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Lo que no te podés perder en Praga 

La capital de República Checa, una de las ciudades más visitadas de Europa, está de aniversario: 50 años de la Primavera y 100 de la independencia del país.

La capital de Chequia tiene este año una intensa agenda cultural.
La capital de Chequia tiene este año una intensa agenda cultural.

Cualquier momento y época del año son perfectos para recorrer y vivir a Praga, la capital de la República Checa, pero este 2018 es ideal, pues tendrá una copiosa agenda cultural y de eventos para celebrar los 50 años de la Primavera de Praga (período de liberalización política en ese país) y los 25 de su formación como nación.

Aunque, la verdad, no hacen falta pretextos para elegir este destino. Basta con saber que su casco antiguo es patrimonio de la humanidad y que, para muchos, es la ciudad más hermosa del mundo para ir a descubrir la magia, la riqueza y el misterio que se viven a lo largo de sus calles, que relatan más de diez siglos de historia.

La capital de Chequia esconde tantas historias y personajes que no en vano figura entre las 20 ciudades más visitadas del mundo. Aquí varias recomendaciones para no perderse de nada.

Ciudad Vieja 360.

Es el abrebocas y plato fuerte del casco histórico, patrimonio de la humanidad. Basta con pararse en cualquiera de sus esquinas, detenerse y mirar lentamente lo que acontece para entender por qué pasan por allí cada año más de 6,4 millones de turistas. Su gran tamaño y la filigrana de las construcciones que la rodean hablan de una ciudad medieval, bohemia y renacentista.

Pararse en el centro de la plaza y girar 360 grados es algo que no puede evitarse. Así pasará por sus ojos una película de arquitectura que muestra estilos góticos en la iglesia de Nuestra Señora en frente del Tn y en la torre del ayuntamiento, y barrocos en la iglesia de San Nicolás. Entre ellos, casas góticas y renacentistas que son bares y tiendas.

Reloj astronómico.

Esta obra de arte y ciencia del siglo XV es patrimonio de la humanidad. Está incrustado en una pared del ayuntamiento. Las opciones son: ir de noche para verlo con calma, en la tranquilidad de una ciudad que duerme, y sentarse en algunos de los bares o pizzerías que lo rodean para apreciarlo segundo a segundo; o, en el día, sumarse a las multitudes que se agolpan a su alrededor para ver cada hora las figuras animadas de los doce apóstoles y el astrolabio, que muestra el movimiento de los astros entre los signos del Zodíaco. El aparato, que conserva tres cuartos de sus piezas originales, fue concebido a partir de la hipótesis de que la Tierra es el centro del universo. Importante advertencia: el célebre reloj fue desmontado el pasado 8 de enero para su restauración y no se podrá ver durante el primer semestre del 2018.

Reloj astronómico de Praga. Foto: AFP
Reloj astronómico de Praga. Foto: AFP

Puente de Carlos.

Sin duda, el plan allí es caminar sus 516 metros y 10 de ancho lentamente una y otra y otra vez. Recorrerlo es tan placentero como interesante. En ese breve recorrido que une a la Ciudad Vieja con la Ciudad Pequeña se siente buena parte de la vida y magia de Praga. Artistas, pintores, músicos, teatreros, cantantes y viajeros se mezclan en una sinfonía de colores y sensaciones. Es el puente más viejo, su construcción comenzó en 1357, con el visto bueno del rey Carlos IV, y fue finalizado a principios del siglo XV. Sus números: 16 arcos, tres torres, distribuidas entre sus dos cabeceras, y 30 estatuas situadas a los lados, la mayor parte de estilo barroco y hechas alrededor del 1700. Tome fotos, disfrute de la música, siéntese sin prisa a ver correr el río Moldava, compre un pequeño cuadro al óleo por 10 euros y grabe en su memoria esos techos rojizos tan icónicos de Praga.

Castillo

Es la mayor fortaleza medieval del mundo, así que, por su interés y tamaño, sugiero destinar un día completo a visitar sus patios, palacios, museo y jardines; mientras se conoce la historia de esta sede de reyes, emperadores y presidentes checos.

La visita comienza en la monumental catedral gótica de San Vito. Los afortunados viajeros de este año podrán apreciar allí las Joyas de la Corona de Bohemia, las más antiguas de Europa, como parte de la celebración del centenario de la creación de la nación independiente de Checoslovaquia, en 1918.

Y para sentirse protagonista de un cuento medieval, camine por el callejón del Oro y la Alquimia, donde otrora se reunieron alquimistas en busca de la fórmula para crear oro. Casitas pequeñas, callejones mágicos y pequeñas vidrieras dejan ver el interior de las habitaciones y el mobiliario de la época.

Castillo de Praga
Castillo de Praga

Noche.

En Praga, la noche no es para dormir. En la agenda no puede faltar una noche de teatro negro, ese tradicional espectáculo mudo, en un escenario negro con efectos de luz y sonoros (entradas desde 20 euros). Otra noche será destinada a conciertos en la calle, en las iglesias, en el castillo o en viejos palacios, con entradas muy económicas. Informes en www.czechandslovakcentury.com

Niño Jesús.

Tanto por solo conocerla como para orar y meditar, visite la iglesia de Santa María de la Victoria y San Antonio de Padua, en donde está la imagen de cera del Niño Jesús de Praga. Luego de atravesar el puente de Carlos estará en el barrio de Malá Stranameste y podrá caminar por calles llenas de tiendas de souvenirs y restaurantes hasta llegar a la calle Carmelita. La leyenda dice que la imagen perteneció a santa Teresa de Jesús y es considerada milagrosa, especialmente entre las embarazadas.

La ciudad nueva.

Su mayor atractivo es la Casa Danzante, diseñada por arquitectos de Frank Gehry y Vlado Milunic en 1997. Tiene semejanza con una pareja de bailarines conocida como Ginger and Fred. Llama la atención por su estilo deconstructivista, que se integra con el resto de las edificaciones antiguas de la zona.

Casa Danzante
Casa Danzante

Cervezas.

Los checos son los mayores consumidores de cerveza del mundo. El consumo anual per cápita es de 160 litros. Así que nada más gratificante que dedicar buenos minutos a probar las cervezas checas, que son tipo pílsener y pale lager. Tabernas, bares y restaurantes ofrecen sus propias creaciones y las embotelladas. Cualquiera es buena opción.

Compras.

Pequeños óleos que retratan las calles y las escenas más cotidianas de la ciudad se consiguen directamente con los artistas que se apuestan en las calles a vender sus obras. No deje de comprar una de las típicas las marionetas hechas a mano. Lo más recomendable es adquirirlas en las tiendas especializadas. Las figuras de viejitos son las más clásicas.            

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