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Cuando el teléfono se convierte en un sitio porno

¿Qué tipo de hombre es el que comparte pornografía a través de WhatsApp? Una mirada a una costumbre que es común en los grupos masculinos, pero que genera polémicas entre los integrantes del mismo.

erotismo, sexting
Foto: Commons

Hace poco, entré en un grupo de WhatsApp exclusivamente masculino y numeroso, al menos para lo que estaba acostumbrado. En este grupo, de unos 30 tipos de diversos orígenes y edades, se comparten contenidos pornográficos aunque por lo que he visto en estos días, lo más frecuente es que se discuta cuándo se arma el próximo partido de fútbol, además de comentar resultados de ligas profesionales.

Los mensajes con pornografía, sin embargo, nunca están muy lejos. Se puede tratar de unas fotos, GIF, memes o videos . No importa: la pornografía se adapta a cualquier tipo de mensaje para saltar de un smartphone a otro.

El primer día fue bastante intenso en cuanto a contenidos porno. En parte, creo que fue porque varios sabían que fui admitido en parte para escribir esta nota. Como una suerte de “iniciación” del recién llegado. Esa frecuencia disminuyó con el correr de los días, aunque como escribió uno más adelante: “Estamos retomando el anterior nivel, que ostentábamos previo a la intervención normalizadora”, en referencia a varias disputas que hubo en el grupo por, justamente, esos contenidos.

Como suele ocurrir, la mayoría de los integrantes están del lado receptor de esos mensajes. Lo más habitual es que quien transmite o replica imágenes o audios de carácter sexual o pornográfico tenga un perfil psicológico y grupal determinado. Porque lo colectivo es importante. Es mucho más común compartir pornografía en un grupo de WhatsApp exclusivamente masculino (con una mujer en el grupo, es menos probable que se compartan contenidos así) que enviarle un video de, por ejemplo, Alexis Texas (afamada actriz de la industria sexual) a un amigo.

celular, smartphone
Foto: Pxhere

“Hay varios motivos para esta práctica, que es bastante común”, afirma el presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología, el sexólogo y médico internista Santiago Cedrés. “Uno de ellos tiene que ver con el sentido de pertenencia al grupo”, comenta el experto sobre la necesidad sentirse aceptado como parte de algo más grande. Muchas veces, estos contenidos vienen acompañados de comentarios supuestamente jocosos, para transmitir una “buena onda” y gracia que, se supone, tiene como fin último caer bien y agradar a los demás. En el grupo al cual me integraron, sin embargo, los archivos que se comparten venían casi siempre limpios de cualquier comentario o advertencia.

Por otra parte, según Cedrés, hay una habilitación que desde la sociedad se le otorga al varón sobre lo sexual. Y eso, resalta, “genera una forma de vínculo con el cuerpo, el erotismo, y sobre todo lo genital en particular, que promueve este tipo de conductas”. Sin embargo, con la habilitación también viene la contracara: la normativa. A menudo, esa “libertad” de consumir pornografía y exponer ese consumo entre pares puede transformarse en una velada imposición, una sensación de presión a cumplir con ciertos patrones de conducta que se identifican como propios de la masculinidad.

unión, camaradería
Foto: Pxhere

La psicóloga y también sexóloga Adriana Martínez explica que la pornografía fomenta mitos y que estos pueden influir sobre las percepciones que uno tiene sobre todo eso que señalaba Cedrés. “Contribuye a la creencia de que el hombre tiene que rendir de cierta manera, tener cierto tamaño de pene, siempre tiene que tener ganas y con cualquier persona. Siempre tiene que ser joven, lindo y musculoso. Y siempre tiene que cumplir. No importa ni la persona ni las emociones que le genera esa persona. Ese bombardeo de información contribuye a que muchos hombres se sientan inferiores. Algunos hasta buscan, por distintas vías, aumentarse el tamaño del pene”.

PERFIL

Tanto para Martínez como para Cedrés hay ciertas características que describen a los más entusiastas “compartidores” de sexo explícito por WhatsApp.

Cedrés comenta que es común que sus pacientes masculinos le cuenten que en el grupo de amigos se mandan pornografía. “Sucede a toda edad. Tal vez en los más jóvenes se viva diferente, ya que crecieron con dicha tecnología. Peo para los mayores de cuarenta, la experiencia parece ser vivida con más entusiasmo, debido a que en su adolescencia esta práctica no era tan accesible”. El sexólogo señala que la predisposición es mayor entre hombres divorciados o sin pareja estable. Y que a cuanto más integrantes en el grupo, “más es la pornografía que circula. Los grupos de varones de WhatsApp se convierten en un espacio libre de prohibiciones y restricciones”.

Por su lado, Martínez señala que uno de los rasgos psicológicos más comunes de quien comparte muchos contenidos pornográficos tiene que ver con aspectos de la personalidad que se caracterizan por la curiosidad y la búsqueda de adrenalina. “Generalmente se trata de una conductas impulsiva asociadas a otras, como el consumo de alcohol o sustancias, las compras y los juegos de azar”.

Las consecuencias de un prolongado y cuantioso consumo de pornografía dependen mucho del contexto y de la historia de cada uno. Pero más allá de lo que señalaba Martínez sobre los mitos que fomenta la pornografía, Cedrés señala que el consumo de este tipo de contenidos puede derivar en problemas de pareja y de salud sexual. “Dependiendo del uso, podría llegar a tener consecuencias negativas. Muchos miran por curiosidad, por arriba, sin detenerse. No es una fuente de excitación. En estos casos es cuando menos daño hace. Lo malo es cuando se convierte casi en la única vía por la cual se logra la respuesta sexual. En esos casos, el cuerpo se acostumbra a responder frente a determinados estímulos que están lejos de ser los mismos que otorgan el contacto directo con la pareja”.

¿Qué tipo de efectos puede tener esto sobre las relaciones de pareja? Para Adriana Martínez, dependerá de si es un consumo problemático o no de la pornografía. “Si quien recibe estos mensajes es una hombre educado sexualmente (en otras palabras, si sabe que lo que muchas veces se ve en la pantalla es irreal), si es alguien que escucha a su pareja y es sensible a lo que esta le plantea, entonces no habría problemas que el hombre consuma y comparta ese tipo de contenidos”, comenta.

El límite entre lo que se considera razonable o no problemático también es una cuestión difícil de resolver. Pero lo cierto es que cuando se llega a la fase de adicción a la pornografía, puede costar tanto regular el consumo como cuando se trata de adicciones a la nicotina, el alcohol o los juegos de azar.

whatsapp

¿El último bastión del machismo?

En junio de este año, la periodista argentina Paula Giménez publicó en La Nación un artículo en donde, desde el título, se preguntaba Los grupos de WhatsApp: ¿búnkers del machismo?
De acuerdo con la nota, esos grupos son un refugio para poder no solo compartir pornografía sino también para poder “reírse del género femenino o humillarlo con videos y fotos íntimas” y también de la homosexualidad. Giménez escribe que “si bien la cultura evoluciona y con ella el humor, esos códigos del macho se aferran con uñas y dientes a nuestras costumbres y son los chats para el ‘fulbito’, para el asado del domingo o el grupo de padres de Whatsapp, los lugares en donde corre, de manera grosera y sin filtros, todo lo que hoy la sociedad ya no soporta”.
Pero en la nota también se señala que “muchos de los varones que integran estos grupos hoy realizan o realizaron algún tipo de camino de deconstrucción respecto al machismo y varios se encuentran en la situación de tener que ponerle un freno a su par, aunque eso les genere también mucha incomodidad”.
Según mi breve experiencia en el grupo al cual me admitieron, esa dinámica entre quienes comparten videos porno o chistes homofóbicos y aquellos que le señalan lo deplorable de esas actitudes, también se producía.

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