones de mujeres, de 1996; Abuso sexual infantil y comunicación, de 2004; Violencia doméstica, el discurso y la realidad, de 2015.
Universidad de Buenos Aires
Estudios
Cuando daba clases en la Universidad Católica se ganó una beca para hacer un posgrado en Comunicación Social en Ecuador. “Después, ya de vieja, decidí que quería hacer el doctorado y volví a la universidad”. En 2013 se recibió de Doctora en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. Lo hizo con una tesis sobre violencia de género.
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